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MUNDIARIO

Quadern per a Joan, poemas de la memoria del dolor y de la esperanza

El escritor Manel Alonso publica su nuevo poemario Quadern per a Joan, un testimonio desgarrador de la vida como sufrimiento y esperanza, un legado sobre la inspiración ante la incertidumbre del futuro.

Quadern per a Joan, poemas de la memoria del dolor y de la esperanza
Quadern per a Joan./ M.Pitchar
Quadern per a Joan./ M.Pitchar

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Manuel García Pérez

Manuel García Pérez

El autor, MANUEL GARCÍA PÉREZ, es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED. Premio Nacional Fin de Carrera, fue coordinador del área de Sociedad y Cultura de MUNDIARIO, donde actualmente es columnista y crítico literario. Docente, investigador y escritor de narrativa juvenil, su última obra es el poemario Luz de los escombros. @mundiario

Manel Alonso escribe Quadern per a Joan, un poemario sobre las preguntas originarias que caracterizan nuestra condición humana.

Me ha conmovido. Seguramente, porque me pilla en momentos bajos, pero no es una excusa. El poemario de Manel, publicado por Neopàtria, es lo mejor que he leído en mucho tiempo.

A estas alturas, fingir me estorba y me causa sarpullidos. Y no puedo negar que estos poemas dedicados a su amigo Joan Baptiste, desaparecido a causa de un cáncer, me han estremecido. Pero no es un poemario exclusivamente elegiaco. El talento de Manel consiste en que este libro es una reflexión profunda sobre la vida como una aventura inútil, pero apasionante, siendo el existencialismo lo que rezuma en cada poema: "Cerques respostes i trobes la bellesa, / la bellesa que es deixa atrapar i modelar/ per la teua veu quan l´anomenes, /la bellesa a la qual un dia/ vas jurar fidelitat eterna,/ la bellesa on resta oculta/ la resposta a tot plegat" (pág. 21)

Pero ese existencialismo no conduce a la nada, sino a una verdad, la certeza del dolor como experiencia física y nostálgica para el creador y como sentimiento que alumbra la creación, que ilumina nuevos espacios. El verso construye nuevos itinerarios, renovadas posibilidades de mirar al futuro sin miedo, con la esperanza de haber adquirido, a través de ese diálogo con el amigo enfermo, la destreza de la escritura como alejamiento de todo, como una fuga en sí misma, como un ejercicio que busca en la herida una aproximación al hecho de escribir como un fin propio.

La realidad es lo de menos, el futuro, un fraude, la piedad, un síntoma de la frustración. La esperanza solo es posible en ese diálogo entre Joan y Manel donde la vida ya es otra, la vida del ahora y del después, la vida ante el umbral de la muerte, ante la necesidad de abandonar el misterio, los recuerdos, las anécdotas: "Des de la ditància/ els teus silencis es mostren com el tornaveu/ de la desesperança" (pág. 34).

Ahora todo es puro, sincero. La enfermedad tiene esa habilidad de curar lo que nos ha hecho banales, efímeros, mundanos, hasta inútiles: "Em cou en la ferida oberta/ la dissort amarga dels teus dies" (pág. 37).

La enfermedad rescata al hombre del grupo, lo hace único, inédito, lo enfrenta a otra verdad, a aquella que reside en una escritura tan personal como improductiva, porque Joan sencillamente no está. Y, sin embargo, son los poemas de Manel los que resisten, los que ahondan en el aprendizaje insondable de saber que morir es solo un tránsito, por mucho que duela: "Escolta, no estàs sol, /en la foscúria se sent/ el rítmic batec d´un cor/ que es mou per tu" (pág. 44) @mundiario