Nacho Carretero: "Yo no me he jugado la vida escribiendo Fariña"

Nacho Carretero. / Público
Nacho Carretero. / Público

"La prohibición judicial me afectó mucho como periodista, me causó una gran frustración y enfado el hecho de que mi trabajo, mi esfuerzo por ser riguroso y serio, fuera prohibido de un plumazo", dice el periodista. / Entrevista

Nacho Carretero: "Yo no me he jugado la vida escribiendo Fariña"

Nacho Carretero consiguió traspasar el periodismo de investigación y su libro –Fariña– fue adaptado a una serie en la plataforma Netflix. Desde diciembre puede verse su adaptación en los teatros de Madrid. Su libro, como en su día American Psycho o el Código da Vinci, fue censurado e incluso retirado del mercado, en este caso, por orden judicial. El Roberto Saviano gallego responde las preguntas de MUNDIARIO.

– Fariña ha sido uno de los libros españoles de más éxito de los últimos años. Se adaptó a una serie disponible en Netflix y ahora desde diciembre podemos disfrutarla en el teatro. ¿Qué le ha parecido el espectáculo teatral?

– La idea del espectáculo teatral parte del actor y productor Xosé Touriñán, que me propone durante una cena que hagamos la adaptación. A mí me pareció una magnífica idea desde el primer momento y me embarqué en mi primera aventura como productor teatral. Creo que la obra es estupenda, hemos aprovechado las herramientas que ofrece el teatro para contar la historia de Fariña de una forma completamente distinta, única. Con música, humor, sátira, interacción con el público, drama... Es una experiencia que no tiene nada que ver con el libro ni con la serie, que cuenta con un elenco excepcional y una dirección por parte de Tito Asorey, excelente. 

– Contar la verdad, y más en España, tiene sus consecuencias. Su libro fue secuestrado y dejó de estar a la venta durante un tiempo. Supongo que esto afectaría positivamente a las ventas. En menor medida el llamado "efecto Streisand" también me favoreció a mí. Mucha gente admite haber comprado Fariña precisamente porque el juez quiso requisarlo, ¿no?

– Es inevitable. La prohibición judicial me afectó mucho como periodista, me causó una gran frustración y enfado el hecho de que mi trabajo, mi esfuerzo por ser riguroso y serio, fuera prohibido de un plumazo. Eso afecta a la credibilidad como periodista, es muy desagradable. Todo ello no es incompatible con una realidad: un secuestro de un libro hace que la gente sienta curiosidad por él y aumenten las ventas. He de decir que en el caso de Fariña, antes del secuestro, ya estábamos más que satisfechos, tanto la editorial como yo: se habían vendido 40.000 ejemplares y estaba a punto de ser estrenada la serie, que ya estaba hecha. 

– Según se extrae de su texto, Sito Miñanco no es más que una mala fotocopia de Pablo Escobar. Le imitaba incluso en el bigote. Creo que hay una especie de atracción por el glamour y lo cinematográfico común a todos los capos narcos. ¿Qué opina a este respecto?

– No creo que Sito quisiera imitar a nadie en concreto, pero hay puntos en común entre este tipo de figuras. Son personas con mucho poder, con vidas que parecen sacadas de películas. Y tienen sus egos, muchas veces tan grandes que suponen su perdición. 

– Quería entrevistarle porque este año publicaré un libro de temática parecida, Narcoturismo. Trato de diferenciarme de la mayoría de los académicos e investigadores utilizando solo entrevistas directas (como esta) y recurriendo únicamente a fuentes primarias. Fariña también tuvo que tener un gran proceso de documentación de fuentes primarias porque se nota pero ¿cuáles fueron las fuentes secundarias de mayor interés?

– Bueno, no sé exactamente a qué se refiere con fuentes primarias o secundarias. Puedo contar en qué me apoyé yo para escribir Fariña. De base, en la realidad en la que crecí. Lo que me empujó a escribir Fariña fue, sobre todo, la necesidad de contar una realidad gallega algo tabú. A partir de ahí, los mimbres del proyecto los forman la hemeroteca y las entrevistas con inmensos periodistas gallegos que durante años cubrieron sobre el terreno este fenómeno. Después, localicé y entrevisté a las decenas de protagonistas que conforman esta historia. 

– Desde que Roberto Saviano publicó Gomorra dice que ha tenido que vivir oculto y llevar siempre escolta. ¿Se ha sentido usted amenazado? ¿Desde Fariña ha podido llevar una vida normal?  

– No he sido amenazado de ninguna forma ni me he sentido intimidado. El volumen de violencia del narcotráfico gallego no es comparable al de fenómenos como el de la Camorra. Yo no me he jugado la vida escribiendo Fariña.

– Según algunas fuentes el cártel de Medellín pagó al Gobierno de Felipe González la cantidad de 30 millones de dólares para la liberación de los capos Jorge Luis Ochoa Vázquez y Miguel Rodríguez Orejuela, quienes estaban encarcelados en la cárcel de Carabanchel, donde como sabe conocieron a Sito Miñanco. ¿Le consta a usted este hecho?

– No, a mí no me consta. Yo escribo en Fariña que tal afirmación se recoge en un libro de memorias del hijo del jefe del cartel de Cali titulado 'El Ajedrecista'. Solo me hago eco. Felipe González negó esta acusación hace años. 

– ¿Qué relación cree usted que han tenido los narcotraficantes colombianos con el régimen castrista? Se dice que Pablo Escobar se relacionaba con los Castro (sobre todo con Raúl) a través del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez.

– No tengo ni idea. Mi conocimiento del narcotráfico colombiano se limita a sus vínculos directos con los narcos gallegos y todo lo que eso supuso para Galicia. 

– Y, por último, tras el éxito de su libro le habrán llegado a usted suculentas ofertas para la publicación de otros. Sin embargo continúa usted fiel a la editorial independiente del K.O. ¿Qué es lo que más le gusta de la editorial?

– Libros del KO es una editorial que cuida los textos y respeta a sus autores. Además, sus dueños son mis amigos, y a los amigos hay que guardarles lealtad. @mundiario

Quién es Nacho Carretero

Redacción.- Nacho Carretero (A Coruña, 1981) empezó trabajando en redacciones y después huyó para ser freelance. Ha publicado en todo medio escrito que se le ponía a tiro, desde Jot Down al XL Semanal pasando por Gatopardo o El Mundo. Escribió sobre el genocidio de Ruanda, sobre el ébola en África, sobre Siria, sobre su tía Chus y hasta sobre su amado Deportivo de La Coruña. Actualmente es reportero en El País. Contar la historia del narcotráfico gallego era un sueño periodístico enquistado en su cerebro desde que era un neno, explica también su editorial. @mundiario

 

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