Savater: "El poder político pretende acallar las críticas y, sobre todo, fomentar las adulaciones"

Ilustración de la portada 'Carne gobernada' de Fernando Savater (Editorial Ariel).
Ilustración de la portada 'Carne gobernada' de Fernando Savater (Editorial Ariel).
El filósofo apartado de El País acaba de publicar Carne gobernada, un libro que combina sus memorias y sus reflexiones.
Savater: "El poder político pretende acallar las críticas y, sobre todo, fomentar las adulaciones"

De intelecto francés, pasión hípica irlandesa y amante del buen whisky, en lo culinario Fernando Savater (San Sebastián, 1947) se decanta por la "carne ingobernable" mexicana. Para quien todavía no lo sepa, el pasado mes Ariel publicó su último libro, Carne gobernada, título ambiguo que hace referencia a un plato de la cocina asturiana (que hoy ya casi no se encuentra más que en su descafeinada variante light tipo carne guisada).

Aunque él mismo siempre se define simplemente como profesor, su libro Ética para Amador llegó a traducirse a 32 lenguas. Esta y otras obras posteriores como Política para Amador o Ética de urgencia contribuyeron a que en 2008 una famosa revista extranjera lo considerase el único español entre los 100 intelectuales más influyentes del mundo. Hoy, charlamos con él acerca de su reciente y polémico despido de El País, el contenido de su último libro, tiburones, premios Nobel y otras cosas.

El filósofo español Fernando Savater.
El filósofo español Fernando Savater.

– Usted dedica su último libro Carne gobernada “a ellas” (o sea a su mujer y a K) en una oda al amor romántico. Sin embargo le es infiel a su otra gran amante: la filosofía. ¿Prefiere leer ahora a novelistas como Serge Brussolo antes que a los filósofos porque quiso ser en realidad escritor y no filósofo?

– Efectivamente, siempre he sido ante todo lector de literatura, porque mi primera vocación (después de la de lector, por la que no pagan) es la de escritor. He sido profesor de filosofía para ganarme la vida, nada más. Si lo prefiere así, la filosofía ha sido mi santa esposa y la literatura mi amante.

– En los centros educativos he visto impartir ética hasta al profesor de matemáticas. Su libro Ética para Amador salvó a más de uno de un apuro para tratar contenido en sus clases. ¿Cree que ha sido su mayor aporte a la educación o contribución literaria más importante? 

– Escribí Ética para Amador a petición de una profesora de instituto, para ayudarla en las clases de ética. Pero no sólo le ha sido útil a ella sino a muchos mas profes en la misma situación. Y también lo han leído muchos jóvenes, de modo que no puedo quejarme de ese libro.

– Entrevisté para este medio al que fuera director del diario El Mundo, David Jiménez, a propósito de un libro en que denunciaba la intromisión de los poderes eminentemente económicos en la libertad de prensa. Usted ha sido despedido de El País por la intromisión del poder político. ¿Qué poder atenta más contra la libertad de expresión y la línea editorial de un medio: el poder político o el económico?

– Por lo general, el peligroso es el político, porque pretende acallar las críticas y, sobre todo, fomentar las adulaciones. El poder económico solo busca negocio, lo cual no es dañino salvo cuando se mezcla con intereses políticos. Con los poderes económicos de la prensa nunca he tenido problemas, en todos los medios donde he colaborado he sido un buen negocio porque siempre he gozado de muchos lectores (a favor y en contra, desde luego).

– Sus enemigos, dice, son los separatistas, aquellos que siguen la máxima del “lo mío es mío y lo demás a medias” aliados ahora con la izquierda. Pero, ¿no hizo coaliciones con el separatismo también la derecha y no considera usted como Ortega que ser de derechas o izquierdas es una forma de ser estúpido?

– Las democracias modernas son una combinación de socialdemocracia con ideas liberales. Ambas corrientes son imprescindibles y la desaparición u obstaculización de cualquiera de ellas pervierte radicalmente el sistema. Lo que Ortega condenaba, con toda la razón del mundo, es la hemiplejia política que lleva a unos a proclamarse de izquierdas y abominar del liberalismo y a otros a creerse de derechas y considerar la socialdemocracia un cáncer próximo al comunismo. En España disfrutamos de ambos fanatismos hemipléjicos y vehementes a más no poder, capaces de aliarse con los comunes enemigos separatistas con tal de bloquear a sus adversarios.

– Dice en el libro, y yo lo suscribo, que vivimos en plena cruzada contra la heterosexualidad, y por ello se alegra de haber crecido antes de la generación de estos prejuicios. Sin embargo, ¿no ocurre tanto en Latinoamérica como aquí, verdad? Se lo digo porque me da la sensación de que allí todavía no han calado tanto estos prejuicios del neofeminismo moralizante...

– Sin duda, en ese aspecto y en otros –la promoción cultural en medios audiovisuales, por ejemplo–, Latinoamérica está todavía mejor que España. Lástima que el contagio que de allí mas nos haya llegado sea el pútrido comunismo populista de Laclau y los bolivarianos.

– “Hasta los que más leen solo leen premios Nobel y cosas así”. ¿Por qué no le gustan los autores galardonados con ese premio?

– ¡No, por Dios! Aprecio mucho a varios premios Nobel – Kipling, Yeats, Thomas Mann, Anatole France, Varga Llosa, Octavio Paz…– pero no por el premio, sino porque su lectura contribuye a mi felicidad. Los premios literarios nunca mejoran la prosa de nadie, aunque en el mejor de los casos le dan a conocer. Y el importe económico siempre viene bien…

– Otro autor que hablaba muy mal de los premios fue Manolo García Viñó, quien a diferencia de usted no consideraba a Javier Marías como el mejor sino como el peor escritor español de su generación. Tenía tan malas pulgas que en un programa de Sánchez Dragó le asestó una patada a Vicente Molina Foix. ¿Qué le merecían aquellos programas de TV en los que un día aparecía usted hablando de filosofía, otro día invitaban a un premio Nobel y al siguiente se emborrachaba Fernando Arrabal?

– Garcia Viñó era un imbécil y un psicópata rencoroso, pero aquellos programas de letras como ”Negro sobre blanco” y los demás que dirigió Sánchez Dragó eran un lujo necesario que hoy muchos echamos de menos y los sobrevenidos ignoran lamentablemente, como tantas otras cosas.

– Ambrose Bierce definió a los abstemios como “personas de carácter débil que ceden a la tentación de privarse del placer”. Y lo cierto que es que no suelen ser de fiar... ¿La obra de qué filósofo español le ha suscitado mayor interés: José Antonio Marina, Gustavo Bueno o Antonio Escohotado?

– Admiré a Antonio Escohotado y aprendí mucho de él.

– Es usted un enamorado de la playa de la Concha, de la comida tradicional española y de la mexicana, del mar y de los escualos. ¿Podría recomendarnos una buena (y poco conocida) película de tiburones, un buen libro de ambientación marítima y una playa en México?

– El arrecife, de Andrew Traucki (2011), Huracán en Jamaica, de Richard Hughes, y la playa de Veracruz (¡cuidado con los marrajos!). @mundiario

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