Retratos y canciones infantiles en El libro de los guarripios, de Arnod Lobel

Portada de El libro de los guarripios./ Kalandraka

Kalandraka publica El libro de los guarripios, breves fábulas sobre la vida de los cerdos, acompañadas de ilustraciones que incitan a la melancolía y a la ensoñación.

Lo que caracteriza al libro de Arnold Lobel es su habilidad para conmover desde unas ilustraciones definidas por suaves texturas llenas de matices. Esa tonalidad y ese trazo otorgan a estas fábulas sobre cerdos un aura de nostalgia y melancolía.

El uso del limerick, estrofa de cinco versos con rima consonante, nos descubre debajo de cada ilustración un universo propio en el que los cerdos viven sus particulares aventuras. Pese a ese rasgo nostálgico que desprenden muchas de sus composiciones, el tono humorístico del limerick pervive en esta clase de texto: "Había una cerda en Tudela/ que hacía pastel de ciruela./ ¡Y cuántos vecinos/ -marranos, cochinos-/ comían pastel de la abuela!" (pág. 16)

La personificación del animal pasa por la paradoja, los engaños y los problemas cotidianos que convierten a los cerdos en algo más que seres humanos; más bien en motivos o alegorías de lecciones morales donde el humor y la crítica a las preocupaciones innecesarias gobiernan su mundo: "Un cerdo vivía agobiado/ al no ver su rabo enrosacdo./ Cambió las papillas/ por pasta y rosquillas/ y el rabo quedó enrosquillado" (pág. 12)

La traducción de Miguel Azaola logra mantener el ritmo y la rima de los textos de Lobel, cuyo dibujo inconfundible se caracteriza por la ternura que otorga a diversas situaciones en los que estos guarripios se encuentran en apuros, algunos de difícil solución, como dictan algunos de estos limericks.