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MUNDIARIO

Habitación 300: Los placeres de un conformismo llorón llevado de la mano

Seré, yo misma y mi mañana. Sin ideas preconcebidas, pues me estoy inventando un porvenir y tiene que funcionar. / Relato literario
Habitación 300: Los placeres de un conformismo llorón llevado de la mano
Evasión en Coney Island.
Evasión en Coney Island.

¿Qué le pido a la vida? Sé de las maravillas del supermercado, los gatos callejeros, un croissant de mantequilla, nadar en la playa, tomar el sol en invierno, notificaciones por el día de mi cumpleaños, mi canción favorita por la radio, tener sueño al ver las luces de la ciudad desde el autobús al irme, estrenar ropa que combina, probar nuevos cosméticos, ver las caras de los comensales para quienes he cocinado, conseguir mi lección de piano, los buenos días del barrendero, que me inviten a un café, que me compren lo que me gustó de un escaparate, tener al menos un mensaje cada hora, tomar un helado de copa un domingo, observar las tempestades desde la cama, quedarme dormida antes de que se apague el gusiluz, encontrarme con las amigas que pasean a sus bebés, acariciar cachorros canijos y peludos, abrazarme a mi colección de peluches cuando tengo pesadillas, conseguir interpretar un sueño, leer al sol, hidratar mi piel, descubrir mi rostro en el espejo de madrugada, que la doctora me gaste bromas, que los chicos se giren para mirarme, tener un buen día cuando me maquillo, regalar una flor a la camarera, coger a mi gato como un bebé, cruzar miradas seductoras por las calles del centro, aprender francés leyendo poesía, pedir regalos para Navidad, hablar por teléfono como una rehén que planea su escapada, que alguien me abrace con verdad y ternura, caerme de la risa, jugar al absurdo en los grupos del teléfono, que me cuenten anécdotas divertidas y apasionantes toda la tarde, apuntar la idea que me surge para un cuento de hadas…

Desconozco los planes y la ambición. No he experimentado casi ningún tópico, de modo que, los que me juzgan frívolamente, se equivocan y pierden el tiempo. Pero, ¿qué he de pedirle a la vida? No la molestaré, me olvidaré de ella, y la dejaré ser.

Seré, yo misma y mi mañana. Sin ideas preconcebidas, pues me estoy inventando un porvenir y tiene que funcionar. Viviré, humildemente viva, y no hace falta exigir cuando lo que quieres sabes que existe.

¡Ya llegará! ¡No sé el qué! Y si no es a mí, podré observar, leerlo, pensarme, pensarnos. Si no salvo el mundo que nunca cambia, veré a los demás crecer y envejecer, lo entenderé, habré sido justa. Si nada pasa, ¿qué importa? Porque todo pasó ya en mi cabeza. Sé lo que es, lo que valgo y lo que necesito… Que es demasiado para mí sola. ¿Y si no encuentro mi lugar? Pues llevo aquí tanto tiempo, que el lugar lleva mi nombre. ¡El momento es ahora! Porque miro atrás y tengo miedo, ya no. Llegará como llegaba el panadero, como los encargos llegan puntuales, como si viniesen las vacaciones; con todo, ¿alguien se ha fijado en mí? @mundiario