Buscar

MUNDIARIO

Rotze Mardini, romanticismo en paraísos artificiales

Nada escapa a la literatura romántica de Mardini, pues sus libros conjugan misterio, fantasía y ese dolor de la nostalgia cuando no se puede amar lo que se desea.

Rotze Mardini, romanticismo en paraísos artificiales
Portada de Origin, de Rotze Mardini./ R.M.
Portada de Origin, de Rotze Mardini./ R.M.

Firma

Ulises Novo

Ulises Novo

El autor, ULISES NOVO, colabora en MUNDIARIO y es escritor. @mundiario

Rotze Mardini nos presenta un fragmento de "Origin", un volumen que forma parte de la serie Los Hijos de Leiah. Se trata de la recreación de una distopía con reminiscencias medievales donde lo fantástico exige la pasión y la divinización de los sentimientos.

La literatura romántica encuentra en esta autora un asidero en el que lo imaginario y la idealización del amor se fusionan. Mardini no renuncia a esa descripción detallada de los sentimientos, pero añadiendo un notable dinamismo que no resta ensoñación y sentimentalismo a uno de sus temas más recurrentes: el dolor de la ausencia.

Aquí presentamos -en Mundiario- una parte de la esencia de ese romanticismo distópico:

"¡Beep, beep! ¡Beep, beep!

Soltó una maldición al escuchar el insistente zumbido del móvil, entreabrió los ojos y giró para mirar el reloj digital sobre la mesa de noche.

¡Demonios! ¡1:20! ¿Quién la llamaría a esas horas?

¡Beep, Beep! ¡Beep, beep!

Un escalofrío le recorrió toda la médula espinal al recordar la última vez que la habían llamado en medio de la noche con una noticia que le cayó como un baldazo de agua helada: su amiga Kaila había muerto en manos de un asesino en un lejano país.

¿Por qué pensaba en ella? La respuesta era sencilla, la echaba de menos y le dolía el hecho de no haber podido asistir a su funeral en Los Ángeles porque estaba al mando de una misión. Suspiró mortificada ante tal recuerdo.

¡Beep, Beep!

Se sentó como pudo y tomó el teléfono casi temblando, repitiéndose a sí misma “las historias no se repiten” como si fuese un mantra, se tensó aún más al ver que se trataba de Jules, su compañero de trabajo.

El tiempo se detuvo a su alrededor y el corazón se le aceleró al sentir nuevamente el zumbido entre sus manos.

Era sencillo, podría rechazar la llamada o ignorarla ¿Qué más daba?

Era una opción que descartó de inmediato, dio un respiro, tenía que coger el maldito teléfono y con aquella afirmación se calmó a sí misma sabiendo de antemano que no le gustaría lo que Jules tenía que decirle.

Inspiró y espiró y finalmente respondió resignada, con un nudo en la garganta

—¡Aló!

—Siento llamarte a esta hora, pero hemos encontrado a Lorraine... será mejor que lo veas con tus propios ojos —le aseguró Jules en un hilo de voz.

La temperatura descendió en la habitación o eso le pareció, parpadeó varias veces, asimilando aquella noticia ¡No puede ser! Tenía que estar de broma.

—¡Lorraine, muerta!

No podía creerlo. El destino le estaba jugando una mala pasada.

—¡La mataron! —murmuró e hizo una pausa — Todos estamos consternados, pero el deber nos llama, estamos en obligación de resolver su caso, y es preciso que veas las imágenes, te las acabo de enviar a tu correo.

Lexy Kendall tragó saliva y puso la llamada en altavoz para revisar el adjunto en la bandeja de correos al mismo tiempo que su corazón latía desenfrenado y tragaba saliva al abrir el mensaje.

Unas lágrimas brotaron en sus ojos y obligaban a su cuerpo a mantener la calma.

—Por amor a Dios, ¿qué es esto? —murmuró, conteniendo sus ganas de llorar.

—Lo sé, no sé qué decirte.

—No puede ser… —dijo ella con arcadas sin dejar de observar la imagen y el cadáver sin vida de Lorraine. Hizo el mayor esfuerzo para poder analizar aquella fotografía de manera profesional, al fin y al cabo, era su deber como agente del FBI, tenía que guardar la compostura para poder atrapar al responsable y meterlo entre rejas y eso era una promesa a la buena mujer.

Dio un largo respiro y se concentró en el retrato, quien quiera que fuese el asesino, se había ensañado con ella. Sus ojos se fijaron en algo que llamó poderosamente su atención.

—¿Eso es un símbolo?

—Eso parece.

—Esto es... —no encontraba palabras para definirlo, demonios, nunca había visto algo parecido.

¿El cuerpo estaba posicionado? ¿O solo era su imaginación? ¿Y esa marca?

—No te he dicho la peor parte.

—¿Qué puede ser peor que esto? —quiso saber, alzando el tono de su voz.

—Le han cercenado un dedo y hay una nota dirigida a ti, bastante críptica y firmada por Cassidy, nuestro asesino del barrio francés". @mundiario.

Link: https://amzn.to/2Mzqp9A