San Francisco de Asís

San Francisco de Asís. / RR SS.
Nacido en el seno de una familia acomodada, Giovanni di Pietro Bernardone, conocido como Francisco, renunció a una vida de privilegios para abrazar la pobreza y dedicar su vida a reconstruir la Iglesia y predicar el Evangelio.

En 1182 nació en Asís Giovanni, hijo de Pietro Bernardone, un próspero comerciante de telas que formaba parte de la burguesía de Asís y que viajaba constantemente a Francia atendiendo sus negocios. Su madre, Joanna Pica de Bourlémon, era una noble provenzal que infundió a su hijo la afición a esa tierra, a la lengua francesa y a los cantos de los trovadores, por lo que su padre lo apodó después Francesco. Francisco recibió la educación regular de la época, y aprendió latín. Se narra de él cómo, de guerrear y derrochar despreocupadamente, tras reflexionar orando, manifestó que pensaba desposarse con la pobreza, disponiéndose a restaurar la derruida capilla la capilla de San Damián, porque percibió que el crucificado que había entre las ruinas le dijo: «Francisco, repara mi iglesia que se está cayendo». Pero su padre, profundamente enfadado por este cambió, le reprochó que estuviera malvendiendo sus mercancías, reclamando le devolviera el dinero, entonces Francisco se despojó de todas sus vestimentas ante el obispo de Asís, proclamando a Dios como su verdadero Padre. Y el obispo, abrazándolo, le envolvió con su manto.

El 24 de febrero de 1208, mientras reconstruía la capilla llamada la Porciúncula recibió la revelación definitiva de su misión al escuchar estas palabras del Evangelio: No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias, y a nadie saludéis por el camino… (Lc. 10). Así, su afán de reconstruir las iglesias cambió por predicar el Evangelio llevando una vida austera. Ahora su mensaje era atendido con atención, porque Francisco predicaba la pobreza, atrayendo a otros jóvenes, que en unos meses ya eran once. Sus frailes (del latín frater, ‘hermano’) hacían sus labores diarias atendiendo leprosos, empleándose en faenas humildes para los monasterios y casas particulares, o trabajando para granjeros, siendo inevitable pedir limosna para atender las necesidades cotidianas.

En 1209, Francisco decidió presentarse en Roma ante el papa Inocencio III para que autorizara las normas de su Comunidad, consiguiendo una audiencia papal por intervención del obispo de Asís. A pesar de las reticencias de algunos cardenales, el papa las confirmó verbalmente, al convencerse de que reforzarían la imagen de la Iglesia, pues aplicaban verdaderamente el mensaje del Evangelio. Ya en 1215 el número de frailes se había incrementado, no solo en Italia sino en el sur de Francia y en los reinos de España. Viajaban los franciscanos de dos en dos y convivían con la gente común, construyendo ermitas en las afueras de las ciudades. Aunque también surgieron problemas respecto a las órdenes de pobreza dictadas por Francisco, que algunos consideraban exageradas. Sin embargo el poverello reiteró que la forma de vida franciscana era la humildad y la sencillez. De todos modos, para evitar más disensiones aceptó redactar, bajo ayuno y oración, una regla definitiva aprobada por el papa Honorio III en 1223.

Después, Francisco retornó a Umbría. Y como estaba próxima la Navidad, a la que él tenía especial aprecio, quiso celebrarla de manera particular ese año de 1223; y en 2 Greccio, pequeña población a 15 quilómetros de Rieti, preparó festejar el nacimiento de Jesucristo en un terreno lleno de cuevas. Procurando que la evocación se asemejara lo más posible a la natividad de Jesús de Nazaret, se dispuso un pesebre con heno, un buey y un asno; pobladores y frailes de los alrededores acudieron a la misa en procesión. Francisco participó como diácono y predicó un sermón. Esta celebración se considera el origen de los belenes, representaciones escenográficas del nacimiento de Jesús. Y en 1986, a petición de las asociaciones belenistas de todo el mundo, el papa Juan Pablo II proclamó patrono universal del "Belenismo" a san Francisco de Asís.

Hacia principios de agosto de 1224 Francisco viajó junto a varios frailes al Monte Alvernia, a unos 160 kilómetros al norte de Asís. Allí, según testimonio de San Buenaventura, tras intensas oraciones, estando en un trance profundo, se le presentó un serafín que le imprimió las señales de la crucifixión en las manos, los pies y el costado; estigmas que sus hermanos vieron posteriormente y que él conservó por el resto de su vida. Después Francisco retornó a la Porciúncula donde compuso el Cántico de las criaturas. Pero su salud empeoraba pues el sangrado de sus heridas lo hacía sufrir constantemente, mientras el entusiasmo popular hacia él crecía, queriendo muchos tocarlo o arrancar algún pedacito del paupérrimo sayo que vestía. En sus últimos momentos entonó nuevamente su Cántico al Hermano Sol, agregándole un nuevo verso dedicado a la hermana Muerte. Francisco murió la noche del 3 al 4 de octubre de 1226 a la edad de 44. Y el 16 de julio de 1228, solo dos años después de morir, el papa Gregorio IX proclamó santo a Francisco de Asís, una una de las más grandes figuras de la espiritualidad en la historia de la cristiandad, venerado por católicos, anglicanos y luteranos, cuyos restos reposan en la gran basílica construida entre 1228 y 1367. @mundiario