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Papeles de Bloomsbury: alejarse del centro para comprender las palabras

"Pero hay un tiempo y un lugar de la emoción que corresponden a otra cosa, a una letanía insonora que nunca logra escribirse del todo, Virginia", escribe nuestro colaborador de Mundiario.

Papeles de Bloomsbury: alejarse del centro para comprender las palabras
Virginia Woolf./ El Indiscreto
Virginia Woolf./ El Indiscreto

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Manuel García Pérez

Manuel García Pérez

El autor, MANUEL GARCÍA PÉREZ, es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED. Premio Nacional Fin de Carrera, fue coordinador del área de Sociedad y Cultura de MUNDIARIO, donde actualmente es columnista y crítico literario. Docente, investigador y escritor de narrativa juvenil, su última obra es el poemario Luz de los escombros. @mundiario

                                                                                        A Ana Sandoval

Lo que vive reside en el des-centro.

Nada puede mostrarse, si antes no está oculto. Una palabra es una búsqueda en sí. El significante, aquello que suena y resulta, no es más que un agravio.

Pero la conversación es eso, el oprobio, resistir en el oprobio, intercambiar lo que se muestra para subsistir, pero lo que se muestra siempre nos sabe a poco.

Pero hay un tiempo y un lugar de la emoción que corresponden a otra cosa, a una letanía insonora que nunca logra escribirse del todo, Virginia. Y que, sin embargo, está ahí. Que se vislumbra en lo literario, pero ¿qué es lo literario? Lo que no está presente, sin embargo, lo que subyace en aquella intención vivida en un tiempo concreto, que vivifica, que consideramos como un hecho pleno donde las palabras parece que significan de verdad.

Pero luego todo se reduce, todo escapa, todo deja de ser íntegro, único, inédito. Al escribirse, al ser memoria y no olvido, solo es eso, el oprobio nuevamente.

El lector, como el escritor, accede a ese momento de emotividad, a ese espacio inconcluso, más allá de la situación y de los lugares a los que puede asirse.

El escritor se desfonda, pero, en esa profundidad en la que subyace aquello que se busca para expresar en palabra, lo nuevo no se revela, se rebela contra el autor, contra eso que puede llevarlo a ser oprobio, lo tangible. @mundiario