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Habitación 300: Lo que venga, que siga su camino y deje su luminosa estela

Una nueva vida, hoy, nacida ayer, con el corazón loco, con todo controlado. Paz y tranquilidad quiero, algo de sordera, y espacio para mis emociones. Estoy preparada. / Relato literario

Habitación 300: Lo que venga, que siga su camino y deje su luminosa estela
Mano de una novia. / Pixabay
Mano de una novia. / Pixabay

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Paula Cascallar

Paula Cascallar

La autora, PAULA CASCALLAR, se define como escritora ambulante y publica sus relatos literarios en MUNDIARIO, donde mantiene la sección Habitación 300 y colabora en Humor. @mundiario

Vivo en un mundo de fantasía. No sé hasta qué punto de la miseria me engañé a mí misma, pero nunca estuve enamorada. Del rechazo de mi entorno, emergió ilusión de mi corazón. Como no podría ser feliz por mí misma, ideé un amante y una historia. Pero, después de haber sufrido el desamor, tocado fondo por el despecho, y después de llegar a la angustia en mi desesperación, creo que este delirium tremens del amor, que pretendía salvarme, ha revertido en una triste realidad que hoy me ha hecho feliz: soy virgen.

Sin embargo, desconozco los límites de mi padecimiento: ¿cuál es mi noción de la belleza si la auto exigencia me separa de cualquier hombre y me distingue de las otras mujeres, mientras yo no me acepto? ¿Por qué nadie, en la vida real, me valió para salir adelante? De hecho, ante la realidad presente, me creo una coraza de cultura que no consiente lo carnal y ordinario, de modo que protejo tanto mi virginidad como la pureza de mi mente.

Amanecí con dolor, luego manché: sospeché una agresión, así que me miré en el espejo, y entre los muslos allí estaba mi vagina incorrupta, con tres ínfimos agujeritos en el umbral de la penetración.

Me siento feliz y liviana, aunque podría ser por la tensión baja. Tengo un mareo crónico junto al pánico, que por momentos y pensamientos me hace evaporar la cabeza. Pero quiero centrarme en esta creencia: mi mundo interior desbordó, mi júbilo pidió ayuda, fui tan orgullosa que inventé un mundo para mí.

Así que, ahora que los trances cesan, porque me estoy haciendo fuerte, me llega el momento de no renunciar a mí misma sino cambiar las circunstancias, puesto que, si pude luchar contra los dragones, conseguiré un empleo y el bienestar soñado.

Tristemente, el dinero está muy presente en mi mal, ya que la pobreza me hace someterme a los demás. Al menos, he aprendido que el matrimonio no te da un lugar en la sociedad y que el amor es otro interés del capital, lo cual me ha supuesto muchas lágrimas.

Sin embargo, no se me ha caído el mito del príncipe azul, lo oigo cabalgar al final del túnel. Espero que el día del colapso me traiga flores al hospital, y que su beso me devuelva el ritmo cardíaco que merezco.

¡Podré llegar virgen al matrimonio! ¡Es mi decisión! ¡O todo o nada! Y es que idealicé el sexo, creía que era diversión, y es una necesidad tan básica para el hombre que le hace arrastrarse, romper, escupir, reír y hasta matar o perder la vida en sus derroteros.

Lo he superado todo, la vida empieza cada día, y no quiero verle la cara a quien no lo comparta.

Una nueva vida, hoy, nacida ayer, con el corazón loco, con todo controlado. Paz y tranquilidad quiero, algo de sordera, y espacio para mis emociones. Estoy preparada. @mundiario