Impromptu

Calle de Managua, capital de Nicaragua. / LVS
Calle de Managua, capital de Nicaragua. / LVS

Al regresar como a eso de las dos y media de la tarde, la niña se acercó a la señora vende cajeta para confesarle entre sollozos que Osmarita era su hermana gemela y desde aquel aciago día no había vuelto a saber nada de ella y que ahora ella vivía una vida incompleta. / Relato.

El perro sol de mediodía mordió sus carnes al bajar a empellones del transporte colectivo. Afuera se sintió libre, humana, mujer, y estirándose el pornográfico vestido rosa en plena calle entre las mórbidas miradas de los transeúntes que venían a esa hora de la Rotonda Rubén Darío y Metrocentro, recordó como la fuerza centrípeta en el transporte colectivo al pasar por la rotonda le había pegado repentinamente en la espalda un enhiesto animal  que la puso lívida e indefensa y de cómo el brioso caballo la agarró cuando se disponía a bajar y le terminó de remangar su traje dominguero  ante la mirada atónita de los usuarios y de como el encabritado mamífero al verla asustada le sonrió sarcásticamente en sus ebúrneos hombros mostrándole su afilada dentadura de dientes de tiburón.  Sus  delgadas piernas le temblaron al cruzar la transitada avenida, mientras el lujurioso abusador desde adentro del destartalado bus le terminó lanzando un atronador beso gritándole ¨Flaquitaaa ricaaaa…¨

Su lisa cabellera refulgía como oropel bajo el afro-sol de la capital, y una señora que vendía cajeta en la acera de enfrente al verla cruzar la avenida  le gritó a todo pulmón ¨Osmarita Osmarita¨ - ella al ver a la señora vende cajeta la saludó con la mano, mientras cruzaba el embotellamiento de autos, hasta llegar al otro lado en donde la vivandera la interpeló diciéndole ¨Osmarita fíjate que hace una semana venia una muchacha así como vos cruzando la calle cuando de repente el mismo  taxi que pasa todos los días a la misma de hora de siempre por aquí la atropelló dejándola tirada y embadurnada en el duro concreto, todavía recuerdo como  el maldito se corrió y todavía me acuerdo como el hijo de perra se escapó dejando el pobre cuerpo de la chavala ensangrentado sobre la avenida repleta de gente, dicen que yo estaba como loca gritando con mi batea en la cabeza entre la barricada de curiosos todo eso, y cuando la ambulancia se llevaba el cuerpo inerte de la cipota yo seguía repitiendo ¨y todavía el hijueputa se corrió y todavía el hijo de perra se escapó…¨ creyendo que eras vos hija, porque era igualita a vos fíjate, ¿Y para dónde vas amor?  – La muchacha la quedó mirando asombrada diciéndole secamente –señora discúlpeme pero yo no soy Osmarita mi nombre es María Eunice  y vivo en Nandaime  y voy a la Sangre de Cristo para pedirle a la Virgencita un trabajo, porque en este país ya no se puede ni putiar con seguridad, la señora la quedó mirando asombrada y de inmediato le respondió diciéndole, Santo Dios, pero si sos igualita hija a mi sobrina Osmarita que en paz descansa pues. La joven de inmediato secándose el rostro con un pañuelo rojo y negro que le devolvió sus trece y pico se alejó de la mujer oscilando sus deplorables caderas al disponerse a tomar el camino que  conduce a la catedral de Managua.     

Al regresar como a eso de las dos y media de la tarde, la niña se acercó a la señora vende cajeta para confesarle entre sollozos que Osmarita era su hermana gemela y desde aquel aciago día no había vuelto a saber nada de ella y que ahora ella vivía una vida incompleta y sin nadie en la vida, porque ellas dos compartían un cuarto en el Mercado Oriental desde que su mamá murió por culpa del alcohol. La señora la consoló entre sus obesos brazos diciéndole, ella venia verme de vez en cuando, estábamos planeando decirte toda la verdad hija... , le terminó diciendo la mujer sollozando y  repitiendo ...y  todavía el hijueputa se corrió y todavía el hijo de perra se escapó ¨.No te preocupes hija, le dijo ella secándose las lágrimas en el delantal,  donde muere uno no mueren dos. En aquel instante doña Lupe conocida como la chela oxigenada la abrazó con fuerza sintiéndose al fin aliviada de su profundo y secreto dolor de fin de mes y mirando el vuelo de una blanca paloma en el adusto cielo de noviembre, le agradeció a San Benito de Palermo por el milagro de haberle traído de regreso a su otra sobrina gemela, mientras el viento desde algún lugar les traía un tango del inmortal Gardel (Volver). @mundiario

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