Madres Paralelas y la memoria histórica
La productora El Deseo y Pedro Almodóvar apuestan una vez más por mostrarnos la abrumadora realidad, de una manera en donde lo simbólico siempre pone en riesgo al imaginario para tocar la súbita cotidianeidad de manera profunda, intuitiva generosa poniendo énfasis en la mirada femenina no como un como un capricho o un estereotipo si no como el sentimiento vital de lo que significa ser mujer.
Madres Paralelas es sensible, profunda, cercana. Esperemos la crítica de los expertos. Pero creo se necesita sutileza y corazón para entenderla. Ni los ortodoxos del cine ni los superfluos la entenderán porque la apuesta es de largo aliento no es cualquier cosa hablar de la memoria histórica de manera honesta y esperanzadora como lo hace Almodóvar, sin mover las más fuertes sensibilidades, porque la historia es identidad y el paralelismo es hondura, un tema no muy gustado en nuestros días de ligereza y convulsión. Apuesto que con el tiempo será una película de obligatoria visita de esta temática. En la que centro este análisis. Después de todo historia es inconsciente.
La cinta convoca a la justicia transicional como un proceso mediante el cual una sociedad confronta las graves violaciones a derechos humanos cometidas en el pasado, con miras a restablecer el Estado de Derecho, construir la paz, procurar justicia para las víctimas y asegurarse de que las atrocidades perpetradas no vuelvan a tener lugar. Este proceso busca dar vuelta a la página de una historia marcada por los atropellos, no sin antes saldar las deudas pendientes y aprender las lecciones correspondientes.
Almodóvar muestra los ejes de la justicia transicional son la verdad, la reparación de los daños, las garantías de no repetición, la justicia en sí misma y el derecho a la memoria. Sin el cumplimiento de uno de estos grandes pilares, la justicia transicional se encuentra incompleta, pues cada uno de estos depende de los otros, como lo hacen los derechos humanos entre sí.
Con una trama que atiende a lo cotidiano, Madres Paralelas llama a el derecho a la memoria que implica que todos los integrantes de una sociedad tengan acceso al conocimiento de los hechos sucedidos en el pasado, no sólo desde una perspectiva oficial, sino desde una verdad reconstruida a partir de los testimonios de los diversos actores involucrados.
Almodóvar sabe que cumplir este derecho no sólo significa que tal verdad haya sido contada y se encuentre expuesta o resguardada en documentos o plataformas, sino que además sea difundida bajo el principio de máxima publicidad. No sólo es obligación del Estado facilitar la reconstrucción de esta verdad, permitiendo que sean las víctimas las propias narradoras, sino también procurar que ésta sea pública y accesible para las generaciones presentes y venideras.
La memoria como proceso mental implica el acopio, la clasificación y la significación de la información que nos habita como individuos y como colectivos. Se habla de memoria consciente e inconsciente de las poblaciones, pues lo que constituye nuestro pasado puede estar presente de forma visible, peor también latente y de todo ello una vez más da cuenta Almodóvar para suerte y deleite de nosotros huyendo de las banalidades.
La relación entre memoria y olvido es innegable, pues ambos son parte de un mismo proceso que construye prácticamente un binomio matemático. El olvido en sí mismo no es malo —de hecho, en muchos casos es incluso necesario y beneficioso—, sin embargo, la memoria constituye en este marco la imagen del devenir ya conocido en el que no queremos volver a aterrizar, así como el mapa de ruta que nos llevó a cometer y permitir los errores del pasado.
En Madres Paralelas, Janis – como su nombre es eco de una época – nos enseña que conservar la memoria significa conservar la promesa de no permitir las atrocidades antes cometidas. Significa también guardar el recuerdo de quienes fueron privados de la vida y mantener con ellos el compromiso de que sus sucesores no serán blanco de tratos similares. En suma, el derecho a la memoria constituye un pilar simbólico en la lucha de la humanidad en contra de la injusticia, la inequidad, la discriminación y la violencia. Guardarlo significa reconocer que conocemos ya las peores facetas de nuestra historia y que no estamos dispuestos a vivirlos otra vez.
La memoria se construye de manera colectiva, como también la verdad. Cualquier intento de generarlas sólo desde el discurso oficial constituye un atentado contra estos propios derechos. Todos los actores involucrados deben ser partícipes de estos procesos de reconstrucción, lo que es tanto como decir que no existe una sola verdad, sino que existen tantas como personas se vieron afectadas por los hechos. La memoria es un proceso comunitario, tanto en su construcción, como en su resguardo y su difusión a ello se abocan los viejos pueblerinos de la película. Y la maternidad será el símbolo de esa vigencia. Sólo así se conseguirán combatir los largos años de verdades oficiales utilizadas en detrimento de la verdad y la justicia. Son las propias víctimas las que con sus palabras deben reconstruir los hechos, permitiendo que sus comunidades y el país entero tengan acceso a su visión de las violaciones cometidas.
De este modo, permitir que las y los olvidados de la historia, incluso de la reciente, sean quienes tomen la palabra, contribuye a la consolidación de una sociedad más justa e incluyente, que se niega a una sola voz a permitir que las atrocidades del pasado vuelvan a tener lugar.
La única forma de tolerar la memoria es cuando trasciende en testimonio haciendo vigente no solo el recuerdo si no la posibilidad de la trascendencia y la incorporación de lo vivido como un todo si menoscabo del perdón, pero no el olvido y con la posibilidad de incorporar a la historia el rejuego entre el pasado y el presente desde la posibilidad de la inclusión absoluta y el fin de la denegación en este caso de la justicia y a ello encamina una de las tramas de Madres Paralelas. Hay mucho Almodóvar del histórico, pero ahora con una mirada mas honesta y reitero llena de expectativas.
Reátegui Carrillo, F. (2012). Verdad, memoria y democracia en sociedades en transición. En La justicia y las atrocidades del pasado. Teoría y análisis de la justicia tradicional (pp. 299 - 324). México: UAM/Miguel Ángel Porrúa.