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MUNDIARIO

Nueva Esperanza

El relato está referido a un preso político que al ser liberado por los organismos de derechos humanos se encuentra completamente enajenado.

Paloma de la Paz.
Paloma de la Paz.

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Eugenio Tórrez

Eugenio Tórrez

El autor, EUGENIO TÓRREZ, es colaborador de MUNDIARIO. Es docente y decano de la Universidad UPONIC. Escribió una novela corta para el Miami Herald y ganó un concurso de cuento. En los años 90 comenzó a escribir para la prensa de Nicaragua y en la revista Ángel Pobre de la Universidad Centroamericana. @mundiario

Plutarco Secundino, al ver a unos hombres uniformados abrir las oxidadas rejas que crujieron sobre sus goznes, en donde se encontraba detenido, comenzó diciendo como un energúmeno: "Si por cualquier razón se pusieran ustedes a ver una película de Hollywood o del cine español o del francés o del que les de la puta regalada gana en esta mazmorra, en donde me tienen prisionero desde hace un año, tal vez entenderían lo que quiero explicarles ahora. Sólo imagínense que se sientan un sábado acompañados con unas enormes bolsas de pop corn y un vaso gigante de gaseosa a ver muy cómodamente en sus asientos espaciales del cine Trébol una película que se titula Perdidos en la Sangre, cuyo protagonista es un preso político como yo".

La cosa es que la película comienza con un principio como mi detención y se va desarrollando y se desarrolla y se desenrolla y se vuelve a enrollar como un pergamino celestial. Y las tragedias van en abril y los dramas vuelven en marzo como las nubes del cielo, y los idilios de mayo se tejen en tiempos de protesta, y las esperanzas se suceden en verano a cada momento, y los finales se dan en diciembre. Pero no finalizan, hasta que los cinéfilos de pronto comienzan a envejecer hasta quedar completamente petrificados en sus asientos, y de repente los mismos comienzan a rejuvenecer en las butacas, mientras la película continua su viaje entre luces, cámaras, sangre y liberación. Y de pronto en la pantalla empiezan a aparecer todos los cinéfilos como protagonistas, antagonistas, y personajes secundarios que se incorporan al sangriento largometraje y ahora cada uno empieza a ver su propio desarrollo, su trágico final, su sangre, su muerte múltiple, su tragi-comedia, y otros, su metempsicosis, encarnación y resurrección en el transcurrir infinito del desarrollo de la trama, y de pronto  aparecen las reminiscencias de los actores que ya habían muerto con otros nombres , y ahora se vuelven a enamorar, a enfermar y a envejecer, y de nuevo vuelven a morir trágicamente, pero esta vez por culpa de la desobediencia del caudillo.

Y  la sangre en la pantalla vuelve a inundar todo el futuro de los niños, de los jóvenes y de los ancianos, y las mujeres mueren al parir la sangre del cogito ergo sum de casa presidencial. Y aparecen las niñas en la pantalla jugando al macho parado de sangre, y las jóvenes se bañan desnudas en la piscina de sangre de la casa roja de los pueblos, y la sangre va y la sangre viene rodando como un pétreo balón de Sísifo. Y de repente, la sangre se les viene encima en 3- D, llenando a todo el partido de gobierno y los ortodoxos corren a construir barcas para escapar hacia la mítica Venecia de la conciencia ensangrentada, para atravesar por el Sena la febril catarsis del inconsciente colectivo de la torre de Eiffel que se encuentra anegada de sangre y culpa. Y en un espejismo, los heterodoxos miran en lontananza los desiertos de tentación de sangre y el fratricidio cometido en nombre del culto a la personalidad y el stablischment y las dunas de nueva esperanza que se yerguen dignamente con el dromedario sol de verano, y de pronto de la pantalla sale la sangre y empieza a inundar toda la sala Chaplin, porque el cine Trébol quedó deshojado por  la  sangre virtual de los fanáticos que ya murieron y que mueren a diario muertos de miedo por el apoteósico final que les espera y por los que comienzan a desfallecer por el amor al gran capital, y de los que faltan por morir intelectualizados en el ser y el tiempo.

Y la película continúa su viaje de dimensión desconocida y por conocer hacia otras latitudes, hacia otros aciagos tiempos, hasta llegar a una época oscura y perdida, y de pronto de una de las butacas aparece el olvidado personaje Raskolnikov que se pone a gritar histérico porque ya no aguanta más el vértigo del silencio: "Me muero, me muero, paren esta maldita sangre". Y levantándose de su lugar, corre sintiendo a la muerte blanca de sangre  en sus entrañas que lo obliga a exclamar: "¡Señor, sálvanos, que nos hundimos con todo y sangre, en el infinito Ser sangriento de tu film!",  y de inmediato empieza a vomitar el vómito rojinegro y seco de la resaca de la sangre coagulada que lo conduce a aceptar que la vida es en sí un largometraje del servicio militar, y que al mando no se le cuestiona y que el respeto y la obediencia es determinante en esta guerra espiritual de nuestra existencia, en donde nunca nada está definitivamente dicho, porque si quieres mandar no te lo tiene que revelar ni carne ni sangre para poder hacerlo. Porque la vida es una bala circular que gira y rueda buscando a quien aniquilar o herir si te equivocas.

Y de repente, una estruendosa voz le dice con imperio: "¿Quién es el que manda aquí hijo? ¿No eres acaso el guardián de tu hermano?". "Tú, tú, Señor, tú eres el que manda aquí, allá y por donde tú digas", le responde el hombre, que se encuentra pálido de tanto vomitar. Y de inmediato, todos los demás cinéfilos del gabinete de gobierno salen de su sopor al descubrir el secreto, al aceptar que todos se encuentran equivocados, con problemas y sin autoridad, y con el corazón contrito y humillado aceptan que "al Director Sabaot no se le puede engañar" , y en cuanto todos declaran esto, quedan curados y de inmediato, al unísono, aceptan la voluntad del que era, del que es y será por siempre diciendo: "Lo que diga el director, lo que diga el productor, lo que diga el escritor, lo que diga el creador".

Y de pronto, como por séptimo arte de magia roja, la película llega a su final feliz y todos salen de las negociaciones contentos sacudiéndose la sangre de hermanos que los tenia enajenados y sin esperanza, y que ahora los hace sentir -como se dice popularmente- "jodidos pero contentos",  al saber que alguien tiene el control de la película de sangre de la tragedia de mi amado país, les terminó diciendo Plutarco completamente enajenado a los organismos de derechos humanos, mientras era liberado y conducido de emergencia por la cruz roja internacional en una parihuela al hospital más cercano. @mundiario