Homus musicus: ¿reinará en el mundo el desconcierto?

Instrumentos musicales. / motu.com
Instrumentos musicales. / motu.com

¿Cómo es posible que una humanidad tan cuerda para crear asociaciones protectoras de animales, esté tan loca como para no organizar asociaciones protectoras de músicos?

Homus musicus: ¿reinará en el mundo el desconcierto?

Anoche tuve un sueño. Una extraña edad del hielo afectaba a los portales on line, a las emisoras de radio, a los grandes escenarios, a los pequeños locales, a las plazas de los pueblos en las fiestas veraniegas, a las bocas de Metro, a los reproductores electrónicos, y empezaba el lento pero seguro proceso de extinción de la música de la faz de la Tierra. Las últimas marcas de cerveza y refrescos, que todavía invertían en las siete notas musicales para estimular el consumo, tiraban la toalla e iniciaban procesos alternativos de estrategias de mercado. Ni siquiera sonaban los acordes de un Réquiem por la música enlatada o la música en vivo. Simplemente, la humanidad se enfrentaba a la primera mañana del principio del fin de miles de millones de vidas, de historias, de amores, de desamores, de bautizos, comuniones y bodas, de días de cine y noches de vino y rosas sin banda sonora.

Stand By Me | Playing For Change | Song Around The World.

 

¿Os lo imagináis...? ¿Un cine sonoro de diálogos pero mudo de música? ¿Una Ley Seca con alcohol pero sin un Do, un Re, un Mí, un Fa, un Sol, un La, un mísero Si que llevarse al oído? Sin músicos/as en nuestra vida, consagrados o desconocidos, sobrevalorados o infravalorados, virtuosos o voluntariosos, con millones de fans o tan siquiera un único y solitario representante del respetable público, nos íbamos a enterar de lo vale un peine. Sin prisa pero sin pausa, irían desapareciendo los conciertos callejeros, los minoritarios en locales en los que se toca por las copas, los de packs low cost de músicos patrocinados, los multitudinarios multinacionales, hasta que se hiciese el silencio y reinase en el mundo el desconcierto.

La banda de Javier González Méndez. / Mundiario

La banda de Javier González Méndez durante uno de sus ensayos. / Mundiario

 

Anoche tuve un sueño. Pasaban los siglos y, en yacimientos de arqueología y antropología, o sea, futuras Atapuercas, aparecían restos fósiles de guitarras, de pianos, de bajos, de instrumentos de percusión, de micrófonos, de huesos de una especie extinguida a la que clasificaban como Homo Musicus. Ufff, me desperté de un sobresalto y me hice una pregunta para la que os solicito ayuda en la elaboración de una respuesta: ¿cómo es posible que una humanidad tan cuerda para crear asociaciones protectoras de animales, esté tan loca como para no organizar asociaciones protectoras de músicos?

Homus musicus: ¿reinará en el mundo el desconcierto?
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