La libertad de la herida, de María Pizarro

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Portada de La libertad de la herida / Gema Albornoz

La editorial Iruya ha editado e impreso “La libertad de la herida”, el último poemario de María Pizarro. La escritora Claudia Capel prologa el libro.

La libertad de la herida, de María Pizarro

Su cubierta es de cuero marrón, que se asemeja a una piel algo rugosa, como si cada vez que lo tuviésemos entre manos hiciese necesaria la caricia. Además, es un ejemplar cosido, lo que hace aportar estéticamente esa cercanía con lo artesano, que al producirse está realizado con mimo y sumo cuido. Una ilustración minimalista de la artista cordobesa Almudena Castillejo corona estas páginas.

María Pizarro es licenciada en Arte Dramático y Experta Universitaria en Criminología. Ha participado en diversas antología y revistas literarias de España y América. 

Desde el año 2015 hasta la actualidad es la Coordinadora en su provincia del Festival de poesía y arte “Grito de Mujer” y de la Antología Digital “Quejío” en Córdoba.  Ha publicado los libros: “Lyrica 75”, en la Editorial La Fragua de Metáforas; “Miembro fantasma”, de Editores Florentinos, con el que obtuvo el Premio Solienses 2016; y “Caja de retratos”, de Detorres Editores. Publicó en 2019 “La Libertad de la herida” con Editorial Iruya.

“La libertad de la herida” se compone en cuatro partes: Fragmentos de una herida, El barrio de los poetas, Agua en la cal y Para el olvido con 17 composiciones cada una. Curiosamente, sus páginas no están numeradas, pero se nos va informando con cada composición en qué lugar estamos, con número de haikú y su parte correspondiente a la que pertenece. Nos sitúa en ese croquis mientras se va dibujando entre las páginas, con nosotros dentro. Hay que apuntar, que cada página incluye dos escritos, lo que facilita la lectura y reduce el espacio de su tamaño. Mi ejemplar es el 159.

4/1

 Abro mis brazos

sobre el pecho del agua

y me abandono.

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Detalle de portada / Gema Albornoz

¿Quién no apunta a la libertad en la escritura? “La libertad en la herida” es ese momento en el que dejamos las ataduras y nos abandonamos a ser, a palpar, sin expectativas o temor, lo que nos duele. Cada escritor toma esa responsabilidad para con la libertad. La misma responsabilidad que se requiere al dejar que nuestro puño se deje llevar por aquello que sentimos, en los buenos y malos momentos. Cuando no queremos compartir el tiempo con nadie más, excepto que con esa soledad del folio en blanco y algunos versos.

1/2

Las viejas duermen

con las medias puestas,

que hace frío.

Es barrio de poetas

y asilos clandestinos.

La escritora Claudia Capel comenta en el prólogo que “perder no tiene nada que ver con ganar”, puesto que todos vivimos ese tipo de derrotas en algún momento. En cambio, menciona que “María escribe para que nadie olvide”. Y añade que “somos fragmentos, que las heridas se abren y se cierran libremente entre nuestros añicos”.

8/3

Mal del otoño,

rimar con la tristeza

melancolía.

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Portada de La libertad de la herida / Gema Albornoz

Los haikús de María Pizarro guardan la esencia del antiguo poema japonés en su forma de llegar a los demás y de experimentar sus pensamientos. Aunque también elige esa libertad para desarrollarlos a su manera.

6/4

Sabemos de otros

y nos reconocemos

a la deriva.

En este libro, María Pizarro nos muestra cómo se abren o cierran las heridas, mirando al joven negro que vende pañuelos blancos en las esquinas, las monedas esparcidas por el bolso, a los refugiados en el mar, a los amigos que vio morir con las drogas, las eternas migraciones de las golondrinas, las cunetas, la caja de los retratos o las banderas al aire. Cómo se perdió el rastro y el amor de juventud o nos ahogamos en un mar dentro de un vaso o vamos a la caza de la flor de primavera. Y todo ello, dejando que esa herida, esa lesión causada por accidentes, caídas, golpes y quemaduras diarias, que nos suceden al caminar por la calle, conocer las noticias o trabajar, rompa la piel, pero no llegue a infectarse. Debido a esa intervención de los versos, que limpian en su profundidad y suturan. @mundiario

La libertad de la herida, de María Pizarro
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