Sobre la obra de Antonia Ferrández Gea, una magnífica aportación a la belleza

Dos obras de Antonia Ferrández Gea
Dos obras de Antonia Ferrández Gea. / Autor.

Cuando observo la obra de Antonia Ferrández Gea, me maravillo de ese espléndido esfuerzo por poner cada día un nuevo objeto bello en el mundo

Sobre la obra de Antonia Ferrández Gea, una magnífica aportación a la belleza

Desde hace algunos años vengo siguiendo la obra de Uryula Puro Arte, marca creada y registrada por Antonia Ferrández Gea, alimentándome con su vocación de luz, de colorido o de sutiles contrastes y de diversa armonía. Es creación pensada para nutrir de belleza al espectador, penetrando en él a través de la mirada, instalando las más revitalizadoras sensaciones.

Las piezas de Uryula Puro Arte se han expuesto, entre otros centros, en la Galería de Arte Montsequi de Madrid, en 2018 y 2019. En 2016, participó en el concurso Loewe Foundation Craft Prize, en la categoría Enamel Work. Su obra se expresa a través de colgantes, anillos, cuadros figurativos o abstractos, máscaras, esculturas planas o cuadros joya, en los que se inserta la figura en relieve de botines o zapatos. Los colgantes están hechos con la incrustación de pequeñitos trozos de plata y colores transparente, con esa operación repetida que busca un efecto de profundidad. En las máscaras se logra la expresión mediante terminaciones de hilos de plata, Swarovski y rocallas. Por otra parte, están sus esculturas, como esa en la que se enmarca una zapatilla acompañada de un corazón en un bolso realizado en cobre.  

La técnica que, mayoritariamente, emplea esta artista es la denominada “esmalte al fuego” de la que ella ha comentado: “No es la más conocida, pero sí de las más antiguas. Yo las he realizado artesanalmente recortando y cincelando, limpiando y esmaltando al fuego a partir de 850 grados centígrados. La interpreto a mi gusto con total libertad dando protagonismo a los colores vivos y duraderos, trabajando con transparentes, ópalos y opacos; cuidando mucho las terminaciones con hilos de plata, rocallas, Swarovski y piel”. Es decir, que la concreción de una intuición estética, la plasmación de su creatividad, conlleva un trabajo que exige una depurada técnica, un sostenido temple, mucha paciencia y emoción.

Uno, a veces, quisiera poder definir la belleza pero entonces se topa con muchos caminos por los que podría salir del paso pero sin obtener en ellos ninguna respuesta verdaderamente primordial. A lo mejor, habría que decir lo mismo que San Agustín que cuando se preguntaba qué era el tiempo, decía: “Si nadie me lo pregunta, lo sé: pero si quiero explicárselo a quien me pregunta, no lo sé”. Con la belleza pasa algo parecido, la reconocemos, pero no sabríamos encontrar el secreto por el que se nos revela a nuestros sentidos y tampoco queremos correr el riesgo de que un científico nos quiera imponer una explicación prosaica. Nos pasa con la obra de esta artista oriolana, que no alcanzamos a averiguar el origen de aquella luz escondida, la conexión humana que traspasa el objeto y llega hasta nosotros; por ello, quedamos prendados de su misteriosa aparición.

Cuando observo la obra plástica de Antonia Ferrández Gea, me maravillo de ese espléndido esfuerzo por poner cada día un nuevo objeto bello en el mundo, mediante composiciones cromáticas y formas que no nos parecen nada aleatorias sino que intuimos su pertenencia a un orden que subyace en cada una de sus sutiles propuestas. Es algo que aprecio ya en ese momento inmediato, en el que descubro la fuerza y la magnitud de una obra; pero también después en el sólido eco que sostiene esa impresión.

Hay en la obra que ofrece Uryula Puro Arte una búsqueda infinita del objeto inopinado a través de incursiones que abren imágenes que se arriesgan pero que se obligan a no resbalar y que alcanzan un sucesivo y pletórico hallazgo. El espectador, desde sus diferentes capacidades sensitivas, puede conmoverse en una íntima celebración. Lo que persigue la autora es aunar el aspecto decorativo, su distinta funcionalidad, con una expresión que supere esa modesta pero amable ambición y sea capaz de destellar un mensaje que afecte al alma del contemplador de tal manera que se sienta traspasado por la luz de una belleza nada banal capaz de impregnar los sentimientos más esenciales. 

Se puede apreciar esta obra diversa como la materialización de un impulso poético, como el surgimiento de una realidad distinta pero no discordante de ninguna pretensión de verdad como una irrupción de lo que acaece y se perpetua para dotarnos de unas partículas del universo que logran, desde su potente humildad, surgir de la entropía y presentarse en nuestro pequeño mundo para resplandecer.  

Alegrémonos de estas presencias artísticas que no están destinadas a ser ofrecidas solo en una privada fugacidad, sino que se brindan como mágicas iluminaciones, como latidos de color sobrevivientes de la grisura circundante, como delicadas materias que viajan en los cuerpos o se detienen en los hogares; y realzan un espacio, avivan un lugar con la llama que disuelve lo mortecino, y se sobreponen en una incandescencia tonificante, un fulgor ya emitido para el camino de la eternidad. La estética que propugna Uryula Puro Arte se aviene a canalizar una energía de fondo espiritual, un lenguaje directo que no puede ser manipulado, que nuestros sentidos dejan penetrar hasta la raíz que enriquece nuestro presente y nos eleva sobre nuestra humana precariedad.  @mundiario

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