La inexorable perspectiva

El mito de la caverna de Platón.
El mito de la caverna de Platón.
Sin embargo, nadie eligió su vida, y quien crea que sí el destino, ha matado a alguien. / Relato.
La inexorable perspectiva

Creo que me hallo en el descanso del alpinista, en la cumbre pero agonizante. Observo la vida diminuta e infinita. Respiro con todas mis fuerzas, sabiendo que nada volverá a excitarme, afectarme, tanto como lo hizo en algún momento por primera vez.

La experiencia me ha dejado herida, en el proceso de curación voy olvidando, pero el cuerpo es sabio: donde fue el daño, duele, de modo que tengo dos piernas para huír.

Digamos que el aturdimiento era mi prisión. Yo veía la naturaleza como algo muerto a mis ojos... Lo primero que hice al crecer fue llenar el espacio: surgió la fobia; inventé la violencia con mis puños y rompí la ventana, arrojándome a la muerte. Eso fue el comienzo.

Paseé ensangrentada y escapaban de mí, de modo que me escondí. En esa fase de penumbra, desentrañé los misterios de la humanidad. Me hice con ropajes robados y volví a la calle. Nadie me conocía, de modo que consideré haberme tornado aquello inmóvil que solía contemplar; pero cometí errores y vandalismo para sentirme viva.

Llegó un punto del urbanismo en que entendí que todos somos iguales, y que, de unirme al tumulto, desarrollaría raíces o amorfias para sentirme útil.

Fue entonces cuando fijé la mirada en la cumbre de la montaña: ¿podría desde allí lanzarme al mundo y volver a empezar?

Así que aprendí del instinto básico para escalar la montaña, cuya belleza era inapreciable ante mi necesidad. Mi cuerpo y mi espíritu se fortalecieron, y volví a ser feliz, puesto que volví a disfrutar del aislamiento.

Finalmente, ahora que he crecido y llorado a mares- entendiendo mis errores-, sé que no puedo cambiar la senda que tracé para el destino, puesto que, por un lado, me resigné al destino, y, por otro, encaminé torpemente mis pasos hacia el mismo. El tiempo borrará mis huellas, pero no mis huesos; sin embargo, nadie eligió su vida, y quien crea que sí el destino, ha matado a alguien.

Lamentablemente, soy joven todavía, de modo que mucho me queda por lamentar. Siento no haber sido inerte hasta ahora, no haberme procurado un porvenir... Pero yo soy diferente, y reconozco que creí poder hallar un futuro luchando, entendiendo, en vez de sembrar los pasos y regar el sofá... @mundiario
  

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