Olivier Messiaen y su pasión por la ornitología como inspiración para sus composiciones

Messiaen y los pájaros exóticos. / loff.it
Messiaen y los pájaros exóticos. / loff.it
Messiaen fue un compositor francés que compaginó su labor compositiva y docente con el estudio de los pájaros: era ornitólogo y desde joven se dedicó a tomar nota en cuadernos de campo de los cantos de los aves.
Olivier Messiaen y su pasión por la ornitología como inspiración para sus composiciones

Messiaen ha abierto las puertas de los desarrollos musicales de mediados del siglo XX, perteneció a una generación intermediaria entre Debussy y Varèse, pasando por Schoenberg y Strawinsky, los cuales crearon un lenguaje musical para la primera mitad del siglo XX, ya que modificaron el uso de los materiales, las duradas, los timbres y las tonalidades, pero también pertenece a esa generación de la segunda mitad del siglo XX que pasa por Boulez, Stockhausen, Xenakis, Ligeti o Nono, los cuales han abierto una nueva etapa de la música en la que ponen en cuestión la herencia de la primera mitad del siglo XX, siendo Messiaen el autor que mantiene algo extraordinario respecto a ellos.

Messiaen representa la mezcla de tradición y novedad, donde la espiritualidad, innovación musical y sonidos naturales, como el de los pájaros, dan a Messiaen un carácter religioso y ontológico.

Cuando abrimos el catálogo de obras de Messiaen vemos que en todas sus obras, en menor o mayor medida, hay religión, ritmo, colores y pájaros. Por ello, podemos decir que Messiaen es el músico de la teología porque la divinidad y la fe del compositor engloban y circunscriben todas sus obras e incluso las hacen posibles, ya que todo el mundo fantástico que genera Messiaen no tiene otra finalidad que alabar a Dios.

Por otra parte, es el músico del color porque el lenguaje armónico de Messiaen relaciona los sonidos con los colores, en la medida en que para el autor un acorde es violeta, rojo o tal vez naranja antes que cifrado según los sonidos que lo componen. Asimismo, el ritmo es algo imprescindible en sus obras, más oriental que occidental, alejado de la armonía romántica occidental tonal, Messiaen abre un mundo nuevo y revolucionario que le permite superar la dicotomía clásica de tensión-relajación.

Y por último, la ornitología, sabiduría que Messiaen introduce en sus obras constantemente, pues ya desde antes de los veinte años a Messiaen le gustaba escuchar a los pájaros, pero nunca comprendió y anotó sus cantos. Para ello le fue necesario realizar serios estudios de ornitología que le permitieron, junto a sus conocimientos de música e inspiración, traducir y crear el lenguaje de los pájaros.

En ellos Messiaen encontró nuevos modelos de melodías, ritmos y timbres de una riqueza y una variedad alejada de toda creación humana. A partir de la Segunda Guerra Mundial, el canto de los pájaros es introducido en su lenguaje musical como un elemento irrenunciable y desde 1950 figuran en abundancia en todas sus obras sin excepción, hasta el punto que podemos decir que la presencia del canto de los pájaros es tan importante para el enriquecimiento sonoro de las composiciones como para el contenido espiritual.

En 1952 Messiaen dedicó una pieza exclusiva a los pájaros, titulada “Le Merle Noir”, en la que el sonido del mirlo negro es el núcleo de la inspiración musical, siendo representado su sonido por la flauta. Aunque ya en la obra Quartor Pour la Fin du Temps  de 1941, Olivier Messiaen utilizó el sonido de los pájaros en el fragmento Liturgie de Cristal, así como en otras importantes obras como la sinfonía Turangalîla  de 1946 a 1948, donde se representa el sonido de los pájaros con el piano, no fue hasta su mayor periodo experimental en el que el sonido de los pájaros deviene el núcleo de su inspiración musical.

Posteriormente, y antes de realizar el Catalogue d’Oiseaux  en 1956, Olivier Messiaen compuso dos obras importantes en las que el sonido de los pájaros es nuclear, Réveil des Oiseaux  en1953 y Oiseaux Exotiques 1956, obras dedicadas a representar los sonidos de los pájaros.

El Catalogue d’Oiseaux es una composición de piano que va más allá de la mera representatividad del canto de los pájaros para alcanzar una cota más en la música de Messiaen. Esta obra, dividida en 13 piezas, cada una de ellas dedicada a un pájaro distinto de las regiones francesas y llevando cada pieza como título el nombre del pájaro de la región escogida, no sólo representa el canto de los pájaros, sino que además se ven envueltas en los sonidos que acompañan a los pájaros en sus hábitats.

Para ello, Olivier Messiaen realizó una asociación por colores específicos realizando marcas de pedal muy meticulosas, así como una homofonía o voz dominante encargada de representar al pájaro en concreto y su entorno. Esta composición que une la naturaleza con el canto del pájaro es una representación más del perpetuo diálogo que es la música para Messiaen, a saber, un diálogo entre el espacio y el tiempo, entre el sonido y el color, un diálogo que da como resultado una unificación manifestada en música.

 

Esta unificación es lo que, en cierta medida, puede llevarnos más allá de nosotros, a lo que, de alguna manera, Messiaen entiende como “divino”, donde la música es la comunicación con lo divino, la música que une los colores, el canto de los pájaros, los sonidos de la naturaleza y la inspiración del autor construyen un mundo cuya totalidad es la expresividad de lo divino. @mundiario

Olivier Messiaen y su pasión por la ornitología como inspiración para sus composiciones
Comentarios