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MUNDIARIO

Nostalgia y presentimientos de fuga en La dona del bosc, de Miquel Català

Escribe el poeta Miquel Català en su nuevo libro: "un bon dia despertes, et mires a l´espill i no et reconeixes, has deixat moltes coses pel camí".
Nostalgia y presentimientos de fuga en La dona del bosc, de Miquel Català
Miquel Català y La dona del bosc
Miquel Català y La dona del bosc

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Manuel García Pérez

Manuel García Pérez

El autor, MANUEL GARCÍA PÉREZ, es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED. Premio Nacional Fin de Carrera, fue coordinador del área de Sociedad y Cultura de MUNDIARIO, donde actualmente es columnista y crítico literario. Docente, investigador y escritor de narrativa juvenil, su última obra es el poemario Luz de los escombros. @mundiario

El poeta valencià Miquel Català explora la claridad y la oscuridad del bosque como una metáfora de la propia existencia.

Se hace tan difícil a veces escribir sobre lo que no se debería, especialmente cuando un poemario como La dona del bosc, de Miquel Català, se resuelve de una forma tan auténtica y emotiva.

En este nuevo libro, su poesía desnuda refleja la angustia de quien teme la fugacidad, pero al mismo tiempo la agradece. En su nuevo poemario, un sello juanramoniano parece disgregarse en cada poema, un tributo incluso a Margarit en una pregunta continua que interroga por el sentido de estar aquí, en este mundo, en este tiempo.

La dona del bosc nos traslada a esa epifanía de lo sagrado dentro de la mundanidad, no entendida solo como realidad misma, sino como una percepción privada y personal del poeta respecto a un mundo que le produce el vértigo de la inmensidad inasumible e inabarcable: " (...) ja despunta la vida/ l´esclat de claror/ tèbia, tènue, calidoscópica/ ametlers en flor per la costera/ adornen la lloma del ventre unflat (...)" (pág. 22).

Las olas, la arena, la vegetación, la ausencia de juventud, el tiempo que nos queda, entre otros instrumentos, articulan esa precisa y literal controversia entre el hombre que escribe para nada y ese otro que sabe que, en la escritura, puede alcanzarse, redimirse, manifestar su insurrección contra las rutinas. Por esa razón, su poesía es epifánica: " home dual/ terra dual/ dual el cel/ somni dual/ dualitat arreu/ emig de tot/ caerca d´equilibri" (pág. 21).

Y, sin embargo, una segunda parte del poemario, "Llibre de viatges", parece inaugurar un regreso a la armonía, al orden que procura el propio caos de la literalidad al inicio del poemario, y ese caos con el que nos ha brindado Miquel su elocuencia sobre la mundanidad hallamos una eclosión de estímulos, lo que, en palabras de San Agustín, remite a una estética manifiesta. Pero ahora son los lugares concretos, los monumentos, las avenidas, los trasvases, los centros urbanos, entre otros, los que posibilitan que el poeta esté aquí, con los otros hombres, nada ajeno al existir del otro o de esa persona a la que se ama: "fusió de fronteres/ la selva del seus ulls/ la lluna ens il.lumina/ fusió en plenitud" (pág. 41).

Su insurrección radica ahí en adentrarse en Dionisos para concluir en lo apolíneo, en lo que nos hace sociales y políticos: "una dona bosquimana prega al cel aigua de pluja al desert de Kalahari (...) el temps passa i tot es fa/ vell/ rovell/ novell/ el rocam/ la brosta" (pág. 46).

Finalmente, "Malgrat tot", la tercera parte con la que concluye el poemario, es esa fusión entre lo dionisíaco y lo apolíneo. Ahora el bosque, la noche, las hojas muertas, los cipreses, por ejemplo, son referentes que nos involucran en una concepción de esa mundanidad inspirada en la necesidad que tiene el autor de fundirse con aquello que es propio del ser, de su ser: arboledas, amor, lluvias estivales, rosas rojas: "que serà de mi sense els pètals de rosa, què serà de mi sense els besos ardents, què serà de mi sense la teua màgia, què serà de mi, què serà de mi ..." (pág. 57).

No he podido evitar leer en estos versos ese hondo cuestionamiento del vivir verdaderamente en el mundo como lo escribían algunos poetas ingleses como Yeats o el propio Seamus Heaney, como si en ese contacto continuo con "el bosc" hubiese una posibilidad de salvación, de alejamiento, de extinción, de alivio; y así lo deja de manera explícita en su último verso: " el clar del bosc com una salvació".

Enhorabuena, Miquel. @mundiario