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MUNDIARIO

Mendigar por actuar, mendigar por mostrar

La gestión de espacios y programación dificulta el acceso de los artistas al público en la sociedad actual. Criterios abstractos de clasificación de la cultura hacen de filtros invisibles para comprender toda la diversidad de creación que actualmente se genera.

Mendigar por actuar, mendigar por mostrar
Evento cultural l aire libre. / Zhifei Zhou. / Unsplash
Evento cultural l aire libre. / Zhifei Zhou. / Unsplash

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Javier Fernández Mariño

Javier Fernández Mariño

El autor, JAVIER FERNÁNDEZ MARIÑO, es colaborador de MUNDIARIO. Es informático y director de la Compañía de Teatro Noite Bohemia, así como director de escena. Es secretario de Cultura del PSdeG - PSOE de A Coruña. @mundiario

“Porque, como las paga el vulgo, es justo / hablarle en necio para darle gusto”, me encanta Lope de Vega, y me gusta su obra, pero más me maravilla, el don para entender a la sociedad de su época y hasta me atrevería a decir de todas las épocas.

Vivimos en un mundo donde las tasas de analfabetismo en Occidente han bajado radicalmente. Lejos queda ya, la gran masa de población sin escuela que se levantaba cada mañana sin saber si iba a poder meter algo en el estómago y que, en su lista de prioridades, era trabajar, llevar el pan a la mesa y básicamente, sobrevivir. Esa fue la sociedad de nuestros abuelos y de muchos de nuestros padres, una sociedad dónde los espectáculos, el teatro, la música y otras artes eran bienes superfluos para el ser humano, objetos de consumo, sólo para las clases adineradas y la burguesía.

La segunda mitad del siglo XX en Europa y más tarde en España trajeron una democratización de las artes, y un mercantilismo de ellas. Desaparece el mecenazgo y aparece el artista como propio vendedor de su obra, ahora ya no te pagan para que hagas arte, haces arte para que te paguen y así poder vivir de una manera digna y legítima.

Pero la acción a poder exponer y visualizar tu obra, puede volverse muy dura y frustrante.  Los espacios habilitados para ellos son generalmente externos al creador, y en manos públicas o privadas, teniendo para ello, que pasar una selección del personal, “autorizando competente”, que de facto, se vuelve el filtro a pasar: ¿Qué montaje puede ir a su teatro?, ¿Qué orquesta puede representar en su auditorio? o ¿Qué tipo de danza se contemplará? Viéndose muchas veces a los profesionales del sector, llamando, mendigando, de puerta en puerta, pidiendo solamente una cosa, “Poder mostrar, lo que mejor saben hacer”.

Por eso no nos engañemos, solamente contemplamos las pinturas, el teatro, el cine y la danza, que eligen que veamos; y nos muestran posiblemente solamente la punta del iceberg de la creación artística que hay, en este país y en otros muchos países.

Hay películas maravillosas que nunca han estado en un cine, músicos estupendos tocando en cualquier calle, teatro espectacular que nunca habrá pisado un gran teatro y que nunca lo harán. La gran mayoría de los espacios de visualización artística son una televisión, dónde sólo hay un canal, que ya han elegido por ti y que nunca te dejan cambiar.

Las Instituciones Públicas deben trazar una línea de socialización de la cultura, devolviendo los espacios para su uso y disfrute de los artistas, que son junto con el público, los que alimenta sus usuarios finales. No ser el juez, jurado y verdugo de lo que puede ser visto o no.

La creación cultural es la columna vertebral de lo que muchas veces nos une como seres humanos, porque sí es arte, sí es cultura, es universal.

Esperemos precisamente, que sea por fin, el vulgo que las paga, el que pueda ver sin filtros, cómo le hablan en necio para darle el gusto. @mundiario