Recuerdos de una romería en Galicia

Iglesia de  Santa Mariña de Sillobre, en Fene (A Coruña). / Mundiario
Iglesia de Santa Mariña de Sillobre, en Fene (A Coruña). / Mundiario
Cada vez que pasaba por delante del atrio pensaba: "Quiero cantar en este palco y quiero presentar la orquesta como lo hace Santi Par, quiero vestir como él y quiero de dedicarle una canción a mi madre".
Recuerdos de una romería en Galicia

En mi pueblo, que es Sillobre (Fene, A Coruña) –desde los cuatro años–, el día 31 de agosto se celebra la festividad de San Ramón, para mí una fiesta muy importante, una romería que a primeras horas de la mañana se desarrolla en los campos cerca del atrio.

En mis tiempos de chaval los campos siempre aparecían engalanados con aquellos manteles blancos y, encima, los manjares preparados para comer, pero antes se celebraba la misa solemne, y la gente –toda elegante–, con sus mejores ropas, salía en procesión.

Entonces miraba con envidia a mi alrededor: "Si fuese un poco mayor llevaría la imagen de un santo, pero toca esperar, otra vez será", solía decirme.

Algo importante era la sesión de fuegos de artificio: casi siempre la empresa responsable era la de Víctor Millarengo. Y allí estaban los toldos donde servían las bebidas, la orquesta en el palco –siempre adornado de flores–, y la gente, expectante. La voz del vocalista –"respetable y distinguido público, ante todo muy buenos días"– se abría paso.

Sito Sedes, de niño con su bicilceta, en Sillobre. / Mundiario

Sito Sedes, de niño con su bicilceta, en Sillobre. / Mundiario

Rebobino esta película mía y veo a músicos y artistas como Santi Par, Tomás Morado, Abel González, Manolo Martínez, Pucho Boedo, Alvarito,... siempre elegantes y con su saber estar en el palco.

Una vez finalizada la parte musical, nuestra casa estaba llena de familia –abuelos, tíos, primos y algún invitado– y ya terminada la comida los niños estábamos esperando la bolla del patrón de la panadería de Ramón, riquísima.

Sito Sedes, de estudiante. / Mundiario

Sito Sedes, de estudiante. / Mundiario

Ahora sí, todo el mundo en silencio: mi padre empezaba a cantar y todos mirándole con admiración porque tenía una voz preciosa.  Yo era el primero en admirarlo, como el mejor cantante del mundo. Así empezó mi pasión por la música. "Tengo que cantar como mi padre, quiero cantar", me decía.

Cada vez que pasaba por delante del atrio pensaba: "Quiero cantar en este palco y quiero presentar la orquesta como lo hace Santi Par, quiero vestir como él y quiero de dedicarle una canción a mi madre desde el palco de Santa Mariña y San Ramón de Sillobre". @mundiario

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