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Licencia Poética, una propuesta diferente sobre ensayo y poesía

La editorial ARS POETICA edita el tercer número de Licencia Poética, una revista de ensayo de una gran calidad literaria.

Licencia Poética, una propuesta diferente sobre ensayo y poesía
Licencia poética, de ARS POETICA./ A.S.
Licencia poética, de ARS POETICA./ A.S.

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Ada Soriano

Ada Soriano

Poeta y escritora. Nacida en Orihuela el 30 de diciembre de 1963. Codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Es autora de dos plaquetas y cinco libros de poesía. Colabora en MUNDIARIO

El pasado año, coincidiendo con el solsticio de invierno (2017), la editorial ARS POETICA publicó el primer número de Licencia Poética: una revista de ensayo que goza de una gran calidad literaria y un diseño gráfico elegante. La revista está al cuidado de Ilia Galán como Director Editorial, Ignacio Méndez-Trelles Díaz como Director Gerente, y a quien se ha sumado recientemente José Manuel Suárez con el cargo de subdirector de la misma.

En el primer número, que lleva por título POESIA, un concepto difícil, encontramos artículos de Enrique Gracia Trinidad, Ignacio Gómez de Liaño, Pedro Lecanda Jiménez-Alfaro, Álvaro Muñoz Robledano, Iván Gonzalo, Ilia Galán y Jesús Urceloy.

Justo a los tres meses, en los albores de la primavera, pudimos disfrutar del segundo número, LOS VERSOS TORCIDOS DE DIOS, El malditismo en la poesía, que cuenta con artículos y ensayos no menos interesantes de Fernando Sánchez-Dragó, José Luis Zerón Huguet y Pedro García Cueto, entre otros.

Muy recientemente, con el solsticio de verano, se publica el tercer número, POESÍA EN EL EXTERMINIO, con el subtítulo Auschwitz, no hace mucho, no muy lejos, tomado del nombre de la gran exposición que puede verse en Madrid acerca de lo ocurrido en este campo de exterminio. La muestra, al haber obtenido un gran éxito de público, se amplía hasta el próximo 7 de octubre.

En el editorial, explica José Manuel Suárez el origen de este nuevo número y nos describe el contenido del mismo: “Hemos pretendido abordar de forma monográfica un tema concreto y del que poco se ha dicho todavía: la poesía escrita en Auschwitz, en los campos. No sobre, o después de, sino en”. Una iniciativa oportuna, sin duda, aunque quizá en un futuro sería conveniente dedicar un número de Licencia poética al impacto del Holocausto en los poetas españoles. Aprovecho la ocasión para recomendar dos títulos imprescindibles: el extenso poema La cabellera de la Shoá (Bartleby Editores, S.L., Madrid, 2015) de Félix Grande y el reciente poemario La palabra muda (Ediciones El Gallo de Oro, Bilbao, 2018) de Antonio Enrique.

Una vez leído el editorial encontramos dos poemas de Shmuel Refael Vivante que dejarán huella en el lector: “Quiero ser un sistema de alarma contra incendios, (…). Este verso, por ejemplo, es el comienzo de un poema francamente inquietante.

A continuación, Mercedes Monmany nos sorprende con un sincero y conmovedor ensayo dedicado a “Los poetas de Auschwitz”, en el que rinde un más que merecido homenaje a las poetas Gertrud Kolmar y Nelly Sachs, junto a Else Lasker-Schuller y Rose Ausländer, estableciendo entre ellas una alianza perdurable, sin olvidar a Itzhak Katzenelson o Miklós Radnóti. Y cómo no, recuerda al célebre poeta Paul Celan.

Mercedes Monmany es escritora, crítica literaria, editora y traductora. De sus obras, destaca especialmente Ya sabes que volveré. Tres grandes escritoras asesinadas en Auschwitz: Irène Némirovsky, Gertrud Kolmar y Etty Hillesum.

Seguidamente, José Manuel Suárez nos muestra unos textos de suma importancia extraídos del prólogo y la introducción de la obra: Un grito en el silencio. La poesía sobre el Holocausto sefardí: estudio y antología, de Shmuel Refael Vivante, quien afirma que “en los últimos años la voz de los supervivientes sefardíes se ha ido haciendo más fuerte”. Asimismo, podemos apreciar un estudio profundo y minucioso de poemas sustentados en el sufrimiento: “(…) Se trata de poesías escritas por aficionados, en su mayoría anónimos, que no eran poetas de profesión o de vocación y cuyas obras resultan ser únicas en el corpus general de la poesía escrita en judeoespañol (…)”. Se refiere a León Hagouel, Into Shimshi, David Haïm y Haïm Refael. Cita, además, unas palabras (concernientes a la poesía y al canto en los campos de exterminio) de Esther Refael, superviviente de Birkenau: “Por las noches, después de un día entero de trabajo, volvíamos un grupo de griegas al bloque, muertas de cansancio; y entonces, para rememorar la hermosa vida de casa cantábamos todo tipo de canciones (…).

Shmuel Refael Vivante cursó estudios de Literatura hebrea y Filosofía en la Universidad de Tel-Aviv y dirige el Instituto Salti para el estudio del Ladino. Es fundador de la revista israelí Ladinar. Actualmente es correspondiente de la RAE.

José Manuel Suárez, autor de varios libros de poesía, ofrece un ensayo estremecedor acerca de la vida y la obra de Itsjok Katzenelson; una poesía que se sustenta tanto en el miedo como en el coraje. Explica Suárez: “El libro que Katzenelson escribió en el campo de concentración tiene este título enorme: El canto del pueblo judío asesinado. (…), un libro que merece la pena estar en todas las manos amadoras de la gran poesía”.

Además de este trabajo reivindicativo, José Manuel Suárez da a conocer el prólogo de su libro El grabador de sílabas. Muerte y reparación de Paul Celan; prólogo que lleva por título En un oscuro tiempo de estrellas, al que le sigue una porción de esta obra: un poema coral basado en la vida del poeta rumano y en el que intervienen, en esta muestra, mediante la imaginación y el buen hacer de J. Manuel Suárez, el propio Celán, es decir, el “Yo”, junto a Nelly Sachs, que pone el broche final a esta revista de lujo.

Y no se me pasa por alto la perfecta simbiosis que hallamos entre música y poesía; un impecable análisis elaborado por José Ramón Ripoll titulado Rebeldía y resistencia desde una poética musical: el cuarteto para el fin de los tiempos. No le falta razón a Ripoll: “(…) Si a veces el poema es generado a partir de una célula rítmica o melódica, la música se eleva y encuentra su desarrollo a raíz de un pensamiento poético (…)”. El autor del conocido cuarteto para clarinete, violín, chelo y piano -una de las composiciones de música de cámara más bellas creadas en el pasado siglo- es Olivier Messiaen, que cayó prisionero de los alemanes cuando prestaba sus servicios como enfermero en el ejército francés. Messiaen fue internado en un campo de prisioneros cercano a Görtlitz, en la frontera con Polonia. Allí coincidió con otros tres músicos: Henri Okaka, Jean Le Boulaire y Etienne Pasquier. Emotivo es el testimonio del propio compositor: “Jamás he sido escuchado con tanta atención y comprensión. (…)”.

José Ramón Ripoll es escritor y musicólogo además de fundador y director de RevistAtlántica de poesía. Autor de varios libros de poemas, ha publicado numerosos artículos, ensayos y monografías literarias y musicales. Ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio de Poesía Rey Juan Carlos (1983) y el Internacional de Poesía Fundación Loewe (2017).

Deseo finalizar mi escrito con unos versos de la sección titulada Escribieron y murieron en los campos, (algunos poetas). Dicho apartado, que precede al mencionado artículo de Ripoll, es realmente turbador. Se publica un poema por cada autor o autora junto a una breve nota biográfica de cada uno de los poetas seleccionados. Los poemas están versionados por Carlos Morales salvo Pequeña elegía, de Jirí Orten, traducido por Clara Janés.

He escogido la primera y la última estrofa del poema Miedo, de Eva Picková, a quien asesinaron en el campo de concentración de Theresienstadt. Tenía tan solo catorce años.

“El miedo no deja de extenderse por el gueto.

La terrible enfermedad libera nuestro espanto.

Su fría guadaña agita de nuevo la muerte,

y todos temblamos bajo su afilada sombra. (…)

¡Pero no, Dios mío, no, nosotros queremos vivir!

No queremos que nada asole nuestras filas.

El mundo es nuestro, y queremos labrarlo.

Tenemos mucho que hacer como para morir ahora.