Mis lecturas de 2021… y de siempre

Libros de investigación / Pixabay
Libros de investigación / Pixabay

Solo pretendo dar a conocer mis lecturas para que la juventud que quiera aproximarse a ellas sepa las razones que me llevaron a descubrirlas.

Mis lecturas de 2021… y de siempre

Escribo esto porque cierto día, en 2021, uno de mis alumnos me hizo una pregunta que, a primera vista, podía parecer simple, pero que en realidad era profunda y podía ser respondida en un libro de varias páginas o en una charla de varias horas. La pregunta era: ¿Qué debemos leer?

Para el lector empedernido, la cuestión adquiere relevancia sobre todo si se toma en cuenta que el tiempo de que disponemos en esta tierra es limitado. Y no solo limitado, sino además escaso. Por otro lado, creo que, así como existe una técnica para la escritura, elegir los libros para leer también exige un criterio más o menos técnico, el cual desembocará en el almacenamiento mental de una cultura de valor.

Ahora bien, no quiero que se piense que lo que digo en este texto constituye el canon de lecturas imprescindibles al que todo buen lector debe acudir, y se me tilde, por tanto, de pedante. Nada de ello. Solo pretendo dar a conocer mis lecturas para que la juventud que quiera aproximarse a ellas sepa las razones que me llevaron a descubrirlas.

Debo reconocer que fui un lector tardío; comencé a leer en serio y de manera sistemática a los diecisiete años, pues hasta entonces mis intereses habían estado totalmente enfocados en la pintura y el dibujo. Por aquella época, leí las Cartas a un joven de quince años, de Fernando Diez de Medina. En una de las epístolas, referida a qué se debe leer, el escritor boliviano aconseja al joven quinceañero mirar hacia atrás en vez de hacia adelante; o sea: guiarse por los mayores faros del pensamiento antes que por las novedades, las cuales, aunque puedan ser buenas, son desconocidas, y leerlas, por tanto, constituye un riesgo. Y ése, el mirar hacia atrás, es el parámetro que yo, caro lector, he seguido a lo largo de mi vida lectora.

desde Platón hasta Nietzsche

Tratar de leer el canon universal: desde Platón hasta Nietzsche, desde Esquilo hasta Pirandello, desde Homero hasta Victor Hugo, desde Boccaccio hasta Gabriel García Márquez. (Digo tratar porque la inconmensurable cantidad de literatura de primer nivel y consagrada hace que una vida humana sea insuficiente para leerla). Si leo a todos ellos, sabré que no estoy perdiendo el tiempo, pues esos autores, aunque a veces difíciles (como Kant), percibieron la esencia atemporal del ser humano. Leerlos, en consecuencia, nos proporciona herramientas intelectuales y espirituales que sirven hoy, en siglo XXI, y que también servirán sin duda en el XXII. Pero este criterio de selección tiene una desventaja: se ignora a las voces más creativas de nuestros tiempos. Por eso es bueno también dar cabida a las plumas más serias de nuestros días: una novela o un ensayo de Rosa Montero, por ejemplo, siempre es una buena alternativa. Eso sí, sugiero evitar todo lo que constituya filosofía posmoderna o arte amorfo (música atonal o poesía dadaísta, por ejemplo), que son, creo, ensayos humanos fruto más del sinsentido que del intelecto y la creación armónica.

También aconsejo leer algo de ciencia, ya sea ciencia pura (si se tiene aptitud para ella y no resulta un quebradero de cabeza) o divulgación científica. En este último campo, hay mucha y muy buena literatura: Stephen Hawking, Carl Sagan, Michio Kaku, etc. Asimismo, aconsejo leer literatura religiosa y mística. Ésta nos acercará hacia lo inmaterial pero imperecedero. Últimamente, debido a los fenómenos tecnológicos contemporáneos y las corrientes ateas y agnósticas, el ser humano está más materializado y menos espiritualizado. Hace poco compré una buena edición de los Upanishads, que incluye la versión original en sánscrito. Aún no la leí, pero los símiles con el credo cristiano que encontré en ella a la primera hojeada, son sorprendentes. Y por último, recomiendo el libro por excelencia, el más leído en todos los tiempos: la Biblia.

Y lo último y, probablemente, lo mejor: biografías. Las biografías me han servido como un estímulo integral. En ellas no solamente descubrí cómo actuaron los grandes científicos y artistas en sus momentos de esplendor, sino, y sobre todo, cómo respondieron a las adversidades y fracasos de sus vidas. Una buena biografía es siempre la mejor opción cuando no se sabe qué género elegir. @mundiario 

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