Nora Cristina García, autora de La señorita Berta: "El humor es mirar la vida desde otro lugar"

La señorita Berta, de Nora García. / Velasco Ediciones.
La señorita Berta, de Nora García. / Velasco Ediciones.
La autora, abogada, escritora y correctora literaria, se une a la colección Nuevas Letras Hispanoamericanas de Velasco Ediciones.
Nora Cristina García, autora de La señorita Berta: "El humor es mirar la vida desde otro lugar"

La señorita Berta es la primera novela de Nora Cristina García - "la primera publicada", interpela la autora - editada por Velasco Ediciones para su colección Nuevas Letras Hispanoamericanas y a la venta en todas las librerías españolas.

— El humor, destilado por la mirada inocente de una niña de 10 años, es el ingrediente por el que pareces apostar en la novela. ¿Casi como queriendo emular a Quino con su Mafalda?

— Bueno.. no, esa pretensión no la tengo porque es imposible emular a Quino. Lo que sí es cierto es que a mí siempre me gusta escribir desde el lado del humor y desde el punto de vista de un narrador inocente o ignorante. Nunca me gusta escribir desde la sabiduría. Yo creo que no tengo que enseñarle nada a nadie. Lo que yo escribo siempre es desde ese lugar: del que no sabe, el que quiere averiguar, el que mete la pata, el que es gracioso a pesar de… En la novela nadie quiere ser gracioso pero hacen cosas tan disparatadas que resultan cómicos en su inocencia.

— En el espacio literario suele primar más el drama que el humor, sin embargo, te atreves con esto último.

— Existe una realidad y es que todos sufrimos de las mismas cosas, pero no todos nos reímos de lo mismo. El humor es muy complicado y cambiante. Yo sigo mucho las enseñanzas de Cortázar que decía que había que diferenciar muy bien el humor de el chiste, porque el chiste es instantáneo, en cambio en el humor todo lo escribes en minúsculas, decía él. No es querer hacer el chiste, sino mirar la vida desde otro lugar. Y es que el humor es una cosa muy seria.

— ¿Hay algo de autobiográfico en la novela?

— No. Lo único parecido es yo conocí al general Onganía de la manera en que está presentado en la novela, a través del diario Clarín, un domingo en la mañana. Le pregunté a mi papá: "¿y este quién es?" Era un hombre con esos sombreros que se ponían los militares y tenía un bigote muy grande, negro. Él me contestó: "Onganía, el presidente". Yo le pregunté: "¿es bueno?" y me dijo: "más o menos". Eso es lo único que tiene relación con mi vida, todo lo demás es pura ficción.

Existe una realidad y es que todos sufrimos de las mismas cosas, pero no todos nos reímos de lo mismo. El humor es una cosa muy seria.

— Escribía Vicky Rego, colaboradora de MUNDIARIO, que la época en la que se circunscribe la novela, años 68 en Argentina, ha sido tratada tantas veces en literatura y cine que el tema perdió interés. ¿Por qué elegiste esta época para enmarca la novela?

— Me pareció que dentro de lo que fueron las dictaduras de Argentina, si bien esta fue muy fuerte, no fue tan sangrienta como el último golpe militar del 76. Meterse en el 76 era algo mucho más complicado porque fue algo mucho más doloroso y las consecuencias todavía  palpitan. En cambio, la dictadura de Onganía que era muy pretenciosa porque él se quería quedar veinte años y estuvo en realidad dos, fue una dictadura, en todos los sentidos, un poco más benévola y, como ha pasado mucho tiempo, también se puede ver con más rigor histórico porque las cosas que son más cercanas son más difíciles de abordar. Además, en el 68 yo tenía esa edad de la protagonista de la novela, no tenía ni idea de política pero en mi casa no se vivía con la intensidad que se marca en el libro. Por ejemplo, la narradora tiene un padre militante, que no era mi caso. Pero podía ver la situación desde esa época y en ese lugar. Yo no estoy contando la dictadura de Onganía, es nada más que un marco histórico pues lo más importante es lo que les pasa a los personajes y las peripecias.

— Tocas muchos palos en la novela: la política, la religión, el sexo, la familia… ¿Esta novela puede molestar a alguien?

— No lo sé, no me puedo hacer cargo, se hará cargo el molestado. En cualquier caso, cuando uno escribe, cuando un escritor se compromete con la realidad que lo circunda, tiende a interpelar al Gobierno, al sistema, a las injusticias, a lo que está mal..., es decir, uno no escribe para congraciarse con el poder; al escribir surge una crítica hacia cuestiones injustas que tiene este mundo.

Cuando un escritor se compromete con la realidad que lo circunda, tiende a interpelar.

— La señorita Berta es tu primera novela publicada, ¿cómo fue el proceso de creación?

— Yo estaba en un taller literario y acudía todos los miércoles. Empecé a escribir un cuento, que fueron las primeras cuatro o cinco hojas de esta novela. El coordinador me animó a seguir y todos los miércoles empecé a llevar tres, cuatro páginas. La historia fue cobrando vida. A mis compañeros les gustaba y me fui metiendo en la historia. Tardé un año y medio en terminarla. Después la corregí, la trabajé con otros escritores… Uno tiende a enamorarse de lo que escribe y es un error; parece que está todo muy lindo y no es así. Fue una hermosa experiencia.

— Qué importante también es tener una buena base lectora para cualquier escritor.

Fundamental. Si no tienes una gran base lectora no puedes escribir. La literatura nace de la literatura. Cuando se ven autores de, por ejemplo 26 años, ya editados, uno se pregunta ¿qué leyó?. Hay carencia, ese es el problema. Por eso, los autores, en general, son gente más mayor, porque todo escritor se tiene que formar.

— ¿Estás con tu próxima novela?

— La tengo escrita, ahora hay que ver si me la van a publicar. Trata sobre la crisis del 2001 en Argentina. Es la historia de una chica que empieza a trabajar en una veterinaria cuando se desata la crisis del 2001, la cual fue tremenda porque se incautaron los depósitos, dejó de circular el dinero, se crearon nuevos billetes que tuvieron distintos nombres según la región. El peso argentino dejó de circular y circulaban otros que se llamaban lecops, patacones… En medio de esta crisis, esta chica y la dueña de la veterinaria deben pensar cómo llevar este negocio adelante. La historia, por tanto, se centra en esta chica y sus circunstancias. Ahora, lo costoso es que a un editor le guste, que vea que tiene una veta económica… @opinionadas en @mundiario

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