Habitación 300: Si el interés es económico, el acoso es igualmente carnal

Lo que nos dicen de lo que sucedió no es lo que pensamos que debiera ser.
Lo que nos dicen de lo que sucedió no es lo que pensamos que debiera ser.

Lo grave de este hecho es que la honestidad y las acciones a título de conciencia no son reconocidas, la ley no ampara al bienhechor. / Relato literario

Habitación 300: Si el interés es económico, el acoso es igualmente carnal

¿De qué me ha valido aprender a traducir las sutilezas? Las conversaciones me impiden. Me posiciono justamente y me salgo de la coherencia de todas estas conversaciones intrascendentes que hacen doler como un navajazo.

La espontaneidad en esta sociedad es sinónimo de locura. Sin embargo, el bien imperante es de un cariz intemporal. Es decir, que aunque la ciencia y el arte hayan progresado, preservamos una básica condición humana; de la que, ante el progreso, surgen tretas picarescas e incluso canibalismo civil, los cuales nunca son relatados.

Hay como una especie de secretismo consensuado con la tortura, el crimen de honor, los abusos sexuales o el señalamiento del vencedor.

Éste es el motivo por el cual tantos genios obtuvieron el reconocimiento póstumo, habiendo fenecido entre la locura y la miseria.

Las instituciones públicas son una concesión de la aristocracia, a la que burlan los criminales, la cual engaña al pueblo para preservar sus privilegios. Pero cualquier ciudadano medio obra por beneficiarse de cualquier situación, séase económica o criminalmente. El crimen es imperante, intrínseco a la condición humana. Somos animales depredadores, cuando la espiritualidad acosa y atormenta nuestras conciencias.

Intuyo tradición en este código secreto: desde un fusilamiento, hasta una noticia en el periódico, pasando por el enlace matrimonial, la familia y el empresariado han intervenido. Si los países son antiguos, las costumbres también. Y la logística de su subsistencia, la cual preselecciona tanto las explotaciones a prosperar como los nombres a quienes pagar.

Por ello, la sociedad evoluciona a fuego lento mientras que el progreso ha de elaborar productos y alternativas de ocio bobalicones y carentes de sentido cultural.

Lo grave de este hecho es que la honestidad y las acciones a título de conciencia no son reconocidas, la ley no ampara al bienhechor: la ley aparece cuando el Mal.

De este modo, la familia y la formación laboral educan para el triunfo y, así, dan pautas de comportamiento estándar fuera de la naturalidad de una situación, imparten la caza en los negocios, aleccionan al hijo y estudiante en pos de vencer y aplastar al vencido.

Aunque, las sutilezas, son de un aprendizaje turbio y alternativo; eso sí, aparecidas junto al encubrimiento de las tretas malévolas. De este modo, y curiosamente, el sentir popular defiende el Mal, dado que concede la indiferencia a la injusticia.

La Justicia fue y es corrupta y opresora, dado que la gestionan los poderosos. La Paz es inmovilismo y silencio. @mundiario

    

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