En un sueño que no quiere pastillas

Charlotte Brönte, escritora.
Charlotte Brönte, escritora.
Mis padres no me dejaron llevarme el ejemplar que escogí de su biblioteca, de modo que ni siquiera le he robado un libro. / Relato 
En un sueño que no quiere pastillas

Hace algo más de un lustro fui al psiquiatra por última vez. Recuerdo que asomaron lágrimas en su sonrisa, quizá como disculpa a su impunidad, pero el caso es que sigo estando loca. También soltó uno de sus chistes: le preguntó a mis padres por qué no tengo vida propia, cuando sabe que ello es lo que le da de comer. Pero sustituyó el inicial "¿qué tal con tus padres?" por un "¿qué tal con tu hermana?", lo cual entiendo ahora (es adivino), ahora que soy consciente del funcionamiento sexual que tienen los comportamientos; y no solo eso, sino que he asociado el sonambulismo a la atroz convivencia, de modo que estoy afrontando una dura fase de insomnio, tengo miedo de dormir, de lo que me hayan estado haciendo toda la vida...

Por eso no quiero verle, porque sé que se divierte, y que me entiende perfectamente. Una vez me dijo que también le gusta el pensamiento oriental, sin aventurarse a recomendarme un título. Mis padres no me dejaron llevarme el ejemplar que escogí de su biblioteca, de modo que ni siquiera le he robado un libro.

Permanezco sumida en el reducido hogar de mis suplicios, acompañada de mi imaginación, la cual tanto me inspira, pero la familia sigue deleitándose con mi dulzura mientras yo vomito bilis. Siento una literal náusea vital por el acoso de las paredes, ahora que cerró el bar, y que cesó mi revolución sexual, la cual, malogradamente, ahora me lleva a percibir la lívido de las personas.

Seguro que, cuando vuelva, volverá a preguntarme por mi hermana, la principal beneficiaria de mi enfermedad, la que más me explota, la que más se entromete...

Está robando mis sueños, bombardeando mi pasado, comiéndose mis postres... No tengo más alternativa que acudir a ella, quien me trata como una gestión. Sé que toda confidencia será su bandera, que mi razón será siempre desestimada.

No niego que sigo experimentando fenómenos, pero quiero exigir que se reconozca mi maravilla, puesto que la realidad me aburre tanto que creo nuevos mundos. ¿Y si tuviese vida propia? ¿No podría ir empezando a sonreír, sobre un pasado desalentador que no me dejaba ver? @mundiario


  
   

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