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Miami, una ciudad para el escritor

Cuando George E. Merrick desarrolló el proyecto urbano de Coral Gables, jamás pensó que, años más adelante, aquella zona sería el barrio de las letras de Miami, algo que quizá hoy él lo disfrutaría más que nadie.

Miami, una ciudad para el escritor
Coral Gables, en Miami (Florida, EE UU). / YouTube
Coral Gables, en Miami (Florida, EE UU). / YouTube

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Pedro Medina León

Pedro Medina León

El autor, PEDRO MEDINA LEÓN, nació en Lima (Perú), en 1977, estudió Literatura (Florida International University) con una especialización en Sociología y en su país Derecho y Ciencias Políticas (Universidad de Lima). Es autor de los libros Streets de Miami, Mañana no te veré en Miami, Lado B y Varsovia, y es editor de las antologías Viaje One Way y Miami (Un)plugged. En 2017 se produjo el cortometraje The Spirit Was Gone, inspirado en los personajes de su novela Lado B. Además es creador y editor del portal cultural y sello editorial Suburbano Ediciones. Como gestor cultural fue co-creador de los programas #CuentoManía, Miami Film Machine, Pido la palabra y Escribe Aquí –galardonado con una beca Knight Arts Challenge por la Knight Foundation Center–. Impartió cursos de técnica narrativa en el Koubek Center de Miami Dade College. Es columnista de El Nuevo Herald y de MUNDIARIO. @mundiario

Las tres librerías más grandes e importantes de la ciudad de Miami se encuentran en el vecindario de Coral Gables, que además es el epicentro donde se desarollan la mayor cantidad de actividades literarias. A pesar de los prejuicios que la rodean, Miami es una ciudad con etiqueta de tierra prometida. Siempre ha sido así.

Los primeros inmigrantes llegaron hacia finales de la década de 1890, en trenes provenientes del interior del país, a un pueblo de pescadores conocido como Coconut Grove. Y su área contigua, el Coconut Grove Backcountry, no tardó en despertar la atención por sus bondades agrícolas. En uno de esos vagones llegó Solomon Merrick, con George E. Merrick (1886 – 1942), su hijo mayor de trece años. Los Merrick habían adquirido una parcela en el Backcountry que ellos acondicionarían para que el resto de la familia los alcanzara más adelante.

A George, lector voraz que desde ya tenía vocación de poeta y escritor, no le entusiasmaba la idea del viaje porque representaba un receso en sus estudios. Y así fue: por nueve años trabajó sus tierras y se ganó la vida en actividades como por ejemplo pavimentando lo que actualmente es la Coral Way a cambio de un dólar al día (tareas que realizaba con gusto pues estaba fascinado con los pobladores, los frutos y vegetales tropicales que nunca había visto ni probado). Así y todo su fibra de escritor y devoción por la lectura siempre fueron prioridad. A los veintiuno, sin haber cursado estudios secundarios, debido a su alto nivel cultural, fue aceptado en Rollins College, de Winter Park, Florida, y dos años más tarde en The Law School of New York. Los años de estudio se dedicó a la escritura y la lectura, y consiguió su primera publicación, el relato The Unattainable apareció en la revista “The Sandspur”, y con The Sponger’s Delilah ganó el concurso de cuento “New York Evening Telegram’s”. Pero una carta de su padre, a quien le quedaba poco tiempo de vida, lo trajo de regreso a Miami para hacerse cargo de la familia y los negocios agrícolas. Para entonces los Merrick eran ya una próspera familia que vivía en la zona de Coral Gables Plantation.

Gozando de bonanza y estabilidad económica, George se casó con Eunice Peacock en 1916 y empezó a valorar una idea que rondaba su cabeza hacía varios años: comprar acres en Coral Gables Plantation y desarrollar un proyecto urbano. El tema lo comentó con artistas de su entorno, que desde su refinada estética dibujaron modelos que más parecían obras de arte que viviendas. Y eso era precisamente lo que quería George. Sin embargo, no fue hasta 1920 en un viaje con Eunice a la Habana, que se deslumbró por las estructuras coloniales y confirmó su idea: unificaría la belleza artística y la arquitectura en un proyecto urbano al cual llamaría Coral Gables. Ese mismo año George logró otro de sus grandes sueños, The Four Seas Publishing Company le informó que publicaría su poemario Song of the Wind on a Southern Shore, donde compartió catálogo nada menos que con William Faulkner.

La inauguración de Coral Gables fue en 1921, con veintiseis lotes construídos que parecían pequeñas réplicas de castillos medievales en color terracota –desde ahí se fue moldeando el estilo Mediterranean Revival que no fue sino un término impuesto a la arquitectura italiana, francesa y española, adaptada al trópico gracias a las innovadoras ideas de George–. Fue tal el éxito de apertura que en seis días se vendieron trescientos lotes. El crecimiento de Coral Gables fue exponencial: en cuatro años se inscribió en los registros públicos, se consolidó como uno de los proyectos urbanos más importantes de Estados Unidos y el primer gran boom inmobiliario de Florida, en 1925, fue resultado de este fenómeno.

No todos los finales son felices y esa es una regla que castiga a cualquiera. En 1926 un huracán devastador paralizó el negocio de los bienes raíces y la economía de Merrick sufrió reveses que naufragaron en el alcohol y casi le cuestan el matrimonio, hasta que The Great Depression trajo el colapso final incluyendo la expulsión del Comité directivo de su propio proyecto. Cansados de intentar salir adelante en vano, George y Eunice se mudaron a Matecumbe Key, quebrados, donde él se refugió en las letras. Desde entonces George E. Merrick desapareció de la escena de Coral Gables y su regreso fue en 1940, un par de años antes de morir, como empleado de la oficina de correos. @mundiario