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MUNDIARIO

Isaac Díaz Pardo, el pintor que no quiso ser artista

A lo largo de toda su trayectoria fue sobre todo un retratista de talento, que buscó profundizar en la personalidad de quién era retratado, fuesen individuos o grupos, expresasen alegría o desconcierto, rabia o dolor.
Isaac Díaz Pardo, el pintor que no quiso ser artista
Isaac Díaz Pardo. / Xurxo Lobato
Isaac Díaz Pardo. / Xurxo Lobato

Rosario Sarmiento

Crítica de arte.

Este 22 de agosto se cumplen cien años del nacimiento de Isaac Diaz Pardo, una figura clave de la cultura contemporánea en Galicia, sin cuyo aporte personal seria difícil entender el pais en el que hoy vivimos. Su legado es el producto de un incansable afán por modernizar y recuperar la histórica de un país, que arrastraba males seculares, acrecentados, sin duda, por la terrible experiencia de la Guerra Civil y la posterior posguerra. Empresario, crítico, editor, dibujante, será también un prolífico pintor que muy pronto renunciará a ser artista.

Corta fue la carrera como artista plástico de Díaz Pardo y  también abrupta su ruptura con una profesión que le permitió ganarse la vida, además y de darle un importante reconocimiento profesional tanto dentro como fuera de Galicia durante los primeros años de la posguerra. La figura de su padre Camilo Diaz Baliño, pintor, muralista,   y escenógrafo, marcó desde muy joven la personalidad de Isaac y su interés por la creación plástica. Tras el golpe de Estado y el inicio de la guerra, Camilo es asesinado e Isaac tiene que esconderse durante varios meses para salvar su vida. En 1937, encuentra un trabajo como rotulista en A Coruña, que solventa la mala situación económica familiar, pero que no le permitirá, tal y como deseaba, ir a estudiar Arquitectura a Madrid. Cambiará esta licenciatura por la  más asequible de Bellas Artes, realizando en dos años los cuatro cursos académicos.

Obtiene una beca de la Diputación Provincial de A Coruña y en 1941, una vez rematados sus estudios viaja a Italia, donde  conocerá a los grandes maestros del Renacimiento italiano que tanto influirán en su pintura. A su regreso  en 1942 obtendrá una plaza profesor auxiliar en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona y tendrá también un estudio en Madrid. Desde esa fecha hasta 1949 Isaac se va a dedicar se profesionalmente a la pintura.

Ese mismo año inicia el proyecto de Cerámicas do Castro en O Castro de Samoedo (Sada, A Coruña), donde utilizando los materiales de la antigua fabrica de Sargadelos, recuperará esta iniciativa empresarial. Es el comienzo de una larga y poliédrica trayectoria profesional, en la que la pintura pasará a ocupar un segundo plano. Llenará espacios y tiempos de su vida, pero dejará de ser una profesión. Isaac renunciará a ser artista.

Pero si bien fue breve, lo cierto es que la etapa de artista plástico de Díaz Pardo fue productiva. Realiza una gran cantidad de oleos y dibujos gracias a una innata facilidad técnica, plasmando todo lo aprendido en su formación académica, en sus visitas al Museo del Prado donde conoce la obra de Goya, Velázquez, Rembrandt, Tiziano… y a toda la pintura vista en los museos de Roma, Siena y Florencia que recorrerá siendo estudiante de Bellas Artes.

A lo largo de toda su trayectoria Isaac será sobre todo un retratista de talento, que busca profundizar en la personalidad de quién está retratado, sean individuos o grupos, expresen alegría o desconcierto, rabia o dolor. En los ojos abiertos, en las miradas de esos hombres y mujeres que retrata, pondrá su foco de interés,  captando su fortaleza y expresión como si esos personajes se asombrarán ante el mundo que están descubriendo. @mundiario