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MUNDIARIO

Picasso y A Coruña: los cafés que vivió

No ha quedado constancia de la tertulia a la que pudiera haber concurrido don José Ruiz Blasco. Quizás porque en A Coruña no se encontraba "a modo".
Picasso y A Coruña: los cafés que vivió
Café de los Humildes. 1895
Café de los Humildes, en 1895.

Matías Membiela-Pollán

Profesor de economía.

El presente texto sigue la serie de artículos en los que estudiamos la figura de Pablo Picasso en A Coruña. En lo relativo al motivo del ocio, y más concretamente de los “cafés”, dividiremos estos en seis tipos, teniendo en cuenta que con sutilidad se llega a una diversidad más tonante.

El Café Económico que era aquel en que se servía un brebaje, incluso de recuelo, que no tenía nada que ver con el que tomaban “los señoritos coruñeses”. Los Cafés del Centro que eran aquellos a los que acudían los profesionales y burgueses y en donde se hacían las tertulias más descomprometidas e insultantes; uno de ellos llegó a compartir su local con el afamado Sporting Club. Los Cafés Cantantes que se presentaban en un pabellón veraniego durante la temporada de playa; venga aquí el café cantante (andalú) que se localizaba en la calle Rúa Nueva, cerca de la oficina de La Ferrocarrilana y de la sala de esgrima de la calle de los Olmos. Los Ambigús de las sociedades, con la particularidad de que su oferta era más laxa que la del establecimiento cafetería. El Café de la Estación. Y en fin, el Café Ambulante, puesto que al igual que se vendían en un carro tirado a mano o por asno la “vivificante” agua de Santa Margarita y las castañas, había los “cafeteros andantes” que eran unos rillotes o jóvenes que cargaban con un casco conteniendo café, con otro en el que llevaban las gotas de licor para disimularle el sabor, y con un hornillo y una mecha por medio de la cual le vendían o “le favorecían” con fuego para el cigarro al cliente.

En los cafés del XIX, que en un político primer momento se creyó que sustituirían a las tascas y las botillerías, se servía café con gotas, de coñac o ron, copas de chartreause y anís, comidas, habanos, vino, cerveza, refrescos y helados en temporada. En algún caso había un apartado dedicado a las mujeres donde sólo se consumían dulces y cremas; lo cual no es óbice para que las jóvenes en edad casadera acompañadas de su madre recibieran las visitas de otras amigas e incluso del pretendiente de turno.

R. Faginas Arcuaz, autor de la Guía-Indicador de la Coruña para 1890-1891, año en que los Picasso llegan a Coruña, escribe que “la Coruña tiene[tenía] muchos y elegantes cafés” y afirma que son dignos de mención: el Del Centro (Calle Real y la Marina, en el edificio que ocupa[ba] el Circo de Artesanos, el Correo (Santa Catalina, 41), Los dos Amigos (San Nicolás, 36), el Español (Santa Catalina, 36), el Europeo (Campo de Sa Agustín, 43), El Imperial (Riego de Agua, 31 y 33), De Madrid (Real, 94), De Méndez Núñez (Real, 83), Del Noroeste (Rúa Nueva, 13), Oriental (Real, 87), Suizo (Real, 17), De la Unión (San Andrés, 198), Universal (San Andrés, 170).

Todos estos cafés aprovecharon la onda del Motín de 1893 para promocionarse, ya fuera por la gracia de enviarles un presente a los próceres presos en Santo Domingo o porque “mayormente” se publicitaron en los periódicos debido a que la gente se había echado a la calle casi tal como si fuera una semana feriada.

No ha quedado constancia de la tertulia a la que pudiera haber concurrido don José Ruiz Blasco. Quizás porque pasó sus cuatro años coruñeses encerrado y con depresión, como advierten los dibujos de Pablito y lo que conocemos, o quizás porque en A Coruña no se encontraba “a modo”. @mundiario