Luchando contra el feminicidio en Ciudad Juárez: una realidad que persiste

Elena Ortega, la autora del libro, junto a Malú García Andrade.
Elena Ortega, la autora del libro, junto a Malú García Andrade.

La estrategia del gobierno mexicano es minimizar el incontrovertible hecho del feminicidio que se está cometiendo en Ciudad Juárez desde 1993.

Luchando contra el feminicidio en Ciudad Juárez: una realidad que persiste

A través del libro de Elena Ortega, De regreso a casa, me he acercado al drama de los feminicidios en Ciudad Juárez. La periodista española recoge los testimonios de las principales activistas así como de algunas autoridades. Las mujeres que iniciaron el movimiento contra ese hecho trágico, recurrente, que ha ido golpeando a la población desde 1993, y que ha sido tan a regañadientes reconocido por el inoperante y corrupto gobierno mejicano, fueron, en un principio, Norma y Malú. Las dos son la madre y la hermana de Alejandra, desaparecida en 2001. Cuando fue descubierto su cadáver, como en todos los casos, presentaba señales de brutales torturas. Marisela es otra de las mujeres más activas en esa asociación que bautizaron con el nombre de Madres con hijas de regreso a casa.

Malú y Norma, a causa de las amenazas y de los atentados milagrosamente fallidos a los que se han enfrentado durante estos últimos años, están actualmente exiliadas en México DF. Marisela tuvo que irse a vivir a El Paso, al otro lado de la frontera, en Estados Unidos. Con el fin de colaborar en el reportaje que está realizando la autora del libro, Norma y su hija vuelven temporalmente a Ciudad Juárez. No hace mucho tiempo, la vida de Malú estuvo en serio peligro en dos ocasiones. Primero fueron cinco balas disparadas a bocajarro, una de las cuales se quedó a escasos centímetros del corazón; más tarde, sufriría un brutal ataque con una navaja. Pero nos cuenta la víctima: “Me sacaron del hospital a los diez días porque amenazaron con matar a un enfermero por cada día que me quedara allí.”

La idea que tienen estas mujeres doloridas es la de que todos esos asesinatos perpetrados contra ciudadanas jovencísimas - previo secuestro y abusos en la prostitución - están tapados o protegidos por las autoridades corruptas. Al principio, iban a pedir explicaciones al gobernador: “En la última visita nos dijo que nos olvidáramos del tema, que seguramente nuestras hijas no eran tan buenas como nosotros suponíamos, que llevaban doble vida…”

La estrategia del gobierno mexicano es minimizar el incontrovertible hecho del feminicidio que se está cometiendo en Ciudad Juárez desde 1993: “Siempre actúan igual: encuentran muchos cuerpos, los esconden y los van entregando poco a poco para que no sea tan escandaloso. Se niegan a reconocer que hay asesinos seriales en la ciudad.” Estas luchadoras lo tienen claro: “Detrás de estos homicidios hay una jerarquía, un grupo misógino que disfruta torturando a las mujeres y que lo hace porque puede, porque tiene poder.”

“Alejandra fue violada por varios hombres, torturada durante varias horas, tenía la cara desfigurada, numerosos huesos rotos.” A Malú le preguntan: “¿Sientes odio hacia los que os trajeron tanto dolor?” Y responde sin dudar: “Sí, muchísimo y lo tendré siempre. Me da mucho coraje por todo lo que cambió mi vida y porque sé que los asesinos de mi hija están en la calle.” Norma nos cuenta que tardó seis meses en poder volver a relacionarse con el género masculino: “Comprendí que no todos los hombres eran iguales. Incluso con mi nieto Kaleb me pasaba que lo miraba y pensaba: Ay, mi hijo, qué pena, crecerás y serás igual que ellos.” Tras trece años, ha aceptado tratamiento psicológico al asumir el estrés postraumático que padece. Otra víctima del daño infligido a su hija, que trabaja en un sanatorio mental, nos dice: “Muchas mujeres llegan aquí después de haber sufrido abusos y no haber podido superarlo. Al final su rabia y su dolor se transforman en obsesión, y de ahí a la locura solo hay un paso. “

El recorrido de la asociación no es nada fácil. Ante una de sus primeras reuniones, un periódico titula: “Se juntan viejas chismosas para gritarle al fiscal.” Cuando los familiares acuden a presentar una denuncia, la policía no les hace caso si no van acompañados de un representante legal. Malú estudia Derecho para ser más útil. Marisela cuenta que, durante los preparativos, recibían amenazas para que no llevaran a cabo la caravana de concienciación de la denuncia en la que todo el pueblo debía participar: “Me intentaron secuestrar. Dos agentes de gobernación vinieron a por mí. Me preguntaban y me decían que por qué hacía eso si yo no tenía una hija desaparecida. El procurador de Justicia también me amenazó cara a cara.” Utilizaban a sus hijas como modo de amedrentarla. Finalmente tuvo que irse a vivir a El Paso la mañana en que vio claramente que iban a matarla: “Mi vida allí era maravillosa. Mi marido es académico, yo maestra, buenos sueldos, una casa ideal, unos hijos fantásticos…y mira cómo se tuerce la vida.” En realidad, a Marisela se le torció la vida de forma absoluta. Varios miembros de su familia fueron asesinados. Primero mataron a su yerno. Su caso nunca se investigó. Mariela no sabe si lo mataron por lo que iba diciendo ella o por lo que dijo su marido o por las críticas de su marido al Plan del Gobierno.

Desde muy joven, a Malú le tocó vivir la vida de otra manera: “Cuando salía de fiesta con los compañeros de mi clase no lo pasaba bien. Me parecían frívolos, superficiales, relajados; para mí, ellos y sus problemas eran lo peor. Hablaban de ropa y yo pensaba: en estos momentos hay una mamá que está llorando por su hija, está sola y desconsolada.” Pero la vida también sería muy distinta y difícil para sus hijas. Una de ellas cuenta que, en cuanto empezaron las amenazas, sus amigas dejaron de hablarle, pero: “En DF es distinto. Los amigos se han acostumbrado a la escolta. Al principio temía hacer amigos y después perderlos.” La vida sigue siendo distinta para ellas, insegura, a pesar de que el gobierno les ha alquilado una buena casa.

En 2010, Ciudad Juárez fue considerada la ciudad más violenta del mundo. En los últimos tiempos han descendido los feminicidios, desde 306 en ese año hasta 93 en 2012., y en 2016 fueron 25 los casos. Algo – poco -  se ha hecho para limpiar la policía de elementos corruptos, para profesionalizarla. Pero la violencia generalizada en Méjico no cesa. El último caso más sangrante es el de esos reivindicativos estudiantes desaparecidos.

Según un informe de 2013, en ese país, el 47% de las mujeres ha sufrido en algún momento violencia física o sexual.  El menosprecio y la discriminación hacia la mujer están tan arraigados que el 15% de los hombres consideran apropiado el invertir menos en la educación de las hijas. El 22% las considera no aptas para los puestos de responsabilidad. Una cuarta parte de los hombres encuestados afirmó que la causa de las violaciones radica en la conducta provocativa de las mujeres.

La conjunción de la delincuencia común - muy agravada por el narcotráfico - y una fuerte tendencia machista generalizada, va a ser difícil de erradicar. El miedo es un paralizante de la rebelión. Como nos dicen estas heroicas activistas: “La impotencia llega después, cuando la familia prefiere no denunciar a la banda de secuestradores por temor a represalias y en lugar de esto optan por huir de la ciudad e intentar iniciar una nueva vida.” Este libro terminó de componerse en 2014 y se publicó en 2015. Busco en Internet las noticias posteriores. Quiero saber si aún están vivas estas valientes activistas. Y sí, pero Malú García sufrió un atentado el 26 de enero de este mismo año. La noticia finalmente dice así: “En estos momentos, ella se ha resguardado en un lugar cercano a la zona industrial, sin embargo, comenta por medio de un mensaje de voz que teme por su vida”. Al día siguiente dio una conferencia que está en Internet. Allí narra exhaustivamente su última grave experiencia de atentado y, llorando, lee los mensajes que, posteriormente, recibió en su móvil: “Aquí no te queremos”. Pero, a pesar de todo, como sigue diciendo Malú, ellas nunca dejarán la lucha: “Mientras haya una madre gritando en Juárez yo voy a estar allí: en persona, desde la distancia, por teléfono…como sea, eso da igual, pero como pueda las voy a ayudar. Ellas lo saben y lo agradecen mucho.” Hay que vencer el desaliento, porque, como escribe Elena Ortega: “Descorazonador es una palabra suave para definir lo que se está viviendo en México. “

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