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MUNDIARIO

Habitación 300: Los tímidos comienzos en los mundos de la pasión tardía

Nos reencontramos en segundo de Bachillerato. Yo había cambiado mucho, escondía mi léxico en un gran pudor. / Relato literario
Habitación 300: Los tímidos comienzos en los mundos de la pasión tardía
El primer amor es la primera lección de la vida.
El primer amor es la primera lección de la vida.

Yo era muy popular, era muy querida. Corría el año 1992, creo que ese era el año, quedemos en que, a mis seis años, estaba en segundo curso de la escuela. Fue el año en que aprendí a restar la primera, ya que el premio a hacerlo bien era salir al patio… Pero jamás olvidaré que me pasé media hora sola por hacer las cosas bien.

Estaba Dani el Malo, que me amenazaba con su compás para que le hiciese los deberes; hubo un día en que entró Catalina a hacer un recado. “¡Paula, aquí está Catalina!”─ me dijeron todos, y entonces exclamé: ¡Catalina!

Aquel año descubrimos el sistema solar, descubrí el fenómeno de la depresión por la tutora… Y fue la vez en que recibí un castigo muy, muy injusto: como yo era de risa fácil, contagiaba a todos, y mi madre no tuvo miramientos: mano dura. Fui castigada en un pupitre rayado y desatornillado, arrimado al encerado, y tenía que montarlo cada día. Una vez, no pude hacer el ejercicio porque mis libros estaban en el mueble, ya que la profe le dijo al delegado que nadie se levantase (tendría un doble castigo).

Pero Daniel Clavel (así le llamaré) reflejaba el respeto y la admiración de todos. Le ilusionaba acercarse a mí, estaba muy enamorado. Yo no lo supe hasta que una mañana, en la parada de autobús, antes de entrar a clase, me trajo un lindo ramo, un clavel, ¡con toda su ternura!

Pero yo no supe qué hacer: ¿quería ser mi novio? No pensé que Daniel fuese mi príncipe azul, sentí un bloqueo de vergüenza. Entonces, Paula la Mala (que no dejó de aparecer en mis problemas durante toda la Primaria) me preguntó si iba ya a tener un novio, a viva voz; aquella situación me hizo sentir pena. Le di mi clavel y lo tiró a un charco, Daniel desapareció…

Nos reencontramos en segundo de Bachillerato. Yo había cambiado mucho, escondía mi léxico en un gran pudor. Me pidió clases de inglés, me acompañó en los marginales recreos (se había hecho voluntario de la Cruz Roja). Fue muy compasivo conmigo.

Aunque hacía cosas raras, como emular sonidos de pájaros ─le salía un cuervo─ mientras jugábamos solos al bádminton en la clase de gimnasia, llevaba estampas de las vírgenes a los exámenes, y lo sorprendía gesticulando cuando me daba la vuelta. Pero él me cuidó.

Daniel Clavel presumía de sus chicos del norte, de su homosexualidad, traía fotos y se las enseñaba a Mada (la chica que se separó de mí cuando renuncié a estudiar Medicina).

Casi todos son hoy enfermeros, Dani, Cata y Mada. Yo seguí otros derroteros, no sé si inesperados o predecibles por mi inocenica, esa falta de pillería.

Pero él podría haber intimado conmigo, yo podría no haberle marcado… Me pareció que era gay por mi culpa, yo al menos siempre recordaré mi descaro… @mundiario