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MUNDIARIO

Los abatimientos del pesar

François Sureau articula en El camino de los difuntos tal férreo imaginario de la culpa que uno difícilmente se suscita indiferente tras la lectura, si acaso perturbado entre trabas morales y abatimientos del pesar.

Los abatimientos del pesar
El camino de los difuntos. Detalle de la cubierta. / Editorial Periférica.
El camino de los difuntos. Detalle de la cubierta. / Editorial Periférica.

Marcus Daniel Cabada

Escritor y filólogo.

Hay hechos de naturaleza tan particulares que inevitablemente nos ligan a escoltarlos, congregando en ellos un temor por el que, aun conocedores de su devenir, nos sabremos ostentados tras su tiempo, sin poder diferencial. Leo en esos términos El camino de los difuntos (Periférica, 2015), una obra de índole autobiográfica en la que François Sureau nos programa en torno a las vicisitudes de la condición humana, del perdón o de un sentimiento de culpa que, en su amplitud, se motiva en subrayar el conflicto de qué relevancia debiera sustraer la justicia moral de lo que se cree contra la maquinación de su sentencia.

Lo cierto es que la vulnerabilidad siempre parte de desacreditarse en lo moral para exponerse a la tan bestia moderna: el olvido de nuestras causas, o nuestro descompromiso con ellas

La escritura, de cuidadísimo fervor y en acentuación con la precisa brevedad de la novela —39 páginas—, le conjura a uno en la entraña cierto bruñimiento de animadversión hacia sí mismo, imprevisible ante un ritmo narrativo in crescendo en el que la necesidad del deber actúa contra la corrosión como conciencia del miedo. El lector reconoce que en la causa de su existencia también hay cierta narrativa de crimen, ignorada frecuentemente o en fuga, pero tan excepcional desde el remordimiento. ¿Pero cómo hacer soportable la pesadumbre del arrepentimiento sobre la zozobra? En los procesos del tormento no hay fantasmas menos imaginarios que los que, fuera de la materia de invención, se nos descorchan en torno al desasosiego de nuestro llanto para hacernos parte de esa disciplina que será la vida en el pesar: tan fiera y previsible, tan inquietante y turbadora.

François Sureau articula en El camino de los difuntos tal férreo imaginario de la culpa que uno difícilmente se suscita indiferente tras la lectura, si acaso perturbado entre trabas morales y abatimientos del pesar. Ése es el fundamento primordial de la literatura: aislar en la mar a quien se sopese marino hasta que, en su soledad, ya no lamente la cobardía de creerse vástago de la tierra, o deseoso de tornase lo que no era. Y lo cierto es que la vulnerabilidad siempre parte de desacreditarse en lo moral para exponerse a la tan bestia moderna: el olvido de nuestras causas, o nuestro descompromiso con ellas. @mundiario