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Peter Handke a través de su ensayo sobre el cansancio

"Y lo sorprendente es que allí mi cansancio parecía contribuir aquella paz temporal, ¿amansando, suavizando con su mirada cualquier intento de gesto de violencia, de pelea o siquiera de actuación desabrida?", escribe Handke.

Peter Handke a través de su ensayo sobre el cansancio
Peter Handke. / Clarín
Peter Handke. / Clarín

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Manuel García Pérez

Manuel García Pérez

El autor, MANUEL GARCÍA PÉREZ, es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED. Premio Nacional Fin de Carrera, fue coordinador del área de Sociedad y Cultura de MUNDIARIO, donde actualmente es columnista y crítico literario. Docente, investigador y escritor de narrativa juvenil, su última obra es el poemario Luz de los escombros. @mundiario

Entre la filosofía y la narrativa, Handke recupera a Walter Benjamin en su obra Ensayo sobre el cansancioHandke utiliza el cansancio como un motivo para reflexionar sobre el tiempo, la caducidad de la vida y la razón de ser de cualquier individuo dentro de su realidad, no de la realidad.

Para Handke, el mundo no nos absorbe, sino que nosotros somos ese mundo que está ahí, tan vivo, tan enérgico. Lo paradójico en este ensayo es que el autor se sirve del cuento, la parábola y el aforismo como formas de contar una historia que se va diluyendo con el paso de las páginas hasta convertirse en una especie de inmersión en la realidad como un hecho mínimo, difuso, deleble, como una pincelada o un mero roce.

La vida como cansancio significa haberla vivido con intensidad y también con la desazón del hastío. La creación se presenta entonces en su sentido más kantiano. Porque el cansancio es una actitud ante el objeto. A veces, es vigorosa, otras veces está marcada por la detallada descripción objetiva y estimulante de algunas escenas costumbristas.

El cansancio nos desnuda ante la terrible sinceridad del ser. Las cosas son el cansancio como lo es cada uno de nosotros. Somos la virtud, la cualidad, no un cuerpo, quien mira, quien se deja llevar, quien vive en el letargo de lo inerte, como un objeto más.

Por eso, la muerte es el cese de la contemplación, no la decadencia de la materia. El cansancio vive en nosotros como una manera de estar y de escribir porque la realidad siempre nos abruma.

Reza uno de los fragmentos de esta obra: "Estoy hablando aquí del cansancio en la paz: en el intervalo y en aquellas horas había paz incluso en Central Park. Y lo sorprendente es que allí mi cansancio parecía contribuir aquella paz temporal, ¿amansando, suavizando con su mirada cualquier intento de gesto de violencia, de pelea o siquiera de actuación desabrida?, desarmaba con una compasión completamente distinta a la compasión despectiva que tiene a veces el cansancio de la creación". @mundiario