Jesús Díaz Loyola: "Lo mejor de la literatura cubana permanece en el olvido"

Jesús Díaz Loyola. / Twitter
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La biografía Crónicas del Caribe es un libro que le valió el accésit del premio Stella Maris.
Jesús Díaz Loyola: "Lo mejor de la literatura cubana permanece en el olvido"

Ganador de diez premios nacionales de periodismo, Jesús Díaz Loyola nació en 1964 en Caibarién, donde hace ya hace un siglo el austuriano Manuel Álvarez creara la primera radio de América Latina. Así lo recoge el autor cubano en la biografía Crónicas del Caribe, libro que le valió el accésit del premio Stella Maris, uno de los tantos, en una carrera portentosa y trufada de galardones. Quedo con él en La Colonial, uno de los restaurantes cubanos más famosos de Madrid, donde Marvis y Dani nos sirven los mejores tragos para hablar sobre Cuba y sobre su libro. Allí tiene la gentileza de decicármelo y concederme esta detallada entrevista en la que contesta a mis preguntas con desenvoltura y especial erudición.

— Jesús, el libro es una biografía novelada escrita en primera persona que debió requerir una profunda investigación. Siempre hay algo autobiográfico, algo muy nuestro en los libros que escribimos. ¿Qué hay de ti en el protagonista Manolín Álvarez?

— Mi relación personal con Manolín, fue excelente después de que nos conocimos en 1982, el año del aniversario 60 de la radio. Quiso la suerte que los dos tuviéramos una convivencia común. Yo nací en la ciudad portuaria de Caibarién, en 1964; la misma donde Manolín vivió más de 80 años; pero no fue hasta 1982 cuando yo tenía 18 años que comencé a intimar con él en aquel que comencé a intimar con él en aquel pueblo cubano, a aprender de su sabiduría, lo que determinó una pasión común: la radio. Era un auténtico asturiano, abierto siempre con el cúmulo de conocimientos que atesoraba. Fue un autodidacta de su tiempo y de su medio. Y con esos matices se convirtió en el personaje de mi vida de oficio. Por eso siempre digo que a este asturiano, que fue en mi juventud, amigo y gran consejero vocacional, debo en buena dosis el ímpetu de mi amor por la comunicación.
El próximo 29 de septiembre, se cumplen 130 años de su nacimiento en la aldea asturiana de Santiago de Ambás, en Carreño, que abandonó con 13 años en 1905.Cada vez que lo visitaba en el esplendor de los 80, Manuel decía reiteradamente que “la radio es el invento más humano que se ha hecho”. Y ese criterio fue su auto de fe en la vida. Siempre que Manolín me hablaba había alguna revelación en él, y sorprendía la lucidez con que retenía aquellas vivencias que fui reuniendo como constancia de todo lo vivido.

— El héroe de esta novela testimonio llega a Caibarién, y tú precisamente naciste allí, en Cayo Barién. Hace un siglo, en la época que relata el libro, un plato muy típico allí era la salsa perro, una especie de caldereta de pescado. ¿Se sigue consumiendo?

— Sí, sí, como no. La salsa perro es un plato muy demandado y tiene una historia muy singular. Surge a principios del siglo XX en el hotel "España" fundado en 1912 en la misma ciudad de Caibarién. Cierta noche tormentosa de aquel año, un fatigado viajero llegó muy tarde a las puertas del hotel y pidió albergue y comida. . Estaba Demetrio, uno de los propietarios, junto a su coterráneo Constante, españoles, a punto de cerrar. "Que no se diga, hombre, pase", acabaron por acceder. Demetrio se hizo cargo de componerle al huésped un guiso improvisado con restos de lo que quedaba en diferentes ollas y calderos. Resultado, un sopón de pescado, en este caso masas de pez perro, muy nutritivo, cremoso y saciante plato, debido a las viandas o la bechamel. “¡Muy sabroso!”. Al preguntar de qué se trataba, el forastero oyó a sus hospederos decirle muy campantes: “Se llama salsa perro.” Al principio, se elaboraba a base de pez perro. En la actualidad es un plato muy típico de la región y en realidad puede hacerse también con cualquier pescado de carne blanca. Hace mucho tiempo se emplea en su confección otros tipos de pescado como cherna, pargo o cubera. Igual de exquisito con esas especies marinas de las profundidades del trópico.

— Resulta muy gracioso cómo al protagonista se le tacha de hereje y de brujo cuando, como antes Marconi en Inglaterra, introduce o inventa con antiguallas la radio en Cuba. Era algo inconcebible - asociado a la magia negra- el hecho de que alguien pudiera escuchar desde un aparato lo que se decía en el país vecino o tres calles más arriba. Más tarde vendría la TV y después Internet, pero la radio sigue en la era digital con cierto éxito. Además, existe Ivoox y hay podcast con millones de descargas ¿No es, de alguna manera, porque también hay algo mágico en ella?

— ¿Cómo es posible que lo que se oye acá también se oiga allá? Esta fue la pregunta que se hicieron los cubanos de Caibarién cuando escucharon las primeras emisiones de radio en su tierra. La magia o una conexión con el ultramundo les pareció la mejor explicación. Así que acusaron al responsable del invento de brujería. De esa sorprendente manera, el asturiano Manuel Antonio Álvarez Álvarez (“Manolín”), había sido capaz de poner en marcha de forma autodidacta uno de los medios de comunicación más importantes en la isla caribeña y que tanta importancia y trascendencia habría de alcanzar en la comunicación social, aunque al principio despertara el recelo de los pobladores de Caibarién, donde se asentó Manolín recién llegado de Asturias, en 1905. Luego escribió la historia de su hazaña profesional que es el argumento de mi libro que lo reivindica como lo que es: padre de la radio en Cuba.

— El estilo del libro es directo y sencillo, su prosa ágil y fácil de leer como la de Hemingway. Pero ¿cuáles han sido los autores cubanos que han influido en tu obra?

— No tengo referencias significativas. “Crónicas del Caribe” ha sido fruto de las investigaciones profusas de muchos años. No hay ninguna influencia en particular. Todo lo que escribo es buscando mi propio estilo, fusionando lo periodístico y lo narrativo, y en esa esencia armar la historia que se cuenta.

— La última vez que estuve en La Habana conocí a Claudia, una mulata guapísima, en el Asturias. En tu libro he aprendido que además del principado español y esa discoteca tan sonada también hubo un rotativo homónimo muy popular en la Habana Vieja. ¿Es posible que este bar de copas fuera la sede del periódico entonces? Se encuentra en el Paseo del Prado.

— Es un poco difícil discernir con total seguridad que fuera esa la sede del periódico Asturias, Pero es muy probable que la actividad social en todo ese entorno habanero tuviera que ver entre sí, dado las cercanías de las colonias de gallegos y asturianos que vivían entonces en una constante interacción en casi toda La Habana.

— A propósito de la visita de Lorca a Cuba hablas del "negrismo", un movimiento cultural que hace ya un siglo reivindicaba a los negros y sus raíces. ¿Era algo así como el actual "Black Lives Matter"?

— Al revisar lo escrito por muchos estudiosos de ese período, y en particular a José Antonio Portuondo, Juan Marinello y Ana Cairo, tres cubanos dedicados a particularidades específicas, cualquiera se percata que ambos procesos sociales y culturales no guardan vínculos. El tema negro en la literatura caribeña tiene sus primeras expresiones en la primera mitad del siglo XIX de la mano de Cirilo Villaverde, con Cecilia Valdés, de Gertrudis Gómez de Avellaneda, con Sab, así como otros narradores que hicieron de la novela una carta de denuncia, y también de mejoramiento social y cultural en defensa de los criollos descendientes, en lo fundamental de emigrados españoles y de antiguos esclavos africanos. Más atrás, incluso, llegaríamos hasta Espejo de Paciencia (1608), de Silvestre de Balboa, y el esplendor tardío de El Mulato (1870), de Alfredo Torroella, y hasta de un temprano Anselmo Suárez y Romero y las novelas últimas de Martín Morúa Delgado. Por tanto estaríamos mucho tiempo hablando de la historia pasada. Sin embargo, cierto es que lo negro tiene un caudal inigualable en la cultura cubana, en especial la literatura y la música, el folklore y la antropología de las cuatro primeras décadas del siglo pasado. En música hay están Alejandro García Caturla que desde Remedios y Caibarién, ciudades alejadas del ambiente cosmopolita de La Habana, dio a conocer al mundo un ambiente de sinfonismo afrocubano que alentaba y avivaba las raíces de lo popular sin hacer concesiones de preciosismo musical para el mundo. Igual trascendió Amadeo Roldán. También sobresalen todas las investigaciones folklóricas que hicieron Fernando Ortiz y hasta la cuentística de Lino Novás Calvo y Lydia Cabrera, por citar dos ejemplos. No obstante, la poesía que revalorizaron Nicolás Guillén y Emilio Ballagas, Rías Tallet y Alejo Carpentier, desprovistos del puro sentimentalismo folklorista, no se puede ver jamás “como reivindicación a los negros y sus raíces”, como preguntas. El siglo XIX y el siguiente entre cubanos son dos hitos diferentes. Desde los sueños de Ortiz, pasando por Guillén y lo específico y momentáneo en Ballagas, no constituye una pasión por lo “negro” y sí por lo mulato, cosas muy diferentes en cualquier entramado cultural y social. De esos escritores, de lo lírico, se escribe aún a la luz de nuevas puntualizaciones sobre la dimensión de lo mulato, que constituye el término que debe emplearse. En esa cuerda también están algunos momentos poéticos de Hilarión Cabrisas, Vicente Gómez Kemps y otros que siguieron ciertos influjos que dejó la ocasión y la huella, incluso, del paso de Alfonso Camín por pueblos cubanos El negrismo nuestro, lo mulato, tiene una tradición histórica indiscutible sin muchas comparaciones en el ámbito caribeño. El verso negrista, al decir de José Antonio Portuondo, «fue toda una resurrección de la carne», y constituyó goce por el ritmo, las sonoridades, la manera de hablar, y hasta la reivindicación social con cierta influencia de Langston Hughes, el poeta norteamericano que por los años 30 del pasado siglo estuvo en La Habana. En cambio, fue más allá de esa influencia y adquirió nuestra poesía un tono propio, de lenguaje popular, de esencias y mitología afrocubanas, donde el pueblo se expresa a través y desde lo negro. De García Lorca, por ejemplo, de visita en marzo-junio de 1930 en Cuba, queda su «Son de negros en Cuba», y dejó su emotividad en recorridos por el interior del país y contacto con escritores de la Isla. El hecho representa una diferencia en relación con otros escritores e investigadores foráneos invitados por la Institución Hispano-Cubana de Cultura, centro que trajo a La Habana a García Lorca, quien, además, en una revisión de las ediciones de el Diario de la Marina, fue el menos publicitado, digamos, en las páginas de esa publicación. No obstante, por supuesto, el acontecimiento no resta la influencia que trasladó hacia los poetas cubanos en la manera de componer los versos, los temas y las ideas estéticas. Esas son razones que desde el punto de vista social, cultural, político, de reivindicación histórica marcan diferencias raigales entre lo negro nuestro, lo cubano de hace casi un siglo, y el actual "Black Lives Matter" en todas sus dimensiones. No obstante, el valor de los ancestros negros, y hasta del valor de la historia, como conquistas sociales, tal vez podrían emparentarse.

— Poco después de Lorca también visita la isla nuestro premio Nobel Juan Ramón Jiménez. Fusilaron a Federico en el 36 ¿Por qué no huyó como su compañero o se exilió él también?

— Si la anterior pregunta tuvo cierta extensión, por supuesto, por el enfoque la actual no tendrá idéntico resultado. Juan Ramón Jiménez pasó dos largos años en Cuba y, apenas salió del centro de La Habana, y su relación con los escritores fue casi capitalina en el ambiente cosmopolita de la ciudad. Desde noviembre de 1936 hasta enero de 1939 junto a Zenobia Camprubí, la esposa, casi todos los contactos literarios y en conocerlo en persona llegaban al hotel Vedado, sitio de estancia. El itinerario más rico de aquella estancia queda en las cartas que intercambió con José Lezama Lima, así como La poesía cubana en 1936, libro del cual se ha hablado mucho y no deja de suscitar criterios divergentes en torno a la selección de autores. Justo en agosto de ese año Juan Ramón-Zenobia salieron de La Junquera hacia París con la idea de llegar a Nueva York, y así lo lograron. Ahí vino la invitación de la Hispano-Cubana para dictar tres conferencias en La Habana, y lo que representaba algunas semanas se trocó en más de dos años de estancia en la Isla. Aquí colaboró con algunas publicaciones, y destacan artículos y comentarios en Carteles, Revista Cubana, Orto, entre otras. Eso es conocido, como también lo es que para Juan Ramón la estancia en España era insostenible y entonces como otros intelectuales optó por el exilio. No quedó otra salida. Es obvio que Juan Ramón antes de llegar a La Habana tuvo vínculos con otros escritores cubanos, como José María Chacón y Calvo, Fernando Ortiz, Hernández Catá, Jorge Mañach, Juan Marinello, Nicolás Guillén, Francisco Ichaso, Eugenio Florit, conocidos entonces en España. O sea, nada le era ajeno entonces. Ante el empuje de guerra interna en España Juan Ramón comprendió que nada era posible en medio de un ambiente dictatorial, militar, en última instancia.Claro que García Lorca despliega el sentido contrario a Juan Ramón, y ahí por supuesto influyó la confianza que nada le sucedería y que el peligro de muerte era lejano. Está el vínculo, en 1935, con el Frente Popular, y el deseo de no permanecer «neutral» en nada, como escribió desde Barcelona a los padres. Incluso Lorca descarta la posibilidad de reunirse con la actriz Margarita Xirgu en América, tal vez en La Habana, lugar donde la mujer inauguraría una temporada de presentaciones. Eso queda explicado por muchos biógrafos, incluido Ian Gibson al describir el caos que existe en muchas ciudades españolas tras el alboroto de las falanges fascistas. El gozo del poeta granadino por los éxitos de sus últimas presentaciones teatrales, la escritura última de La casa de Bernarda Alba, en junio de 1936, y los contactos recientes con Neruda, Fernando de los Ríos y otros amigos le hacen decidirse por ir, en última instancia, en julio de ese año hacia Granada, al refugio familiar. Allí sobrevino la muerte ante el asedio falangista. Nada más hay que contar en ese capítulo expuesto por otros investigadores sobre los últimos días de García Lorca.

— En el libro explicas cómo Fidel Castro secuestró los medios de comunicación al llegar al poder, medios que desde entonces están en Cuba en manos del gobierno y por tanto completamente manipulados. Aquí los medios más influyentes también están financiados si no del todo por el gobierno al menos parcialmente por el gobierno y la banca, ¿es algo parecido?

— Los medios siempre van a estar dominados o influenciados por alguien, pero aquí, al menos, existe la libertad de expresión y se defiende a toda costa, aunque algunos sectores mediáticos parcializados hagan lo contrario por intereses meramente económicos. Y en todo caso podrás o no decir todo lo que piensas,pero lo que no hacen es encarcelarte por expresarte. En Cuba es que la libertad es nula y vives a merced de un riesgo potencial de encarcelamiento, solo por disentir con el poder.

— ¿Existía en los medios en los que tú has trabajado libertad de prensa?

— El gran problema del periodismo oficialista cubano es la verdad. Mientras el periodismo se adecue a los prejuicios ideológicos de los que gobiernan, los profesionales de la información estarán siempre expuestos a  a venderse. Por eso el periodismo oficialista, lejos de un oficio prestigiado y de decisivo papel en la sociedad, ha pasado a convertirse en una profesión poco o nada respetada que ha echado por tierra su credibilidad. En octubre de 1988, cuando quise denunciar ante la policía política cubana un delito contra la libre emisión del pensamiento –tipificado en el Código Penal de Cuba– no prosperó; cuando quise publicar el testimonio del pescador Agustín García Fernández, que vivió en Miami y regresó a su tierra, se fue a la basura porque era hacerlo un héroe y eso tampoco interesaba. Con una población de poco más de 11 millones de habitantes, Cuba vive hoy resignada a lo que dice un pool de medios escritos, radiales y televisivos, regidos por la política de un solo Partido en una sociedad bloqueada, donde los derechos fundamentales les son constantemente negados. Pocos creen en los medios oficiales y prefieren informarse por fuentes foráneas, quienes puedan hacerlo. Solo dice la verdad en Cuba, el arriesgado movimiento de periodistas independientes, pero lidiando todo el tiempo con la represión oficial. No hay otro periodismo en Cuba. La televisión oficial de la isla no tiene competidor. Junto a los escasos periódicos, revistas y medios especializados, el régimen vende una aparente variedad mediática con opciones engañosas. Unos hacen y dicen lo mismo que otros, y se erigen en copias repetitivas de lo que siempre quiere sustentar el régimen. Todos están en manos de un gobierno unipartidista, y si algo se renueva o mueve en sus plantillas son los despidos fulminantes o sustituciones porque algún periodista o directivo puesto por el poder disiente con el mismo poder. Así se satisface el deseo del partido gobernante. Los medios de comunicación en Cuba son una copia fiel del Partido que los dirige. Es el mismo sistema en el que han medrado siempre. Un régimen que sobrevive todavía 30 años después de la gran hecatombe soviética con su tinte auténticamente totalitario, y en el que cada vez que la participación ciudadana intenta manifestarse se empeñan en reducir, hostigar y reprender hasta anularlos, sin voz ni voto, sin justicia ni ley. Mi dimisión del periodismo oficialista se produjo en la primavera de 1998, cuando figuraba en la plantilla de reporteros de la Agencia de Información Nacional (AIN), tras pasar por varias emisoras nacionales como Radio Progreso, Radio Habana Cuba y Radio Rebelde. Desde mucho antes colaboraba con la prensa independiente y enviaba informes a Miami bajo el seudónimo de Daniel Prieto que se publicaban en el Diario de las Américas. (años 1998-1999). En Cuba como en cualquier país de régimen único y totalitario, jamás habrá un periodismo libre. Es innegable que se pueda pensar diferente. Y si lo haces acabas siendo un don nadie, minimizado y marginado. Hace falta una valentía como la que hoy se revela en La Habana para que la prensa oficialista se desmarque de ese miedo atroz al periodismo libre y encuentre por fin el camino. Ese día llagará. El periodismo es libre o es una farsa.

— Pese a que algunos de los historiadores del régimen tratasen de ocultar la verdad, lo cierto es que en Cuba la radio nace en Caibarién gracias a un español, a un asturiano. ¿Qué opinas de la intención que tienen algunos gobiernos de imponer un relato único y sesgado de la historia?

— Manuel “Manolín” Álvarez fue un ninguneado antes, durante y después de la revolución. Su paternidad sobre la radio fue ignorada por mucho tiempo en la isla que lo acogió en 1905 y donde hizo gloria en las ondas. Le pasó factura ser asturiano y haberlo conseguido en un puerto pesquero llamado Caibarién. No fue hasta 1982, cuando ya ciego y sembrado en su vejez que el oficial Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) tuvo alguna consideración. En 1982, “Manolín” Álvarez junto al narrador cubano Feliciano Reinoso, eran los últimos exponentes de la radio de los 20 que nos quedaban vivos. Ese año, aunque fue reconocida oficialmente su supremacía en las ondas por haber lanzado al aire en 1917, con 25 años, las primeras señales de radio de Cuba, no se fue definitivamente justo porque en ese y los años siguientes la celebración del inicio de las transmisiones de radio han seguido tomando como referente a la 2LC del patriota Luis Casas desde La Habana, que lo hizo dos años después que la 6EV del español Manuel Álvarez desde Caibarién. Manuel Álvarez no sólo realizó los primeros ensayos y trasmitió las primeras señales entre 1917 y 1920, sino que inscribió una cadena de acontecimientos sonoros desde la primera transmisión deportiva: la pelea del Siglo, en 1923, entre el norteamericano Jack Dempsey yel argentino Luis Ángel Firpo, sin precedentes en toda América, hasta la proliferante cadena de creación de emisoras que le atribuyen al menos cuatro estaciones (6EV, 6LO, CMHD (Caibarién) y CMHA (Sagua la Grande) y su aportación constante en la radio en muchos rincones del país, hechos que lo hicieron una figura imprescindible. Pero las diferencias de ideas, siempre las ideas, y los nacionalismos y los fatalismos geográficos han golpeado siempre el mérito del protagonista asturiano. Sucedió antes y después de la Revolución. El actual Gobierno se mostró con él de un antagonismo increíble. Álvarez murió en 1986 sin que pudiera ver en vida que el gran acontecimiento de la radio partiera de los días de oro de sus primeras emisiones. Es una deuda inconclusa, un mérito, que aunque yo me he empeñado en saldar, el oficialismo sigue resistiéndose en concederle al fundador asturiano que se sembró para siempre en la isla y nunca volvió a su tierra. ¿De qué le valió? Aun así, “Manolín” Álvarez es la radio de los albores y de toda la primera mitad del siglo XX en Cuba de igual modo que Marconi es la radio de un mundo que inspiró y lanzó al asturiano a su aventura americana por aquel fenómeno inverosímil que en el preludio del siglo abría la era de la radio. Lo que no se podrá perdonar jamás de lo que ha pasado con “Manolín” Álvarez en Cuba es el trato que paradójicamente ha tenido en la tierra dónde forjó su vida y dejó lo mejor de sí. No solo es un referente nacional para celebrar –sin discusión– el real comienzo de la radio que hoy asoma al siglo, sino que todaví "Manolín” no ha tenido el homenaje que merece. Estuvo 65 años esperando por el reconocimiento a la supremacía de haber emitido las primeras señales en 1917. Se lo concedieron en una placa develada en el otoño de 1982 en la que fuera su primera casa y sede de sus primeras transmisiones en Caibarién (Cespedes, 7). Entonces, Manuel transitaba por el crepúsculo de su existencia y murió unos años después, en la primavera de 1986. Por eso siempre digo que ha sido miserable el trato que han recibido "Manolín” y su obra forjada en Cuba por parte de sus gobernantes, a pesar del pueblo que siempre le admiró desde la ciudad donde se cubanizó: Caibarién.Yo siento una enorme satisfacción de mi relación con él, y celebro mucho haberlo conocido bien. Por eso, mientras yo viva sobre la tierra voy a seguir señalando el ninguneo y el segundo plano que ha tenido en Cuba una figura tan primerísima y esencial como Manuel Álvarez Álvarez.

Dedicatoria.

Dedicatoria. / Mundiario

— Por último: ha habido grandes escritores cubanos contemporáneos que han triunfado en España, se me ocurren Pedro Juan Gutiérrez en el realismo sucio o Leonardo Padura en la novela negra. El último incluso ganó el Premio Príncipe de Asturias... ¿qué otros autores cubanos, además de vosotros, te gustaría resaltar?

— Son muchos los escritores cubanos, en todas las manifestaciones, que en los últimos años tienen asientos definitivos o transitorios en Europa, y en especial por comunidad idiomática en España. Algunos, de acuerdo con los temas en boga, logran triunfos editoriales y de público. Sin embargo, casi siempre los temas elegidos, así como los escenarios narrativos tienen vida en La Habana, conocida por todos. En cambio, aunque La Habana, cosmopolita y capital, no es Cuba. De ahí que los temas tiendan a circunscribirse en escenarios cerrados. Leonardo Padura Fuentes, con sus lauros literarios y su manera de narrar acontecimientos históricos que vincula a índoles policíacas, sea un campo diferente, más mediático. No obstante, la obra de Pedro Juan Gutiérrez se conoce en Cuba y hasta se difunde en determinados círculos. Pero lo más preocupante, y sobran nombres, constituyen escritores cubanos residentes en la Isla, y en especial poetas, que obtienen allá concursos literarios, se publica la obra de acuerdo a las bases de las convocatoria, y aquí apenas se conocen esos libros y la crítica solo se limita a la reseña en algún que otro medio de prensa en el cual se da a conocer el acontecimiento. Lo mejor de la literatura cubana, sin detenerme en nombres, de cuanto aconteció durante el pasado siglo y lo que va del presente, con indudables aportes a las letras hispanoamericanas, y con parangón con lo más destacado de los sucesos literarios españoles, permanece en el olvido. Eso si es verdad que preocupa porque investigaciones filológicas, literarias, artísticas, se hacen eco de valores literarios de antes que ahora, por cuestiones de publicidad, de marketing, queda en el silencio perpetuo. @mundiario

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