Papeles de Bloomsbury: una imagen, una sombra, el balbuceo, los espacios

Virginia Woolf./ Getty images
Virginia Woolf./ Getty images

"El lenguaje es un balbuceo. Perder los hilos. Caminar hasta una librería. Beber té", escribe nuestro colaborador acerca de la creación poética.

Papeles de Bloomsbury: una imagen, una sombra, el balbuceo, los espacios

El lenguaje es un balbuceo. La conclusión de una frase proviene de una intención. Los espacios también afectan a las palabras. Insisten en su repercusión. Unas manos se retiran de la mesa. Un libro se cierra.

Alguien que mira evita decir algo. Un pájaro vive al fondo. Que este parque exista depende de su movimiento. De su quietud. De un balbuceo.

Las cosas se evocan y a veces ni existen. Dejemos que Virginia atienda a sus invitados. Sabemos que su lengua está herida. Es un cuerpo. Un dominio. Un bosque tras el incendio.

A propósito; el pájaro, no el mismo, vive al fondo.

Las sendas se mezclan. Todo es confuso en la quietud. Incluso esas manos que una vez acaricié sin intención. Trataba de serenarte, de impedir un pensamiento. La fragilidad permanece siempre a salvo. La fragilidad puede no defenderte. Reclamar una atención mayor.

Perder los hilos. Beber té. Caminar hasta una librería. Leer a Oswald. Pensar la lluvia. Un balbuceo. Tanto tiempo para no dejarse ir.

Esperarte. Que la noche resida aquí. Cerca de un fuego. De este.

Papeles de Bloomsbury: una imagen, una sombra, el balbuceo, los espacios
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