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MUNDIARIO

La experiencia vital

J.M.Almecija es un poeta almeriense en ciernes, autor de un primer poemario valiente titulado "El Lampista", que está teniendo gran repercusión en los medios de comunciación. Por su temática tétrica podría ser el Edgar Allan Poe español.

La experiencia vital
Portada del libro "El Lampista".
Portada del libro "El Lampista".

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Ramón Palmeral

Ramón Palmeral

El autor, RAMÓN PALMERAL, está especializado en ensayos de investigación literaria. Dirigió la revista Perito y actualmente el blog Nuevo Impulso. También ha sido colaborador de varios medios como Alicante Press, Diario Información y Levante-EMV. @mundiario

A mediados del mes de mayo del actual (2017), me entrevisté con un poeta joven que empieza a dar fuerte con un poemario titulado El Lampista. El sentimiento de una experiencia vital, lleno de experiencias personales que firma como J.M. Almecija (Juan Miguel Almecija nacido en Almería en 1988). Como dice el propio poeta  esta entrega es su «opera prima»  y lo hace «como una travesura de mi alma que fluye por mi pluma…» (Prólogo del autor). Escribe lleno de ilusión y esperanzas de trasmitir al lector sus muchas experiencias de la vida, a pesar de ser un joven de veintiocho años.

Me he leído con satisfacción los veintiséis poemas que lo componen, y como adelanto advierto que me he encontrado con un grito lírico nuevo, buscaban comunicar numerosas ideas con la mayor concisión posible; es de un joven que entiende que la vida es más complicada de lo que parece; algunos poemas son un tanto lúgubres, y que cómo Almecija me dijo que es un gran lector del escritor y poeta romántico estadounidense  Edgar Allan Poe. Por ello, le dedica el poema número 24 titulado: «Cuento gótico. (Un guiño a Edgar Allan Poe)», que está relacionado en la novela gótica o de terror, de personajes extraños y exóticos, propio de la sensibilidad romántica. En este poema podemos ver a un poeta afligido como el amante del poema de Allan Poe «El Cuervo», en un ambiente sobrenatural y escribe Almecija: «Ando en cielo/ abierto, me encuentro mas solo/ que mi tropas hambrientas de sangre verde.» (Primera estrofa de «Cuento góticos» número 24).

La angustia vital se revela en esta poeta que me contó que tuvo una experiencia de ultratumba, cuando una vez en un sueño se vio camino del cementerio para ser enterrado en una tumba, como lo cuenta en el poema número 16 «Mi entierro», donde en el versos: «Recuerdo mi entierro/ como voluntario/ me tumbé en este cementerio…» (vv.48-50). Este es un poema de ultratumba muy interesante.  

Se siente Almecija, a pesar de su juventud, en estos poemas de El Lampista, como ajeno a la vida de la vigilia diaria. Me dijo que además está pergeñando una novela, y un libro de relatos que van en esta línea de personajes atormentados y tétricos. Porque además de poeta quiere ser escritor de novelas, con todo empecho, lo cual es muy loable, y además será un valor seguro en la literatura.

El Lampista, lleva el título del oficio de su padre que es  fontanero, y éste le contaba que era lampista de cuando estuvo trabajando en Barcelona, que es de donde es originaria la palabra lampista. Por lo tanto no podía faltar un poema con el mismo título dedicado a su padre, con el epígrafe: «A un hombre humilde que me enseñó a ser hombre en esta vida». Un poema epistolar dirigido al padre con gran sentimiento y admiración. Se lo dedica con la intención lírica  de hacerle: «inmortal y quedaras/ con esta tinta/ del mío corazón» (Vv. 53-55 poema 4). Las deudas con nuestros padres siempre son impagables por todo lo que hacen por nosotros, además de habernos dado la vida, y como dice el refrán: «Un padre para cien hijos y no cien hijos para un padre.» Pero no hay más, así es la vida, los hijos nos marchamos y luego cuando no los tenemos los añoramos.

J. M. Almecija escribe como los poetas impulsivos porque no se pueden aguantar, son como los manantiales que tras la lluvia recibida, nacen a borbotones, alumbran los cauces de una herida seca que como en Almería les llaman ramblas a los  torrentes secos, que es un término de origen árabe (de رملة ramla, ‘arenal’). A veces en estos cauces crecen plantas que son poemas de color y luz en medio de los desiertos de Tabernas.

Para nosotros los andaluces es todo un orgullo tener nuestras raíces en el territorio del Sur peninsular de al-Ándalus; el poema número 12 «Andalicia. (Locura o lucidez)». Me dijo que lo de «Andalicia» no es un error gramatical, sino un tipo de neologismo para rimar los últimos versos del poema: con malicia, delicia, gentilicia y Andalicia.  En este extenso poema nos hace un recorrido literario por los más famosos poetas andaluces como: García Lorca. Gongorete, por Góngora. Sobre Juan Ramón Jiménez, usa el apelativo Nefelibata, de la persona soñadora, de quien parece estar en las nubes, en la inopia, fuera de la realidad, que así es como llamaba Rubén Darío a Juan Ramón Jiménez.  No se olvida de Antonio Alcalá Vendeslada, aquel escritor, poeta y filósofo giennense autor de De la solera fina (Jaén, 1925). Ni tampoco olvida a los hermanos Machado (Antonio y Manuel). Ni  se olvida de Rafael Alberti, poeta del Puerto de Santa María, y su Marinero en tierra de 1925, del que dice Almecija que «el mar su musa/ el mundo su tinta.»

 En los veintiséis poemas de El Lampista, son de métrica libre y de versos cortos, con la condensación de sus sentimientos y algunas metáforas y sintagmas que son grandes hallazgos como: «Las campanas y no tocan,/ en ese lugar de voces atrapadas…»  (Vv. 31-32 del poema nº 1). O en «versos de aladas plumas». (v. 31 del poema nº 2). En «algo que ni la magia/ puede imaginar» (vv. 31-32 del poema nº 4). En los versos «a un Ángel durmiente/ descansando en la noche» (vv. 38-19 del poema nº 6), cuando en el subconsciente cristiano tenemos por seguro que mientras estamos durmiendo, los ángeles custodios, vigilan nuestros sueños. En «Me quitaste el frío,/ de mi cuerpo, sin permitir/ que mi pasado fuera dueño,/ de mi sangre salpicada… (vv. 11-12, el poema nº 23). Así podría seguir entresacando versos, aunque es mejor que el lector los descubra por cuenta propia.

Su orgullo de ser de Almería lo manifiesta en el poema número 22 «Almería» donde dice: «En sus calles, se esconde/ el veneno de un pasado/ de guerra».  Que es del Sur lo patentiza en su blog titulado: «Oliendo a Sur» donde se pueden consultar sus poemas en Internet en la siguiente dirección.

En definitiva, yo le pronostico a J. M. Almecija que padece síntomas de poeta incurable, por ello le aventuro, que tras este primer libro, debe continuar escribiendo, y no se pare en un andén; pues el camino del poeta siempre es largo y pedregoso, porque estamos hablando de la expresión de sentimientos y emociones que se expresan a través del arte del decir y del pensar con palabras que es su materia plástica, como la arcilla lo es del alfarero.

Prólogo de Ramón Fernández Palmeral (escritor y poeta).