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MUNDIARIO

Creación poética y cine en un nuevo libro de Joaquín Juan Penalva

Un tributo al cine de Tarkovski domina el eje temático de un libro de poemas que transciende la filmografía del creador de Solaris para sumergirnos en hipnóticos espacios imaginarios.

Creación poética y cine en un nuevo libro de Joaquín Juan Penalva
Joaquín Juan Penalva y Luis Bagué en la presentación del poemario./ Novelda digital
Joaquín Juan Penalva y Luis Bagué en la presentación del poemario./ Novelda digital

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Manuel García Pérez

Manuel García Pérez

El autor, MANUEL GARCÍA PÉREZ, es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED. Premio Nacional Fin de Carrera, fue coordinador del área de Sociedad y Cultura de MUNDIARIO, donde actualmente es columnista y crítico literario. Docente, investigador y escritor de narrativa juvenil, su última obra es el poemario Luz de los escombros. @mundiario

Está más que probada la sólida trayectoria de Joaquín Juan Penalva a través de textos que buscan la trascendencia desde las experiencias cotidianas que arman nuestras singulares biografías: hiberna, hibernorum o La tristeza de los sabios.

Ahora sorprende con un poemario enigmático, fruto de una fascinación entendible, el arte de Andrei Tarkovski, sobre todo cuando la cinefilia forma parte de esa manera de estar en el mundo en el caso del autor de Novelda.

Lo significativo de Cronología de Tarkovski (publicado por Huerga & Fierro) es que, lejos de esa reconocible iconografía del director ruso en los poemas, el autor de Anfitriones de una derrota definitiva busca el escapismo por medio de la visibilidad de unos referentes fílmicos que seducen enormemente aunque no seas un adicto a las películas de Tarkovski: "Quien busca otros mundos/ la vida busca; / quien se aventura/ en el vacío/ a sí mismo se encuentra./ Hay un lugar/ en que la soledad/ es presagio, / la muerte,/ retorno,/ y la huida.../ principio." (págs. 31-32) 

Quizá este cariz es lo que diferencia este texto de otros libros anteriores del autor, donde una clase de neoconstumbrismo dominaba las reflexiones sobre la caducidad de la vida y lo efímero de nuestra existencia.

Ahora es la recreación de paraísos artificiales, de inmersiones elocuentes que superan la propia ficción de las películas y de símbolos de una fuerza gravitatoria irrefrenable la que conforma la textura que nos redescubre la mirada del autor hacia el cine de Tarkovski y hacia la de su entorno: "Todos buscamos la verdad, / en parajes lejanos, / en civilizaciones olvidadas,/ en libros antiguos..." (pág. 41).

Sutil propuesta es la de construir algunos de estos poemas con sintagmas, como si los fotogramas se sucediesen condensados en mundos en sí mismos, referentes que van armando el crisol de experiencias místicas y poéticas del director de Solaris, acercándonos a la sensibilidad de Juan Penalva, una sensibilidad influida por la latencia sibilina de las películas, denotando al mismo tiempo la necesidad de expresar su percepción elegiaca de la realidad, así que el cine se convierte en pre-texto y en texto, con sus enigmáticas contradicciones, con ese horizonte difuso e incierto de una filmografía que roza la leyenda: "...y mi pasado,/ la nube/ de los sueños/ y lo soñado;/ y un solo reflejo,/ una escultura/ hecha de tiempo/ y de costumbre". (pág. 55).

Es necesario citar el glosario de imágenes que el poeta Luis Bagué ha confeccionado como prólogo a la inmersión en los escenarios apocalípticos de Juan Penalva: ironía y juegos de palabras nos revelan una parte de ese léxico fílmico que significa el orfebre Tarkovski. Bagué rentabiliza el semantismo y las resonancias fónicas de palabras y nombres que están asociados al universo poético de películas como Stalker, Sacrificio o Nostalgia; una advertencia ante el paradigma en el que el poemario nos va a involucrar sin piedad, forzándonos a cruzar al otro lado del espejo: "Nuestras vidas/ no se desarrollan/ sobre el tiempo/ de nuestras vidas,/ lo fabrican,/ lo crean/ de la nada" (pág. 48).