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MUNDIARIO

La película Lo que el viento se llevó o como la sinrazón quiere imponer su censura

El acoso sufrido por la famosa película es un ejercicio de cinismo e intolerancia más que de ignorancia cultural.

La película Lo que el viento se llevó o como la sinrazón quiere imponer su censura
Fotograma de Lo que el viento se llevó. / Productora
Fotograma de Lo que el viento se llevó. / Productora

Fernando Cueto

Publicitario y consultor.

Vivimos en la época de la brevedad donde lo efímero es la nueva verdad y Twitter el muro donde se vierten las vergüenzas de una especie empeñada en destruir los valores que cientos, miles de grandes hombres han sembrado en la sociedad a lo largo de la historia, haciéndola madurar, crecer hasta el utópico triunfo del intelecto frente a la barbarie; del cerebro frente al hígado. Y, sin embargo, cada día son más la legión de  sembradores de odio que inoculan un rencor tan pueril como efectivo. Una pena. Le hemos conferido autoridad moral a quienes en nada la merecen pero gozan de ocasionales rasgos de ingenio y audacia para plasmar el mal en unos cuantos caracteres. Lo consiguen precisamente porque la gran mayoría silenciamos nuestra opinión, no queremos ser señalados por los apóstoles de la nueva verdad. Esto nos ofrece casi cada día la oportunidad de asistir a aberrantes espectáculos de todo tipo donde personas de dudosos escrúpulos crean tendencias dentro de la corrección política, una suerte de censura política y social de todo lo que les molesta.

El último caso ha sido la campaña contra la película “Lo que el viento se llevó”, acusada de racista y de perpetuar los estereotipos que ahondan en la discriminación racial. Tanto es así que la plataforma HBO decidió retirarla de su oferta. Pero no ha sido el único caso. Periódicamente surge alguna iniciativa que busca objetivos a los que destruir y lo hace en cualquier campo que se le ponga a tiro, igual da cine que televisión, literatura o arte.

Como dice la canción: no hay en esta vida mayor pecado que el de no seguir al abanderado.

Hace unos años se modificó en Francia el cartel de la famosa película “Mi tío”, de Jacques Tati, haciendo desaparecer su característica pipa. En 2011 la productora del musical “Hair, Love & Rock Musical” fue apercibida de sanción por la Agencia de Salud Pública local. ¿El motivo? Que los actores fumaban en el escenario. Más recientemente se ha acusado a Tolkien de machista y supremacista por su saga de “El Señor de los Anillos”. Suma y sigue. La estupidez humana no conoce límites y no quiero ni pensar lo que ocurrirá con Navokob, Lord Byron o Dante, por poner un ejemplo, cuando los cretinos descubran sus obras; con el “Gernika" o “Las señoritas de Avignon” cuando se enteren de que su querido Picasso era un misógino de cuidado y algo maltratador; cuando se topen con las películas de John Wayne o “Historia de O”. Abolición, desaparición y quema en la hoguera pública de la (des)vergüenza, cuanto menos. Esto no es nuevo, el dictador Stalin hizo desaparecer de la misma foto a todos los que habían sido rivales en la lucha por el poder. Trotsky, Zinoviev, Kamenev, Bujarin… Todos fueron eliminados para dejar al líder único, al gran guardián de la ortodoxia revolucionaria, solo frente a la historia.

Asistimos al teatro del absurdo con la complacencia de la inacción y así nos va. Como dice la canción: no hay en esta vida mayor pecado que el de no seguir al abanderado. El mundo que le estamos dejando a nuestros hijos y nietos no es por ello más justo, sino menos racional, más idiota. La única esperanza es que HBO ha tenido que dar marcha atrás y recuperar la famosa película ambientada en la guerra de secesión americana, eso sí, con un discurso explicativo a cargo de una figura ejemplar afroamericana. Menos idiotas, pero idiotas al fin y al cabo. @mundiario