Sánchez Robles: “Siempre quise escribir uno de esos libros que vencen a la muerte”

Miguel Sánchez Robles, Catedrático de Historia.
Miguel Sánchez Robles, Catedrático de Historia.
Hoy entrevisto al Catedrático de Historia Miguel Sánchez Robles, uno de los autores más galardonados de nuestro país, si no directamente el más premiado de todos. 
 
Sánchez Robles: “Siempre quise escribir uno de esos libros que vencen a la muerte”
Hoy entrevisto al Catedrático de Historia, Miguel Sánchez Robles, uno de los autores más galardonados de nuestro país, si no directamente el más premiado de todos. Ganador, entre otros, de los premios Torrente Ballester, Camilo José Cela, Fray Luis de León, Javier Tomeo y el Ciudad de Córdoba en la modalidad de prosa y del Claudio Rodríguez, Miguel Hernández, José Zorrilla, Vicente Aleixandre, Ciudad de Irún, Blas de Otero y Gabriel Celaya, entre otros, en la modalidad de poesía. 

- En su libro Algo pasa en el mundo se habla de que hay dos tragedias: Una es no conseguir lo que deseas y la otra es: conseguirlo. ¿Ha conseguido Miguel Sánchez Robles alcanzar lo que desea?

- Ni siquiera tengo claro qué es lo que tenía que alcanzar o conseguir en el sentido en el que Óscar Wilde dijo eso de las dos tragedias. Pero la tragedia del éxito debe de parecerse mucho a la melancolía de Sísifo y a una fotografía de Faye Dunaway en la que ella está sentada cerca de una piscina, repantigada en una silla blanca, con el suelo lleno de periódicos del día, la estatuilla de un Óscar encima de una mesa de cristal, la bandeja de un desayuno insípido y una expresión en su rostro de verdadero hastío que no puede ocultar. Búscala. Sale en Google. Es preciosa esa imagen que trata de decirnos que el éxito también hace su estrago, su herida existencial y su tragedia. Alguien dijo que triunfar no te enseña nada y sólo lleva a repetirte. Esa necesidad de éxito y de vender muchos libros está matando a la auténtica Literatura. Estoy de acuerdo con Noé Jitrik en que “en la actualidad la Literatura no estremece nada porque el mercado le quitó la sangre”. Y también con estas palabras de Orwell: “Triunfar no es importante, lo importante es saber mantenerse humano”.

- Wikipedia dice que no ha obtenido usted todavía el reconocimiento que debería. Algo así como que es usted un autor con poca proyección a pesar de su impecable trayectoria. ¿Disfruta del prestigio de su obra (avalada por tantos premios) o hubiese preferido la fama mediática?

- Lo del reconocimiento que debería haber tenido mi obra lo dijo la revista literaria “DEBEDEHABER” y pone como razones el estilo original, el alto grado poético y la crudeza de mis textos. Creo que esas tres señas de identidad de mi literatura, que yo considero virtudes, no han ayudado a que mi obra sea más leída. Pero ahora, a estas alturas de mi vida, me reafirma haber escrito lo que de verdad me ha apetecido escribir, haber mantenido un estilo y una voz y haber conseguido publicarlo todo a través de relevantes y “limpios” premios literarios ajenos a los circuitos e intereses comerciales.

No sé si me hubiese gustado esa fama mediática a la que te refieres porque no la he conocido. Me imagino que sí porque es muy deseada y adictiva, pero sospecho que para conseguirla y mantenerla hubiera tenido que dejarme jirones enganchados en las alambradas que hay siempre que cruzar para llegar hasta allí. En cierto sentido contender con el “mercado editorial” es como si compitieras con una rapaz hambrienta. Pero hay algo que me apena y me produce rabia y congoja a la vez, y es el hecho de que algunas de mis novelas, “Algo pasa en el mundo” o “Nunca la vida es nuestra”, por ejemplo, son obras esenciales que habrían generado muchos más lectores entusiasmados con ellas de haber tenido la atención editorial y mediática que se merecen. De todas formas conservo la esperanza de que esas obras sigan vivas mucho tiempo.

- ¿Escribe usted como proceso de individualización y vitalismo o más bien para que otros sepan que está vivo?

- Hay muchas razones por la que escribir. Algunas son de índole espiritual y existencial, esas son las mejores. Escribir para que otros descubran que estás vivo o para sentirte vivo es también una opción legítima y humana. Pero la mayoría de los escritores no sabemos muy bien por qué lo hacemos. Incluso cabe la posibilidad de que inconscientemente escribamos para ser fundamentales ante Dios o ante la Muerte. Escribimos o leemos también porque la Literatura te cura cuando estás enfermo de tanta realidad irrespirable. Escribir o leer se parecen mucho a esos movimientos preciosos de arreglarse muy bien las plumas que tienen los pájaros. Es un arte. Una pasión. Un placer. Una felicidad que no se halla en otras dimensiones de la vida. Yo escribo por todo eso y sobre todo, y aunque prefiero los misterios a las explicaciones, escribo por buscar esa verdad que no se nos concede nunca. Sinceramente, ahora que lo pienso, yo siempre quise y aspiré a escribir uno de esos libros que vencen a la muerte. Hay muy pocos, pero existen. “Taras” de Cioran o “Pedro Páramo” de Rulfo.

- Con el libro Algo pasa en el mundo le otorgaron el Premio Torrente Ballester  y se editó a finales de 2020. ¿Se considera mejor prosista o mejor poeta?

- “Algo pasa en el mundo” es una novela muy lírica. Alguien me ha escrito diciéndome que es un extenso poema. Y creo que es verdad. Me considero más poeta que narrador y, cuando trato de contar algo, no puedo evitar desprenderme o alejarme de esa pulsión poética, de esa elección de las palabras más sustanciales y densas. Me interesan mucho más la conmoción y la enjundia que la peripecia y el relato. En esta obra hay ideas y sentimientos, una primera persona que da cuerpo a una voz poderosa y lúcida y sobre todo la crónica de una realidad trastornada a la que parecemos estar abocados sin remedio. Pero también es un libro lleno de humor y de ironía. Aunque parezca el análisis de una distopía, y lo sea, es una obra divertida y llena de sorpresas. También hay quien me ha escrito para decirme que pocas veces se había conmovido y divertido tanto a la vez con un libro tan grave y apocalíptico.

- Hay una prosa lírica, una prosa poética, por ejemplo, en las novelas de Umbral y del primer Juan Manuel de Prada. Lo digo porque parece que Algo pasa en el mundo también cultiva este tipo de prosa ¿Ha influido en su estilo la lectura de Ramón Gómez de la Serna?

- A Umbral y a Gómez de la Serna los he leído mucho y venero ese tipo de prosa densa y poética a la que te refieres. No sabría decir cómo ni cuánto han podido influir en mí. Onetti o Bukowsky son otros dos escritores que me gustan mucho y tienen otro tipo de prosa más lacónica y directa. En ese sentido tengo un plantamiento bipolar: A veces creo que los libros más cruciales y fructíferos son los que tienen un universo verbal muy denso, complejo y lleno de metáforas radiantes y otra veces creo que los libros que verdaderamente le dan cuerda al mundo son los libros más claros y sencillos.

 

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Miguel Sánchez Robles, Catedrático de Historia.

 

- Su última obra es, a mi juicio, una mezcla entre novela de ideas y la novela filosófica. En ella se presentan al comienzo las reflexiones de Manu, el protagonista, que es un recluso que va plasmando sus pensamientos por escrito en respuesta a ciertos temas que le vienen sugeridos en un taller de escritura. Las ideas del narrador no tienen sin embargo que coincidir con las del autor de la obra. ¿Coinciden en este caso, en general, las ideas del protagonista con las suyas propias?

En esta novela hay también mucho de ensayo creativo y filosófico, es verdad porque, si aspiras a lo lírico, es inevitable escribir en esas claves. Respecto a lo de coincidir con las ideas y la concepción del mundo que posee Manu, “El Magra” como le llaman en el instituto y en la escuela, no sabría qué decirte. Por supuesto que no me reconozco en él. Yo soy mucho más vital y desenfadado en mi vida diaria. Hago otras cosas. Pienso de otra manera. Pero siento muchísima simpatía por él. Me batiría en duelo por una persona así como me dijo uno de los miembros del jurado del Premio Torrente Ballester. Alguien como Manu, si existiera en la Tierra, se merecería una medalla de esas que deberían dar también las altas instituciones del Estado a la honestidad intelectual y a la sinceridad más absoluta igual que las dan al mérito y al trabajo. Y sin embargo esos dos valores, la honestidad intelectual y la sinceridad, son anti hegemónicos, están casi desterrados de la sociedad en que vivimos, no vas con ellos a ninguna parte, al contrario, te cerrarían puertas, te expulsarían de cualquiera de los departamentos de palabrería que hay en España y que tan minuciosamente describe con envidia él mismo en la primera parte de la novela.

- El título del libro proviene de los versos de Antonio Gracia: “Algo pasa en el mundo/ que lo hace inhabitable para los corazones encendidos/ y convierte sus llamas en ceniza”. Ana María Matute decía que escribir es siempre protestar, aunque sea de uno mismo. ¿Es también este libro una protesta?

Por supuesto que sí. Y una enmienda a la totalidad. Estamos intoxicando la realidad con el virus de la banalidad y de la sobre información, y la vida sólo apasiona ya cuando la ves a través de la Literatura o el cine, ese es el émbolo que mueve toda la novela. Marta y El Magra encuentran en sus conversaciones y en su lecturas un lugar donde ponerse a salvo de ese mundo que no parece ya tener remedio y que los ha expulsado. En ellos late también esa pena espesa de cosa radiante que se ha ido para siempre, de música apagada que ya no va a sonar nunca más. Por eso tratan de salvarse juntos y sienten la necesidad de decir cosas inteligentes con las palabras únicas y exactas con que puede y debe de ser dicho todo el horror que ocurre en su contexto. 

- Podría resumir en unas pocas frases qué es lo que pasa en el mundo

Me han preguntado eso más veces. Voy a ser muy breve: El mundo está lleno de mentiras muy bien contadas y todas ellas se están volviendo frágiles y blandas como el abdomen de un insecto, inservibles, viejas, moribundas, tan oxidadas que no nos sirven ya para seguir viviendo. Hay que cambiar de cuento, de relato como dicen ahora.

- En Algo pasa en el mundo el narrador dice que escuchas a cualquier personaje público hablar y te da miedo de ese "buenismo" genérico en las palabras que se ha convertido en una forma de pensamiento vacía. ¿Qué opina del lenguaje inclusivo? ¿Debe la gramática ajustarse a los caprichos de determinados discursos políticos?

Respecto a lo del lenguaje inclusivo no tengo casi ninguna opinión como tampoco tengo opinión sobre las chaquetas de cheviot o sobre si con determinado tipo de pamela o sombrero es mejor llevar la boca un poco más abierta de lo normal. Me asombra que haya gente ocupada en esas cosas, entregando su vida a esa lucha. Me parece un misterio que no sé resolver. Vivo todo eso como quien pisa el freno del coche que va conduciendo para detenerse un poco a mirar un caballo parado en el arcén. En cuanto a los discursos me enerva cómo hablan algunos personajes públicos creyendo que esa papilla neutra que generalmente expenden nos puede interesar a todos. No me explico cómo creen eso. Pones la televisión, ves sus caras y sabes lo que van a decir y...  ¡Van y lo dicen! Eso es esperpéntico, que les veas salir y sepas exactamente lo que van a decir y lo digan. Me parece infantil. Me parece un juego. Un teatrillo. Hablan y ya está. Pero prestas atención por si hubiera algo distinto, alguna novedad, y te das cuenta de que sólo se trata de palabras vacías y de que casi siempre es el mismo buenismo obvio y sectario contra el que de verdad no te puedes defender. Eres educado, correcto, tolerante, les escuchas de nuevo y te callas, pero piensas: ¡Haced algo, por favor. Resolved lo que sea! Arreglad algo, aunque sea una sola cosa: El precio de la luz, la lentitud de la justicia, las puertas giratorias... ¡Algo! O haced por lo menos una lista de lo que va mal, de lo que es más urgente.

- Cito de su libro "no hay absolutamente nada en la actualidad que premie el conocimiento o el compromiso con la verdad y el esfuerzo", "las democracias se han vuelto compatibles con la miseria moral, desde hace muchos años nunca ganan los válidos, los buenos", "en la información y en la política no importa casi nunca la verdad, sólo interesan los fines perseguidos "nadie añade nada nuevo al mundo. Todo forma parte de un programa general de consumo". Pero los novelistas y el resto de artistas seremos una de las excepciones que confirman la regla ¿o no? 

No. Cuando uno está en la baraja tiene que dar vueltas con todas las cartas, no hay descarte posible. Yo he visto la misma clase de miseria moral y de desprecio a la verdad en cualquiera de los ámbitos de la sociedad y la cultura. La misma actitud de postración ante todo. Ni siquiera creo en eso de que el Arte sirva para que la verdad no nos mate. En la superficie todo parece claro y funcional. No se habla nunca de la corrupción en la cultura. Nadie habla de ello. Pero la corrupción en la cultura es del mismo tamaño que en la política o en la economía. Ojalá existiese ese reducto intacto. Ojalá existiese una especie de secta insobornable en ese sentido. Ojalá estuviesen equivocadas estas palabras de Simone Weil: “Tengo una especie de certeza interior creciente de que hay en mí un depósito de oro puro que es para transmitirlo. Pero la experiencia y la observación de mis contemporáneos me persuade cada vez más de que no hay nadie para recibirlo”. Y mientras tanto el porvenir se parece cada vez más a una torre de copas de champán que aún no se ha derrumbado del todo. 

- La literatura es la más absoluta forma de existir que usted conoce, un juego sagrado entre el mundo y nosotros. Esta es una de las mejores frases para mí de este libro. ¿Cree usted que todo lo que importa procede de la desolada sinceridad de algunos hombres?

- Sí, lo creo. Cioran, Pessoa, Kundera, Samuel Beckett, César Vallejo... Todos ellos son heraldos de esa desolada sinceridad que salvará alguna vez el auténtico espíritu del hombre. Sus palabras y sus testimonios escritos formarán parte de la caja negra de humanidad. Respecto a lo de la más absoluta forma de existir estoy tan convencido de eso que creo que debe de haber un poderoso sentido de la vida que nos ate a ella, un sentido que algunos estamos obligados a buscar y esa búsqueda tal vez esté más en la Literatura que en la Biología o en la Física.

- "Para que no nos llamen hijos de puta negativos tenemos que unirnos a las mentiras del mundo, ser una mentira más para que nos dejen en paz". Pero los escritores contamos siempre nuestra verdad. Hemingway llamaba a la literatura española "la mala puta". Hay dos tipos de premios literarios en nuestro país: los legítimos y los amañados. ¿Es usted de los hombres que buscan el dinero o de los que no saben lo que buscan?

- No creo que exista mucha gente que escriba desde la ingenuidad de pensar que podrá ganar dinero o vivir de la Literatura. Soy de los que no saben lo que buscan. En la película “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto” uno de los personajes plantea esa cuestión: Hay dos clases de hombres: los que quieren dinero y los que no saben lo que quieren. Una vez se lo conté a un amigo y me pidió que le ubicase, que le explicase a cuál de las dos creía yo que pertenecía él. Sin dudarlo le dije: A los que no saben lo que quieren y se sintió ofendido, muy ofendido. Creo que eso explica algo. Incluso sería hasta natural llegar a preguntarse qué sentido tiene seguir escribiendo cuando cada vez hay más basura mediática, más ofertas de entretenimiento rápido, menos atención y menos lectores exigentes. @mundiario 




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