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MUNDIARIO

María Utrilla, escribir en los márgenes de Instagram

"Hay editoriales que te preguntan dónde vives, cuántas redes sociales tienes, cuántos seguidores tienes. Lo que quieren es publicar tu libro para que se lo vendas a los amigos", confiesa la esccritora.

María Utrilla, escribir en los márgenes de Instagram
María Utrilla. / Miriam Melero
María Utrilla. / Miriam Melero

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José An. Montero

José An. Montero

El autor, JOSÉ AN. MONTERO, es periodista, geógrafo y trabajador social. No siempre en este orden. Profesor de Didáctica del Medio Social y Cultural en la Universidad de Castilla-La Mancha. Máster en Marketing (UNED), Comunicación Corporativa (UB-Les Heures) y Gestión Cultural (UB-Les Heures). Director del laboratorio creativo MakingUCLM y de la revista cultural Espacies. Comparte historias en Radio Diferencia y en Diálogos en el Iberia. Siempre en el camino. @mundiario

María Utrilla persiste, insiste y resiste. Es el signo de los tiempos. Comparte edad con escritoras de éxito en las redes sociales, pero no es escritora de novelas de amor y fantasía, aunque los editores se empeñen en explotar su pelo rubio y sus ojos azules. Lo único que puede ocurrir es que se lleven una patada (verbal) en pleno centro de dolor. María Utrilla es más de historias crudas, impredecibles y desconcertantes contadas con ironía salvaje.

Graduada en Humanidades y con un Máster en Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual por el Museo Reina Sofía. Nació con la crisis de principios de los noventa y ha vivido su juventud resistiendo. Vive sus primeras experiencias en un mercado laboral descorazonador. Lo raro sería que escribiera historias de princesas, aunque haya quien lo haga.

Su historia es particular, pero es un retrato generacional de un grupo de escritores que arañan las puertas de la supervivencia. No habla por nadie, pero es una voz más de unos jóvenes que hacen sátira cruel del nihilismo existencial que nos hemos empeñado en meterles la cabeza. No está dispuesta a que nadie se crea en el derecho de interponerse en su camino.

Tras su primera novela ‘The Heaven” en la que consiguió asfixiarnos en la deep web y su libro de relatos de suspense radical al que tituló  ‘Bajemos la luz’, acaba de publicar su tercer trabajo “Cosas de chiquillos”. Una joven, que podría ser ella, vuelve a Madrid en el coche de un amigo después de una noche de fiesta. Un accidente de tráfico y una desaparición desatan una cadena de malas decisiones, que va metiendo a la protagonista en una historia tan verosímil como angustiosa.

Cosas de chiquillos. / Miriam Melero

Cosas de chiquillos. / Miriam Melero

— ¿Una historia de gente jodida?

No. Es una historia de gente a la que le ocurren cosas que pueden pasarle a cualquiera. Que tome las decisiones menos acertadas en el momento más peligroso, lo que nos puede acabar convirtiendo en las personas que no queremos ser.

Todos pensamos en qué nos hubiera ocurrido si hubiéramos reaccionado de otra manera en un determinado momento, o las consecuencias de habernos tomado la venganza por nuestra mano. Seguro que habría muchas decisiones de las que nos lamentaríamos.

— ¿Por qué cosas de chiquillos?

Tuve muchas dudas con el título, no soy escritora de títulos. El editor me convenció de que esta vez había acertado. A veces cuando hablamos de cosas de chiquillos, parece que les restamos importancia y no somos conscientes de que las cosas que nos pasan de pequeños se van a proyectar en nuestro futuro.

— ¿Una novela a toda velocidad?

Es una novela veloz que ocurre en sólo 6 horas vividas a toda velocidad, en la que una persona carga con su presente, pero también con sus recuerdos. Una historia contrarreloj que nos encierra en una atmósfera mucha más opresiva al crear un ambiente en el que se pueden cometer errores constantemente, que hay prisas y tenía ganas de hacerla. Van muy rápido las cosas en la novela. No hay tiempo de respirar.

— ¿Qué ha cambiado en María Utrilla desde su primera novela hasta ‘Cosas de Chiquillos’?

Cuando publiqué ‘The Heaven’ todavía no había terminado la carrera. Nunca he sido de planificar mucho las cosas. Cuando eres más joven y empiezas, te preocupas más, le das más vueltas, te comes la cabeza. Ahora voy más a lo mío y mucho más tranquila.

— ¿Cómo funcionan las tripas de literatura?

Las tripas de la literatura son un poco feas diría yo, en España está muy complicada la cosa. Vas a una feria del libro y encuentras los mismo libros en todas las casetas. Solo hay espacio para los primeros.

Lo primero que tienes que aceptar cuando te pones a escribir, es que una editorial es una máquina de hacer dinero, de hacer mucho dinero y sólo piensan en cuánto dinero les vas a aportar. Eso te obliga a estar siempre aportando contenido nuevo, estar presente en muchos sitios, buscar tus propios lectores en las redes.

— Parece que un escritor tiene que dedicar el 80% de vuestro tiempo en hacer promociones, videoblogs y más cosas.

Con mi primera novela, otras escritoras de mi edad me decían “vamos a quedar, te hago dos fotos y te voy a poner en mi blog si te hace ilusión” y echabas la tarde tranquilamente. No te preocupaba demasiado, porque eras estudiante y no tenías la preocupación de buscar una salida laboral.

Lo de promocionar tu literatura en los blogs y en las redes sociales tiene un problema, y es que están orientadas a un público juvenil. Las redes sociales están llenas de autores orientados a ese público. Es un mundo muy limitado en el que es muy difícil estar si no haces historias de fantasía y amor.

Hay editoriales que te preguntan dónde vives, cuántas redes sociales tienes, cuántos seguidores tienes. Lo que quieren es publicar tu libro para que se lo vendas a los amigos.  Te presentan ese mundo como una gran oportunidad y está muy focalizado en un target muy pequeño. Convertir eso en dinero es muy complicado.

— ¿A dónde camina María Utrilla?

Me gustaría seguir escribiendo y lo seguiré haciendo, para mí es una necesidad. Últimamente me están metiendo los perros en danza para sacar un cómic y estoy trabajando en aprender a escribir guiones. El tema es buscarse la vida y seguir escribiendo. A ver que se puede hacer.