Muerte en el Tibidabo por Francisco J. Martín

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Black Mask.

En los próximos días presentaré algunos escritores noveles que han hecho del crimen su especialidad. En colaboración con MUNDIARIO y cada dos días aparecerán historias cortas y atrevidas al estilo de True Crime de los años 30 (y con portadas de 10 céntimos de dólar). ¡Que lo disfruten! J.re Hoy con ustedes.

Muerte en el Tibidabo por Francisco J. Martín

Lucas subía andando hacia su casa, tan sólo eran unos 50 metros desde la cercana parada del Tranvía Blau, ya era de noche y la humedad existente hacia que la luz de las farolas creara un halo amarillento. La noche estaba fría y Lucas, bien abrigado, volvía a su casa después de una larga jornada de trabajo como asesor financiero en su despacho de la Avinguda Diagonal en Barcelona.

Vivía con su mujer en una lujosa casa-palacete de estilo modernista en una calle adyacente a la Avinguda del Tibidabo. Aunque disfrutaban de una buena posición, tanto económica como de relaciones sociales, últimamente le estaba dedicando mucho tiempo al trabajo; demasiado tiempo según su esposa. Tenía unos horarios un poco especiales, erráticos, y aunque su esposa no quería ni pensarlo, en más de una ocasión le costaba creer que realmente estuviera trabajando o en alguna reunión.

A Marie, una bella mujer francesa, no le faltaban ojos que la miraran cuando salía de paseo o iba al centro de la ciudad, era muy elegante y se relacionaba con la “creme de la creme” de la burguesía barcelonesa, era frecuente verla por las mejores boutiques del Paseo de Gracia o tomando un refresco en algunas de las cafeterías de la zona de la Bonanova. En los cuatro años que llevaban casados nunca había flirteado con ningún otro hombre, más allá de algún cruce de miradas interesante. Era una mujer segura, que tenía mucho mundo y era capaz de comprender casi todo, todo menos que la engañaran.

- ¿Qué tal como ha ido el día? —preguntó Marie

- Muy liado, mucho trabajo, con una gran cantidad de peticiones de informes especiales sobre todo de IMP-EXP ABZ. Menos mal que la tarifa que aplico es la más alta y lo notaremos en la facturación. —respondió Lucas

- Eso está bien, pero ¿seguirás trabajando así? Me gustaba más cuando podíamos aprovechar la tarde para dar un paseo hasta el Funicular y subir al Tibidabo, y ver las vistas de Barcelona al atardecer. Además, tampoco necesitamos grandes facturaciones, nos lo podemos permitir. —argumentó Marie

- Es cierto, pero es difícil decirle a tu mejor cliente que no vas a poder hacer lo que te pide justo cuando más lo necesita. —concluyó Lucas

- ¿Cenamos? —preguntó Marie, contrariada, para cambiar de conversación.

Desde hacía unos meses, Lucas seguía muy de cerca la cuenta de una de sus principales empresas clientes ya que le pedían continuamente estudios financieros e informes de auditoría sobre un sinfín de operaciones. A él no le parecía nada mal ya que aumentaba su facturación de forma notable, aunque reconocía que no era una situación normal, no veía la necesidad de tanto informe. Dicha empresa, IMP-EXP ABZ, estaba dirigida por Montse, una chica alta, morena, con preciosos ojos verdes y muy atractiva, que había salido de la nada y se había abierto camino en el mundo empresarial de Barcelona hasta llegar a ser la Directora de una de las principales empresas de importación-exportación de mercancías de la ciudad. Tenía muchos contactos, y hasta algunos “tentáculos” en los bajos fondos dado que vivió su juventud en la zona cercana al puerto donde operaban algunas pequeñas mafias y el “estraperlo” era el pan de cada día. En su vida había tenido relaciones con hombres de lo más variopintos, algunos muy atractivos, otros con poder y dinero, y hasta alguno con mucho encanto, pero nunca se había quedado prendada de ninguno de ellos. Pero conoció a Lucas, y sin saber cómo, estaba loca por él y hacia todo lo posible para que pasasen juntos el mayor tiempo posible, inventándose la necesidad de informes y asesoramiento para infinidad de operaciones de su compañía que, realmente, sabía que no iba a realizar. Con ello tenía a Lucas cerca, “a tiro” para utilizar todas sus armas.

Al día siguiente, Lucas salió de casa para ir a su despacho y cogió el Tramvía Blau dado que tenía el coche en revisión desde hacía dos días y no le apetecía conducir el “coche de sustitución”, prefería utilizar ese tranvía tan nostálgico por unos días. La jornada transcurrió con la normalidad habitual, es decir, sin que marido y mujer se cruzaran una sola llamada, y ya por la tarde casi anocheciendo Marie entró en casa se cambió de ropa y se sirvió un vermouth rojo con hielo. Cada día que pasaba estaba alargando las salidas por la tarde, era consciente de que no hacerlas no supondría encontrarse antes a su marido. Se acercó al ventanal del salón que daba directamente a la calle, a la altura de un primer piso, desde donde se divisaba buena parte de la ciudad,

“Cada día me gusta más ver esta imagen de Barcelona”, —pensó

Conectó la TV, cogió una revista y se dirigió hacia un cómodo sillón de cuero antiguo desde donde disfrutar de la vista. Justo antes de sentarse vio parar un coche en la calle, enfrente. Aunque no lo veía claramente debido a los árboles situados en las aceras, su silueta y su color rojo le hicieron pensar que se trataba de un modelo deportivo. Se quedó quieta y curioseó un poco, no era muy normal ver coches aparcados en esa calle ya que todos los vecinos tenían garaje y no había establecimientos comerciales,

 “Quizás han acompañado a alguien a casa”, se imaginó Marie

Se fijó en que se veía el parabrisas delantero y que una mujer conducía, al lado había un hombre en camisa y corbata. Parecía que no se querían despedir a juzgar por las caricias y los besos que se estaban dando con pasión. No paraban de moverse hacia uno y otro lado, pudo ver que ella era morena y en uno de los movimientos de la pareja quedó al descubierto la cara del hombre,

- ¡No puede ser! ¡Parece Lucas! —masculló Marie

“Serán tonterías, ¿Cómo va a ser Lucas?”, pensó, quitándole importancia

Al poco se bajó del coche el hombre quien, despidiéndose de su amiga, se dirigió hacia otra casa de esa misma calle, y el coche se fue.

- Que desfachatez, que situación más vejatoria para su familia, si llegar a ser Lucas…” —dijo para sí en voz baja

Marie no comentó nada de lo que había visto cuando al cabo de unos veinte minutos apareció su marido. Tuvieron una conversación habitual y monótona, cenaron y a dormir. Su relación de pareja estaba decayendo día a día desde que Lucas cambió su horario laboral, apenas hablaban de sus cosas, sólo cruzaban vagas pinceladas de lo ocurrido en el día. Pero Marie no estaba dispuesta a que su vida se fuese diluyendo de esa forma y pensó en seguir a Lucas, o quizás fuese mejor contratar a un detective para que lo hiciera. Si se aseguraba que lo suyo era realmente trabajo lo afrontaría mucho mejor que si se trataba de una cuestión “de faldas”.

Pasó todo el día siguiente dándole vueltas al asunto y llegó a la conclusión de que debía hacerlo. Ya de noche en casa, mientras esperaba a Lucas sentada en su sillón favorito se percató de que había un coche aparcado enfrente, parecía el mismo del día anterior y no le dio importancia aunque no apartó la vista. Vio de nuevo a la pareja en su larga despedida, esta vez se fijó más en cada detalle y vio claramente a Lucas, estaba segura. No podía soportar aquella humillación a escasos metros de la puerta de su casa, el duro impacto de aquella visión la volvió loca por un instante, fue a su habitación, cogió su revólver calibre 22 de la mini caja fuerte de su mesilla y se lanzó a por ellos escaleras abajo.

Al día siguiente un periódico de sucesos abría su primera página con la siguiente noticia:

Hallan el cadáver de un hombre y una mujer en una empresa

Los Mossos d’Esquadra investigan la muerte de un hombre y una mujer, cuyos cadáveres han sido hallados con evidentes síntomas de muerte violenta. Los Mossos d’Esquadra han iniciado una investigación para tratar de averiguar las circunstancias de la muerte de ambas víctimas, así como para hallar pistas para identificar y detener al supuesto autor o autores del crimen.

Esa misma mañana desayunaba con Elena, una antigua y buena amiga que estaba al tanto de lo que estaba sufriendo Marie, y mientras ojeaba un diario súbitamente se le encogió el corazón al leer la noticia, se quedó paralizada y se le vino a la mente su actuación de la noche anterior,

“Menos mal que al bajar anoche y salir a la calle vi como el hombre que se bajaba del coche no era Lucas, menos mal, sino las noticias serían de otra pareja y yo estaría en la cárcel o muerta” pensó sofocada Marie.

- ¿Qué te pasa? ¿Qué has visto ahí? —le preguntó Elena que había visto como de repente Marie palidecía

- Espera, deja que respire —respondió

Con cierta ansiedad le contó a su amiga lo ocurrido la noche antes, y ésta le dijo que se estaba empezando a obsesionar demasiado con sus imaginaciones.

- ¡Tengo que hacer algo! ¡No puedo seguir así! —exclamó calladamente Marie

- He pensado hasta en seguir a Lucas, pero no me veo con fuerzas —dijo

- ¿Y un detective? —preguntó Elena

- También lo he pensado, y quizás sea lo mejor, tienes razón, no podría soportar toparme con alguna escena amorosa —concluyó Marie

Elena le guiñó un ojo y sacó su móvil donde tenía una agenda muy completa en la que encontró a su amigo Pere, antiguo inspector de policía que dirigía una agencia de detectives. Tras mostrarle el contacto y pedirle permiso a Marie con un gesto, lo llamó y le contó lo que ocurría, después le pasó el móvil a Marie y tras una breve conversación quedó para verse con Pere al día siguiente, a las 10 de la mañana, en las oficinas de Detectives Meridiano sitos en la Ronda Universitat.

Elena siempre había utilizado esa agencia para temas mercantiles, pero sabía que también llevaban casos de infidelidad conyugal, y estaba segura de que su amigo no la defraudaría. @mundiario

Muerte en el Tibidabo por Francisco J. Martín
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