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MUNDIARIO

El extremo pudor que hizo de mí una persona testaruda

Conocí a un gran melómano del que a todos dije que chateábamos y no habíamos hablado en persona. / Relato literario.

El extremo pudor que hizo de mí una persona testaruda
Viñeta para la revista Reviravolta.
Viñeta para la revista Reviravolta.

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Paula Cascallar

Paula Cascallar

La autora, PAULA CASCALLAR, se define como escritora ambulante y publica sus relatos literarios en MUNDIARIO, donde mantiene la sección Habitación 300 y colabora en Humor. @mundiario

Ahora entiendo que la madrugada del 9 de septiembre de 2009 no descubrí el amor, quizá sí la vida nocturna que mueve el mundo.Pero no he estado enamorándome una y otra vez; y ahora entiendo por qué mi familia lo consintió:

El sexo, para mí, era nefasto, era un monstruo que aparecería ahí fuera. Padecí un profundo pudor contra el que hube de luchar en mis conflictos sentimentales.

Recuerdo figurarme los penes en la imaginación, sintiendo un vuelco en el estómago, y también temblar en la calle cuando había que besar a los chicos. El hombre, para mí, es sinónimo de sexo.

Sigo sin convivir en paz con esa vida que todos llevan con normalidad... Sin embargo yo les encuentro obscenos, apestosos, maleducados en su actitud dominadora que altera el espacio personal y me hace sentir, como acomplejadamente, el objeto de sus deseos.

Antes, me duchaba de cuclillas para no sentirme desnuda, pues me aterraba la desnudez. Aún sin haber desarrollado el pecho, me ponía la parte de arriba del bikini; sentía una gran vergüenza cuando a alguien se le sugerían las carnes por la ropa.

Cuando era pequeñita, no sabía que existía el sexo. De hecho, al recibir acoso dentro y fuera de casa, comenzó a atormentarme. Ni siquiera decía la palabra "culo" porque creía que era pecado. Negué todos los besos en la boca (no entiendo que los padres besen a sus hijos en la boca: a mi novio del colegio le besaba su mamá, mientras que a mí nunca me tocó).

Al llegar a la universidad, descubrí los clásicos de rock y sus leyendas. Conocí a un gran melómano del que a todos dije que chateábamos y no habíamos hablado en persona. La relación nunca llegó a ser, sin embargo, creo que por aquel entonces comenzaron los encuentros, mientras que el aula me discriminaba, no sé si por mi timidez, mi raza o mi talento.

Una noche, cuando era pequeñita, quería asearme antes de ir a dormir. Mamá, por primera y última vez, me dijo que entrara a la ducha con papá: mi cabeza le llegaba a la altura de las rodillas, pero era una cabeza con valores, y me negué a hacer pis y a seguir en el baño.

Por esta y otras cuestiones, soy una persona difícil, habiendo sufrido una adolescencia atormentada. Recuerdo temer la discoteca más que un ladrón a la guardia civil; arrepentirme sin entender, en mi reclusión, del más mínimo placer que yo hubiese tenido, aunque, hasta mi gran ilusión de 2017, nunca sentí deseo. @mundiario