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MUNDIARIO

Ni un solo te quiero sincero se posó en mi ventana

Nunca, ¡nunca me habían dicho te quiero! El te quiero, para mí, era un tabú. Ni un cariño, vida mía, preciosa... Salió de sus bocas. / Relato literario
Ni un solo te quiero sincero se posó en mi ventana
Calimero, serie de animación.
Calimero, serie de animación.

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Paula Cascallar

Paula Cascallar

La autora, PAULA CASCALLAR, se define como escritora ambulante y publica sus relatos literarios en MUNDIARIO, donde mantiene la sección Habitación 300 y colabora en Humor. @mundiario

Para tener un corazón grande hay que querer mucho. Sin embargo, nunca pedir, y lo difícil es vivir sin nada hasta ser querida.

Quizá no muera del susto, cuando el príncipe escupa de su petaca a caballo de mi camino. Puede que lo haya visto ya en mi padrastro y no sea un caballo lo que yo quiera...

Pero ser princesa es más difícil cuando te embarga el sueño, cuando el hombre se aparece en las tinieblas de la noche y te estrangula para que saques la lengua.

Lo único que tengo es un corazón incorrupto y estas ganas de vivir que me hacen llorar.

He de confesar que no hubo amor en mi educación, sino una sarta de improperios de buenos días, motes despectivos; órdenes humillantes a las que obedecí porque me mandaban, mas nunca nada ilusionante.

Nunca, ¡nunca me habían dicho te quiero! El te quiero, para mí, era un tabú. Ni un cariño, vida mía, preciosa... Salió de sus bocas.

Me daba vergüenza expresar mis sentimientos, los reprimí, pues se habrían burlado de ellos.

A los diecinueve años, sentí mi primer amor, me pareció hacerme mujer. Esperaba por él en mi cama, hasta caer la noche. Declaré una guerra en su homenaje... Hasta que una vez me tiró la bomba atómica. Me refugié en el armario, y para recuperar el habla, le dije al techo: te quiero.

Desde entonces, he sido una princesa en apuros. Consideré que un hombre me cambiaría la vida, pues no seré capaz de salir adelante por mi misma.

Rechazo tras rechazo, suplico un respeto. Cada vez que un chico guarda silencio, evitando mi mirada, se suicida una célula de mi corazón. Voy recordando cada uno de esos momentos en la hemeroteca de mis tragedias.

Busco motivos, complejos, empleos... ¡No entiendo nada! Cuando me adoran como a Santa Rita, porque me llevan en el corazón... Pero no tienen nada en los bolsillos cuando abro la boca. Y sus padres no me quieren, pues no tengo el carnet de princesa.

Sin embargo, soy todo amor. Merezco el templo de una cama, la consideración de este mundo cruel que desea amar.

Aquello es lo que hizo crecer a mi corazón: tanta crueldad, que dije "basta", "nunca más"... Y me quise enamorar, elegí el camino pedregoso del amor... A pie, cara a cara. Y todo quedó atrás. @mundiario