Somos europeos, con Begoña Quesada

Begoña Quesada. / © Fotografía: Rafa Magaña
Begoña Quesada. / © Rafa Magaña

La escritora y periodista asturiana presenta el próximo 15 de diciembre la novela Nacidos después de muertos, en Alemania, donde vive "un pop-up” tridimensional, con sus hijos y su marido español.

Somos europeos, con Begoña Quesada

Ha escrito una novela sobre Elizabeth Nietzsche, Hitler y el antisemitismo (Nacidos después de muertos, Rasmia), que se presenta el próximo 15 de diciembre en el Instituto Cervantes de Munich. Antes, Alemania, el país imprescindible (Nobel, 2016). Tras años de prácticas y corresponsalías alrededor del mundo, Begoña Quesada hoy está "en el lugar en el que soy". Cabeza de pájaro leve. Que canta, que escucha. Escritora y periodista asturiana “crecida” en la agencia Reuters. Le brotan hoyuelos en la cara cuando sonríe. Admite que la falta de fidelidad entre medios y periodistas les da mayor libertad que nunca. Hoy vive en Alemania, "un pop-up” tridimensional, con sus hijos y su marido español.

- ¿Tus hijos?

- Somos europeos. Mi marido y yo somos españoles. Mis hijos crecen entre el alemán y el español. Yo creo que no son alemanes, pero también te digo que no son cien por cien españoles hoy por hoy. Son ciudadanos europeos. Están muy orgullosos de ser asturianos (mi marido y yo somos asturianos), muy orgullosos de ser españoles, muy orgullosos de ser madrileños (cuando están en Madrid con sus primos), muy orgullosos de ser alemanes, muy orgullosos de ser europeos. 

- ¿Eres europeísta?

- ¿Se puede ser de otra forma? No me cabe en la cabeza. Yo entiendo que puede ser que me hayan educado así, entiendo que es una opinión y una posición, y que puede haber otras, pero así es como yo entiendo el mundo. 

Yo tuve una educación muy normal, mis padres tenían una ferretería. A lo mejor estar detrás de un mostrador de ferretería es lo que me hizo europea. En la ferretería de mi padre, detrás del mostrador, aprendí muchas cosas de la vida. Yo me fui de Pola de Lena, cuando empecé la carrera, a Madrid. Vivía en un colegio mayor, femenino, con mujeres de toda España. Nos juntamos cuando todavía no éramos “algo”. ¿Sabes aquello de “y tú qué eres”? Nosotras estábamos “por cuajar” y éramos todas iguales. Luego me fui a los Estados Unidos. 

Tampoco pienso que sea nada tan novedoso. Ni siquiera es un pensamiento actual creer en Europa y pensar en una Europa unida. Los principales problemas que tenemos no se atajan por separado. El cambio climático, las inundaciones, las cenizas del volcán de La Palma ¿se van a parar en los Pirineos?

Begoña Quesada. / © Fotografía: Rafa Magaña

Begoña Quesada. / © Rafa Magaña

- ¿Preguntarse por Alemania es preguntarse por Europa? 

Exactamente. Por eso el libro se llamaba así: Alemania, el país imprescindible

- ¿Cuál es el equivalente en Alemania del sol de España o la tortilla de patata?

Los bosques, las bicicletas. No les toques las bicicletas.

- ¿Qué es allí calidad de vida?

Que los niños de primaria salgan a jugar a la calle solos, vayan solos al cole. Pasar por un colegio y ver un enjambre de bicicletas y monopatines en la entrada ¿eso no es calidad de vida? ¿cuántas cosas quiere decir eso? Movilidad, naturaleza, deporte, seguridad.

- ¿El lugar más bello de Alemania?

Es una isla. Una isla a la que puedes llegar en carro de caballos. Es maravilloso. Hay un puerto pequeñito al Norte de Alemania, cerca de Hamburgo, que se llama Cuxhaven y enfrente está la isla de Neuwerk. Desde Cuxhaven a Neuwerk puedes ir en barca, pero en marea baja puedes ir a caballo, en un carro tirado por caballos, que no en coche. Quien tenga caballo supongo que a caballo. El terreno de la isla es muy pequeño, hay un par de hotelitos y un faro, no más. Van muchos ornitólogos. Entonces tú vas con tu carro de caballos, cloc, cloc, cloc… cruzando por en medio de la arena mojada, que resplandece, y luego sube la marea y, de repente, pasa un transbordador. ¿No es eso como varias islas en una? Es maravilloso cómo cambia el paisaje... es como viajar sin moverte. Tengo piedras, plumas, ramitas que me traje de ese sitio más allá de los recuerdos. La belleza tiene que ser interesante. Una isla que cambia, que te descubre cosas, cosas que tú no sabías que eran posibles: ¡yo no sabía que se podía llegar a una isla en carro de caballos, por definición! La belleza es eso.

La isla de Neuwerk rodeada por el Elba-Weser-Watt durante la marea baja. Ralf Roletschek

La isla de Neuwerk rodeada por el Elba-Weser-Watt durante la marea baja. /  © Ralf Roletschek / roletschek.at

 

- Desde el Archivo Nietzsche en Weimar se ven los campos de exterminio. ¿Qué se ve desde tu ventana?

- La ventana de Elizabeth Nietzsche, donde se fraguó gran parte de ese libro, es la de una Biblioteca nueva a las afueras de Múnich: en el rincón que me busqué, en la última planta, en la parte más apartada de la biblioteca, se ven los Alpes y árboles. Lo que Wagner ve cuando va con Nietzsche en el carruaje en Bayreuth es lo que yo estaba viendo por la ventana. Había unos árboles tan bonitos delante de mí que dije "estos van al libro". Aunque al haberlo bordado puntada a puntada, podría decirte esto casi de cualquier escena. 

e. 

- ¿Dónde está la verdad de Nietzsche?

- ¿Cuál es la verdad de este libro? Por una parte, hacernos más atentos de que las grandes catástrofes sociales no ocurren de repente. Y, antes de que te des cuenta, el monstruo está aquí. Si quieres, también busco despertar la empatía hacia el otro. Elizabeth es un personaje con un lado manipulador, vengativo, malvado. A lo mejor no compartes lo que hace, pero puedes entender cómo llega ahí. Y luego hay una línea más fina de lo que quiero transmitir, algo que pasa en aquella época: el hecho de que no se confunda la moral profesional con la ética del momento. Lo que tienes que hacer en tu profesión no puede ser "lo que se lleva ahora" porque si no harías cosas que nunca te imaginaste hacer. Cuando me preguntan si es una novela histórica, no me importa que la califiquen así, pero yo no la veo así. Yo la veo como actual, con trascendencia para el día de hoy. Ahí sale mi lado de periodista. Tirando del hilo de los nazis, el superhombre, la raza aria… hay que entender por qué. ¿Por qué surge aquí y en ese momento? ¿y Nietzsche, qué? ¿qué papel tuvieron su hermana o su filosofía?

- ¿Tu adicción?

Soy una enamorada del café. 

- ¿Y por qué tu libro sobre Nietzsche no es una biografía? En tu novela las cadenas de mentiras de Elizabeth van construyendo una gran verdad: su fuerte carácter.

- No puedes inventar al personaje si no sabes qué pastel comía. Me plantees lo que me plantees escribir, por aquello de crear personajes tridimensionales, tiene que estar bien documentado. Nada me costaría más que tener un error de documentación. Mi pasado como periodista me marca mucho a la hora de documentarme y escribir. Hay una pequeña redactora de Reuters en mí. No me gusta usar adjetivos. Los uso, pero deben ser útiles. Me educaron en la redacción de la Escuela Reuters, y se nota en cómo escribo y cómo me corrijo. 

Me preocupa la verdad… como “telón de fondo” de muchas de las cosas que me ocupan. Yo no me dedico a la verdad, pero soy una gran consumidora de medios de información, y ahí estamos todo el día chocando con la verdad: qué es verdad, qué no es verdad, falta un trozo de la verdad, por qué este tipo de verdad. En los personajes a los que me acerco también me preocupa el tema de la verdad. A lo mejor sin querer y sin ser consciente de ello, no lo persigo, pero sí que puede que esté como telón de fondo porque intuyo que es uno de los grandes cismas, una de las grandes grietas de nuestra sociedad actual, un posible punto de fractura. Esa división de mundos en los que tú tienes tu verdad, yo tengo la mía, el otro tiene la suya y, entonces, bueno, pues la convivencia se hace más difícil. Las personas se caen por las grietas de la no-verdad. Esos conceptos como la post-verdad… ¿Qué es la post-verdad sino una mentira que deja de ser verdad? Entonces todo este debate es porque intuyo –y tú has sido capaz de poner el dedo en la llaga – que sí, que ese es el telón de fondo de lo que me preocupaba: el debate de la verdad. 

Escribir sobre Elisabeth Nietzsche

Para escribir sobre Elisabeth Nietzsche, en una novela por la que pasan Richard y Cosima Wagner, Hitler, Lou Andrea Salomé o Salvador de Madariaga, Begoña estudió numerosas biografías, los lugares reales y archivos visuales de la época y leyó, con ayuda de sus ancianos vecinos, antiguos libros alemanes en letra gótica del siglo XIX. "No dejé fuera del libro nada que me resultase importante. Lo que Stephen King llama “kill your darlings” me obligó a priorizar, a editar en aras de la agilidad y brevedad. Pero trabajé con total libertad en cuanto a los contenidos y hay una estupenda labor de edición de Pedro Moreno de Rasmia. La fuente que más me impresionó fue una primera edición de Nieztsche in seinen Werken de 1894, un libro de Lou Andrea Salomé. Para mi fue tierno tener este libro en las manos, porque siendo una primera edición –si no este ejemplar– sin duda estuvo en manos de Lou Salomé. Ella era una mente enamorada de otra mente, la mente de Nietzsche, y para mi resultó un libro que estaba vivo aún, que latía, cuando lo tenía entre las manos. Nada hay remarcable sobre la tumba de Elizabeth. Es como los silencios que son más pesados que las palabras. Lo remarcable de la tumba de Elizabeth Nietzsche no es la tumba en si, sino dónde está. Y es el hecho de que Elizabeth hizo mover la tumba de su hermano, que murió 30 años antes que ella, para ocupar ella el lugar de esa tumba a lado de sus padres".Elisabeth Nietzsche.Elisabeth Nietzsche. / Mundiario

 

- Tu compromiso ético con la verdad es muy fuerte ¿es innato o algún acontecimiento de tu vida lo disparó?

- La verdad, la verdad,... sí, yo siento un gran compromiso con la verdad. No estoy segura de que ahora mismo el centro de atención del periodismo esté en la verdad. El periodismo tal y como yo lo entiendo, sí; la escuela clásica del periodismo, el periodismo que yo estudié y la razón por la que yo me hice periodista sí está comprometido con la verdad. Y además yo soy de los que creo que sí hay una verdad. Quizás no puedes aspirar al cien por cien de objetividad, pero debes aspirar a intentar acercarte lo máximo posible. Y si no estamos de acuerdo en que existen hechos, en que existe una verdad, pues es que entonces no vamos a poder hablar, no vamos a poder convivir, no vamos a poder discutir. La verdad existe, como existe la mentira. De eso estoy convencida. Y, si por eso me hice periodista o me convencí de eso haciéndome periodista, no lo sé, pero sí que creo que es así.  

- Elizabeth es una antiheroína. Tú la has cuidado, la tratas con sumo amor.

A Elizabeth se la ha tratado siempre un poco como a las mariposas que están sujetas con alfileres, con un interés de insecto bello y curioso, pero no con un intento de aproximación a la persona. No puedo decir que me inspire un sentimiento maternal, pero sí de compasión.

- El tuyo es un libro menos hecho de párrafos que de frases…

Necesitamos escribir libros ágiles, porque la competencia en atención, ahora mismo, es muy intensa. Y viene de competidores que demandan un margen de atención muy corto. Las personas estamos acostumbradas a tener márgenes de atención muy cortos y, por lo tanto, a la hora de leer es más fácil entrar si lo das en frases, en párrafos, en capítulos muy cortos. Por otra parte, creo que cuando lees un libro lo más importante tiene que ocurrir en la cabeza del lector, no en lo que tú escribas. Y eso hará que el lector haga el libro suyo: crea la escena, rellena todo aquello que tú dejes sin rellenar, lo encaja en su mentalidad. A mí me gusta darle las piezas mínimas, de forma que el resto de las piezas las ponga él o ella y así la historia sea suya. Yo le doy el esqueleto, pero él pone la carne, él pone la piel y, al final, el cuerpo es de los dos. Es lo mejor porque se produce la comunión entre escritor y lector. A mí eso me parece el sitio donde quiero estar. Yo no escribo para mí, escribo para ser leída.

 

- ¿Cómo pasaste del periodismo a querer escribir novelas?

Es una forma espontánea y es también la forma del periodismo actual, al no existir ya esa fidelidad entre el periodista y el medio que existía antes, la fidelidad mutua del principio de mi carrera. Es verdad que eso tiene otra serie de inconvenientes, muchísimos, pero también alguna ventaja. Preferí centrarme en los espacios que quedaban al sol. Y entre los espacios que quedan al sol es que tienes muchísima más libertad para hacer lo que quieras, para desarrollarte como quieras y para definir tu propia carrera. Y por qué no, teniendo muy claro la separación y los puntos de apoyo entre ficción y periodismo, porque ficción y periodismo se apoyan mutuamente, me pareció una aventura extraordinaria. Con ese "complejo creador" mío, de intentar inseminar imágenes y pequeños mundos en la cabeza del lector.

- ¿Qué libro de un escritor alemán estás leyendo ahora?

Byung-Chul Han, The Transparency Society. Es mi libro de cabecera. Lo he leído varias veces. De cómo tenemos idealizada la transparencia y es una tiranía. 

- No hay ahora en España muchos escritores germanófilos.

Yo creo que –generalizando, porque si no, no podríamos hablar– en la época reciente ha sido una relación de desconocimiento. Todo estaba unificado en una especie de bloque gris. Yo creo que es mutuo, pero pienso que el desconocimiento es mayor de España a Alemania. Ese desconocimiento está muy marcado por la historia reciente, ese muro, y por la cultura que hemos consumido en la última época, definida por los Estados Unidos, que te da una idea y solo una idea de Alemania.

- Pero el gran lugar del libro es Frankfurt... Nuestra literatura viene siendo tratada muy bien ahí, aunque quizás nosotros no tenemos capacidad de devolución de esa misma hospitalidad hacia los alemanes. No se ha construido esa abundancia.

Así es. El tejido del que se nutre Frankfurt es mucho más espeso del que te encuentras en España. La red de librerías, de bibliotecas, de editoriales, de lectura en sí que hay en Alemania, hoy por hoy, desgraciadamente en España no la tenemos. Habría que hablar con los expertos. Pero si te nutres hacia arriba, desde las raíces y sus nutrientes... el árbol debería ser mucho más espeso. 

- Tu libro es un gesto de generosidad de un escritor español hacia Alemania absolutamente inusual. 

- Gracias. Nietzsche suscita mucho interés en Alemania y su devenir natural es que sea traducida al alemán. Yo llego a Alemania hace 10 años, como adulta y sin un conocimiento profundo. Fue una gran desventaja, y quizás una locura, pero te da la ventaja de mirar con ojos frescos y una cabeza amueblada. La ventaja de ese desconocimiento es poder asombrarte. Yo quería y quiero usar la ventaja del asombro, esa magia de los primeros momentos, que decía Hesse. Yo descubro Alemania como esos libros que abres y tienen volumen. Los pop-up. Yo me esperaba una Alemania así, plana, y cuando abro es todo mucho más complejo, más rico de lo que yo esperaba. Hay muchas cosas que no me gustan, y de hecho las he incluido en mi libro sobre Alemania. Pero no sabía que era todo tan profundo.

A mí me gustaría cuidar a Alemania. A mí me parece que lo que le pase a Alemania marca lo que le pasa al resto de Europa. Antes o después.

- Si te nombro a los grandes escritores, ¿entre Christa Wolf y Goethe? 

- Christa Wolf.

- ¿Entre Böhl y Thomas Mann? 

- Thomas Mann.

- Entre Brecht y Kafka... 

- Qué difícil me lo estás poniendo. No se puede elegir.

- ¿Me puedes definir a Angela Merkel? 

Es una gran líder europea. Es más que una canciller alemana. Es una forma de liderar. 

- ¿Y Boris Johnson? 

Un mal periodista y un buen comercial. Porque sabe comprar y vender. 

- ¿Pero escribe buenos titulares? 

- Da titulares de los que reciben clics.

- ¿A qué político español te llevarías al campo de exterminio de Buchenwald? 

- A todos. ¿Quién se sabe ya esa lección?

- ¿Y a qué político meterías en un búnker? 

- Prefiero no decírtelo.

- ¿Para qué?

En tu elección está la respuesta. A todos. Para que hablen entre ellos. 

- ¿A quién llevarías al jardín inglés de Munich

A Ángel Gabilondo, a un político que sea un filósofo.

- ¿Qué te gustaría cuidar de Alemania? 

- ¿Cuidar? ¿cuidar? A mí me gustaría cuidar a Alemania. A mí me parece que lo que le pase a Alemania marca lo que le pasa al resto de Europa. Antes o después. Es así porque está en el centro de Europa. Todos los países son importantes, especialmente para las personas que viven en ellos, pero es que esto está en el corazón de Europa y no hay más que coger el coche y atravesar Alemania para ver el continuo tráfico de camiones, el continuo cambio de matrículas, entre el este oeste, el norte, el sur…

- Y de la utopía fracasada de la Nueva Germania de tu novela ¿qué rescatarías?  

De esa Nueva Germania rescataría la capacidad de acción. Esas personas estaban muy equivocadas, pero querían hacer. Frente al servilismo, la pasividad o la aceptación. @mundiario

Somos europeos, con Begoña Quesada
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