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MUNDIARIO

Unamuno, escritor, filósofo, pensador, vasco y profundamente español

Muchos jóvenes le conocerán a través de la película Mientras dure la guerra.

Unamuno, escritor, filósofo, pensador, vasco y profundamente español
Una imagen de Unamuno en el tráiler de la película Mientras dure la guerra. / YouTube
Una imagen de Unamuno en el tráiler de la película Mientras dure la guerra. / YouTube

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Alfonso García

Alfonso García

El autor, ALFONSO GARCÍA, es columnista en MUNDIARIO y también escribe en El Correo Gallego. Es notario jubilado desde 2012 y autor de diez monografías sobre temas diversos. En 2017 publicó "Entre el odio y la venganza. El Comité Internacional de Cruz Roja en la guerra civil española” y ahora ultima “Algunos abuelos de la democracia”. @mundiario

La película de Amenábar Mientras dure la  guerra ha servido para popularizar  la figura de Miguel de Unamuno, escritor, filósofo, vasco y profundamente español.

Lo que más me ha conmovido de ella es el reflejo de las dos “españas” enfrentadas,  con la lección de  los dos amigos que, pese a sus diferencias ideológicas, nos enseñan que pueden seguir siéndolo. La imagen del profesor y su antiguo alumno, sentados, de espaldas, gesticulando y discutiendo, en la cima del cerro próximo a Salamanca hasta el que  Don Miguel solía pasear, me emocionó. Si ellos pudieron hacerlo, ¿por qué no podemos hacerlo nosotros?

Por otra parte, me ha emocionado  la humildad del ser humano que admite sus errores, errores que le duelen como los errores de los españoles, hasta el punto de morir muy poco  después de los sucesos que se narran en la película. Admiro  al hombre que, tras ofender al amigo en una acalorada discusión, acude a pedirle perdón, aunque ya sea tarde, porque la “otra españa” le ha herido el corazón.

He tenido ocasión de leer muchos de los artículos que publicó en el diario madrileño El Sol y he podido comprobar su clarividencia y lo vigentes que siguen estando algunos de los problemas de España que él analizaba. En uno de ellos, 26 de septiembre de 1931, decía literalmente. “España es un pueblo descastado, ...., amnésico de las raíces latinas de su entraña y de la leche de loba de su lactancia.” Y añadía expresiones como “desromanización de España”, “falta de letras clásicas en el bachillerato”, “empapada (España) de la más chabacana frivolidad y el más ramplón utilitarismo”, “ausencia de sentido continuativo de nuestra historia”.

¿Qué pensaría casi cien años después?..., tal vez lo mismo, pero más; y volvería a repetir que “Cinco años de latín y griego darían a España sobriedad y honestidad de espíritu, es decir, civilización.” La carencia de estas dos disciplinas, unidas a la falta de estudios de filosofía y la previsible supresión de la disciplina de  historia no  pasando mucho tiempo –¿para qué sirve?, dicen muchos-, son imputables a la “ordinariez de la vida social hispánica”, afirmaba don Miguel.

En definitiva, formación es lo que hace falta, o escuela y despensa llena, según la frase, más completa, acuñada por Joaquín Costa, otro admirable español. @mundiario