¿Por qué se compara la vida de asueto de Juan Carlos I con la del ex rey Faruk?

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Portada del libro Juan Carlos I, el Faruk español, de Fernando Ramos. / Mundiediciones
Desde que abdicó ha pasado tres cuartas parte del año de viajes y fiestas por el Caribe y Oriente. No está en el exilio, sino de estancia prolongada.
¿Por qué se compara la vida de asueto de Juan Carlos I con la del ex rey Faruk?

Alguien tan poco sospechoso de veleidades republicanas como el periodista José Antonio Zarzalejos, que fue director de ABC, el diario monárquico por excelencia, y que es un objetivo crítico de la monarquía, especialmente de la conducta de Juan Carlos I, ha escrito que el monarca honorífico –que no emérito, cosa que no existe— se creyó no inmune, sino “impune”; es decir, que estaba convencido de que podía hacer lo que le diera la gana en todo momento y circunstancia, al margen de toda norma legal o moral; de ahí que el respetado periodista fue uno de los primeros en advertir que la abdicación era la única salida que le quedaba, ante la evidencia de sus trapacerías, para salvar la monarquía.

Pero pese a todas estas evidencias, los turiferarios y partidarios del rey abdicado, han echado cuenta de que su reinado es positivo, y que en el ajuste de cuentas sale a su favor, pese a estos “pecadillos” típicos de los Borbones (su afición al dinero y su desmedida pulsión sexual), cuenta más sus servicios a la nación, sus logros en beneficio de España y que “trajo la democracia”. Esto es un modo de simplificar un proceso que, en todo caso, se debe anotar en la cuenta del propio pueblo español, de los partidos políticos y los hombres de aquel momento. ¿Es que Juan Carlos I, sucesor de Franco a título de Rey, podría haber hecho algo distinto de lo que hizo? ¿Es que alguien imagina que la monarquía (creada “ex novo” por Franco, “que no debe nada al pasado”) podría haber tenido otro recorrido que el que tuvo para permanecer como institución que convertirse en una monarquía parlamentaria dentro del contexto europeo y del mundo moderno occidental? No se niega su papel en ese proceso. Pero la perspectiva del análisis histórico debe tener una visión panóptica; es decir, desde todos los puntos de vista.

No deja de ser una paradoja escandalosa que el mismo que pedía ejemplaridad en el mensaje final de Navidad de 2013 y aseguraba que constituía el armazón de sus principios, tuviera ya detrás de un largo historial de comisiones, amantes o barraganas diversas, alguna instalada cerca de su casa en una finca del patrimonio nacional (donde según declaró el general Sanz Rodríguez, es jefe del CNI y su apañador. “iba a dormir la sienta”, cuando tenía a su manceba Corinna Larsen y su hijo), cuentas en paraísos fiscales, incumplimientos fiscales ordinarios de declarar sus ingresos y esa larga retahíla de hechos conocidos, de los que ora por la inviolabilidad, ora por la prescripción, ya por su saneamiento, tras ser avisado a tiempo, le evitaron ser acusado de delito fiscal, entre otras cosas.
¿Cómo interpretar que su propio hijo y heredero, ante la avalancha de evidencias, fuera a un notario para dejar constancia de que se proponía –cuando fuere, y veremos entonces—renunciar a la herencia nutrida de tales ilícitos orígenes o que le retirara el suelo que cobraba del presupuesto de la Casa Real? ¿Ha sido injusto con su padre? Pero la suma del desparpajo presente reside en esa afirmación de que Juan Carlos ha sido enviado o está en el exilio. En circunstancias normales, el rey honorífico, ha pasado tres cuartas parte del año de viaje y fiesta permanente, desde su abdicación, ya fuera en el Caribe o en Oriente. Su estancia actual son unas vacaciones ordinarias y bien placenteras un poco más largas que otras estancias justamente en los mismos escenarios, como el caso de Abu Dabi. Y no añadamos nada del teatral modo de su reciente retorno a España, que tanto disgusto ha causado en la Casa Real, alboroto a sus partidarios y amigos, y escándalo por su frivolidad mediática a la inmensa mayoría de los españoles.

Juan Carlos I, el Faruk español

Este libro tiene dos partes diferenciadas. La primera es un recorrido histórico de cómo se avino la monarquía por decisión personal de Franco, las curiosas anécdotas de los personajes que la avalaron, con lances graciosos como que Pemán dijera que Franco, como un César adoptara a Juan Carlos como su hijo; el cambiante papel del conde de Barcelona, como pretendiente a la espera, que unas veces alaba a Franco y otras lo condena; las ocurrencias de Fernández Mirada que recuerdan a Groucho Marx, cuando dice a Juan Carlos que no dude en jurar los Principios del Movimiento Nacional “que eran permanente e inalterables por su propia naturaleza”, “que ya los cambiaremos”. Cosa que en la práctica se haría. Luego se recuerda cómo se evita en la transición del debate sobre la monarquía, cambiando la Ley de Prensa de Fraga, vigente, considerando el secuestro de toda publicación que supusiera “desdoro” para la Corona, pero sin definir qué era el desdoro. ¿Acaso contar su historia?

Portada y contraportada libro Fernando Ramos [640x480]
Portada y contraportada del libro Juan Carlos I, el Faruk español, de Fernando Ramos. / Mundiediciones

La segunda parte trata de ser un gran reportaje recopilador de lo que se fue descubriendo en la prensa internacional, y sobre todo en la española, desde que los medios dejaron de mirar para otro lado, y decayó la labor de Sabino Fernández Campo, secretario de la Casa Real, hombre cuya fidelidad fue tan mal pagada, y que contuvo a los medios hasta que ya no fue posible hacerlo dada la trascendencia de la conducta de Juan Carlos, la caza de un oso borracho en Rusia, la retahíla de amantes, los chantajes al Estado mismo de alguna de ellas y todos los episodios conocidos hoy de los españoles. ¿Y por qué se le compara con el último rey de Egipto, el tal Faruk? Pues por la coincidencia, pese a que el primero falleció a temprana edad, por la similitud del estilo de vida de ambos, uno en la costa azul y otro por el mundo, con las mismas pasiones y vida disoluta y no precisamente ejemplar.

Un libro retrasado

Este libro debería haber salido en diciembre, pero la sucesión de episodios y lances entorno a Juan Carlos obligaron a retrasarlo para incluir los últimos y sabrosos acontecimientos. Y ni siquiera ahora es un tema cerrado, cuando está pendiente la suerte del rey honorífico, acusado de coacciones por su antigua amante y receptora de una de sus sabrosos regalos, episodio algo chusco en sí mismo, que denota hasta que altura llega el fango en algunos casos. @mundiario 


 Juan Carlos I, El Faruk Español, editado por Mundiediciones, a la venta en Amazon.

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