Hombres

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Perro.

Alguno pretenderá que hable de la mujer, tal vez no caiga en el error, pero si observare que vivimos una época donde los hombres se han canibalizado a ellos mismos, están los clásicos...

Al leer textos antiguos no puede uno menos que confirmar que la escritura es una moda que acompaña a las mentes. Por ello cuando escribo no dejo de pensar si esta tormenta amainara y detrás de ella surgirán otras cargadas de intensos ruegos. Lo efímero está presente en cada escalera que subimos o bajamos. Al ver la ceremonia de los Goya, las mujeres era el tema. Y con ello todas las guerras que daremos en la sociedad para que primero equiparemos los géneros y luego tal vez para olvidarnos de ello.

José Ortega y Gasset repasa en su libro en 1927 las diferentes modas referidas a la sociedad dominada por los hombres, en la época de Pericles: “se vive en público: ágora, gimnasio, campamento, trirreme. El hombre maduro asiste a los juegos de los efebos desnudos y se habitúa a discernir las más finas calidades de la belleza varonil”(1). Es una etapa en que la mujer aparece masculinizada, dirá Ortega y Gasset pues sigue los dictados de esa moda.

Alguno pretenderá que hable de la mujer, tal vez no caiga en el error, pero si observare que vivimos una época donde los hombres se han canibalizado a ellos mismos, están los clásicos, por llamarles de alguna manera, comen pan, controlan la barriga y hablan de lo de siempre: de fútbol; luego aquellos que buscan afanosamente regresar al periodo de Pericles: culto al cuerpo, afán y método de imitación de otros y alimentación para crear efebos particulares. Y por último los hombres del tercer sexo, aquellos que han sobrevivido al destierro y la marginación social y aparecen victoriosos en los Mass Media como portadores de la cultura hedonista.

Hay para elegir. Nos queda también otro estilo, el hombre: “no debe separarse, hasta la muerte, de la crin de su caballo y pasará su vida a la sombra de la lanza”. @mundiario

¿Me dejo alguno?

Notas: (1) La rebelión de las masas, Ortega y Gasset pág. 323.