Picasso y A Coruña: los barrios que conoció

A Coruña, ca. 1895. Rúa Nueva y entrada a la Calle Real
A Coruña, 1895. Rúa Nueva y entrada a la Calle Real.
El niño Pablo vivió con gran intensidad el entorno de Payo Gómez y la calle Real, y la playa de Riazor y los jardines de Méndez Núñez, que eran los salones de la ciudad.
Picasso y A Coruña: los barrios que conoció

La ciudad y municipio de A Coruña tiene una forma muy pintoresca; hoy halada y hecha la manicura en casi toda su costa por algunas erróneas planificaciones de los ayuntamientos de turno; trozo a trozo, cala a cala, ensenada y recorte.

En 1891-1895 era una península rodeada por una costa baja, casi un cómaro, pequeñas playas y caletas y el fondeadero; que estaba abrazada por su istmo y en su totalidad por otro municipio hoy anexionado que corresponde al barrio de Oza en su sentido más amplio.

La ciudad tenía un contacto natural con el mar, la pesca y el comercio y la industria derivada ―a modo de ejemplo, varias fábricas de salazón, algunas de las cuales, Ramón Abella, Ramón Peña y Maristany hermanos, se hallaban en la Palloza―; con la agricultura, los jardines y pequeñas huertas de sus casas y alquerías; y con la pequeña industria que fundaron los coruñeses, la gente de la región y la de otras comarcas de España; incluida Francia, Flandes, Alemania, Inglaterra e Irlanda.

A Coruña, en fin, era una villa de una belleza inusual, a la que Ferrant Fischermans y más tarde Lugrís le hacen un pálido reflejo.

Para los efectos del momento en que Pablo Picasso y familia llegan a Coruña (1891), el caserío y su alfoz se dividía en siete departamentos. Mientras que para los proyectos de urbanización los grandes núcleos eran: la Ciudad Vieja; la Pescadería; el Ensanche en el que vive Pablito; el este del Ensanche que incluía Garás ―actual Linares Rivas y su inmediata proximidad―, la barriada de Santa Lucía a cuya parroquia pertenecía la familia de Picasso y que se encontraba al final del Camino Nuevo ―razón por la que el acta de defunción de Lolita se encuentra en la iglesia de Santa Lucía, hoy sita en la plaza de Lugo―, y la Estación del Ferrocarril a Madrid; y el oeste del Ensanche con la Avenida de Rubine y Riazor (que dibuja Pablo) y como última aldea costera, una de las células del municipio, la parroquia de San Roque de afuera que era un Far West en pequeño.

Los arrabales, estuvieran o no incluidos en el municipio y fueran o no los lugares de veraneo y de asentamiento de las villas de recreo de los coruñeses más favorecidos económicamente, eran: la carretera de Garás, la calle de la Primavera, el Lazareto de Oza, el Pasaje, Monelos, el Portazgo, el Burgo, Vila de Rutis, Eirís, Elviña, San Cristóbal das Viñas, Vilaboa, San Pedro, Alvedro y Cambre.

Pablo viajará en los coches de las líneas de diligencia o también, con toda probabilidad, en la calesa de Pérez Costales hasta Sada. En nuestra opinión las mujeres bañándose que Picasso dibuja y que titula Como se bañan las mujeres de Betanzos corresponden a las montañesas y mariñanas que se desplazaban a Sada a tomar las aguas.

En cualquier caso y en aquellos años el pueblo tenía muy poco tiempo para holgar, el transporte era muy caro y la costumbre de los desplazamientos fuera de la parroquia era casi inexistente. El niño Pablo vivió con gran intensidad el entorno de Payo Gómez y la calle Real, y la playa de Riazor y los jardines de Méndez Núñez, que eran los salones de la ciudad. La realidad es que Pablo pisó todos o casi todos los lugares de aquella pequeña villa provinciana que fue la ciudad de antaño.

Recordaremos que A Coruña permaneció viviendo y creciendo al mismo ritmo en que la dejó Picasso, con la inmensa mayoría de las calles sin empedrar hasta la llegada del alcalde Alfonso Molina en la que se iniciaron unos cambios que con el paso del tiempo se desbocaron, y desbarataron las casas y las rúas góticas, las del siglo XVIII y las del siglo XIX en las que Pablo se formó, se divirtió y dibujó. @mundiario

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