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MUNDIARIO

Raíz de ave, de Eva Gallud

Raíz de ave, el último poemario de Eva Gallud, está editado por Ya lo dijo Casimiro Parker. Su portada es un collage del poeta y editor Marcus Versus, firmado bajo el seudónimo de Marcos Almendro. 

Raíz de ave, de Eva Gallud
Portada de Raíz de ave.
Portada de Raíz de ave.

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Gema Albornoz

Gema Albornoz

La autora, GEMA ALBORNOZ, es licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Córdoba (España). Colabora con las revistas Prisma a la vista, Salto al reverso y con la comunidad poética La poesía no muerde. Escribe en su blog Emociones encadenadas. Algunos de sus poemas han sido publicados en las revistas culturales, Ariadna-rc, Le Miau noir o la revista literaria digital El coloquio de los perros. Escribe en MUNDIARIO. @mundiario

Desde el título, Eva Gallud nos plantea pensar en aquello que crece contrario al tallo, en esa “raíz”. Aquella parte oculta, la misma que da vuelta a su nombre para obtener el título al completo. Según la tradición judía, cristiana y musulmana Eva fue la primera mujer de la Tierra. Como bien es sabido, cuentan que a ella la serpiente le tentó con la manzana, el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Eva Gallud cambia el origen del origen, puesto que, en vez de partir de ese fruto, parte de la propia raíz, donde no hay hombre que se imponga. Podría divagar entre el significado de la poesía a la utilidad de la filosofía para acabar en el yo. Recuerdo a María Zambrano cuando hablaba de la filosofía para encontrarse a sí mismo.

Llegas tarde

llegas tarde a ella como a otras

a las pisadas en la nieve que ahora mismo

ni siquiera sabes si son las suyas

casi no te queda sangre

el brillo de los ojos no es igual

la piel de las heridas no es frágil

vienes sin aliento de alarido

hueles a animal domesticado

«llegas tarde»

dicen las hermanas salvajes

«pero no importa,

has llegado»

El poemario está dividido en seis partes: “DESBROCE”, “LABRANZA”, “DANZA”, “RAÍZ”, “ABRAZO” Y “REZO”. El primero de ellos, “DESBROCE”, esa acción que aparta las primeras ramas, quizás para facilitarnos el paso a través, comienza con dos citas: una de Safo, una de las primeras mujeres en comprender y dominar el arte poético y musical de su tiempo y otra de Chantal Maillard, la poeta y ensayista ganadora del Premio Nacional de Poesía con una de las voces más intensas, honestas y radicales según la crítica. En ese desbroce, allí es donde se da el «idioma de los istmos», lenguas que unen dos tierras.

Desbrozar o limpiar la maleza requiere de un gran esfuerzo físico. Nos hace arrodillarnos, para buscar desde «los huesos hasta la espiral de polvo», «con la boca/ a tientas sobre la tierra», notando nuestro cuerpo anclarse en ella «la espina me recorre/la hiena me da la bienvenida» e incluso aquello magnificente a cielo abierto: «lo sagrado se esconde detrás de cada piedra». Entonces sentencia «me acojo al círculo de piedras» y reconoce la unicidad del grito: «todas gritaban de una forma única». Todo queda expandido como semilla en la tierra, ahora limpia de maleza, «sobre los surcos recién arados/en opaco silencio», hasta encontrar el camino «hallamos las piedras dispuestas en el orden correcto», «bordamos sus vestidos con fiebre de anémonas».

La semillera lleva la falda recogida

y en el hueco mil especies antiguas

que robó de un sótano siberiano

mucho antes del año del deshielo

su labor es caminar sobre los surcos

que trazamos despacio con las manos

viene y va como los vientos

que aligeran su carga y la dispersan

la semillera es ciega

la hiena la guía

Eva Gallud./ Web de la editorial Ya lo dijo Casimiro Parker.

Eva Gallud./ Web de la editorial Ya lo dijo Casimiro Parker.

 

Curiosamente, aunque el sentido de mi nombre dado de vuelta sea otro, Eva Gallud, me desbroza, labra, danza, enraíza, abraza y reza para mí; en mi nombre, en el de todas esas mujeres que vuelven al origen para «llegar tarde». Entonces somos individualmente «las hermanas salvajes», «devoradora de granadas» o «la envenenadora»; como comunidad somos las de «los pies mojados», las «que son raíz antes que ala», las de «labios cosidos con bramante /una piedra atravesada en la garganta», «las blancas las incoloras/ las muertas las matadas/ las madres amedrentadas…las benévolas».

Dame tormenta y turbulencia

que yo te daré amor de caverna y sombras

dame vértigo vértigo vértigo

danza de flor danza de piedra

y arderemos siempre en el fuego blanco

—así hablaba

la niña orante

y el cielo atónito​

Me gusta abriros el libro como cuando ya lo he abierto varias veces y reconozco lo que voy a encontrarme, de la misma forma que veo a un amigo que llevo un tiempo sin ver y me pongo al día tras un encuentro. Ahora, eres tú quien debe mancharse las manos para buscar la raíz, el origen del origen. @mundiario