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MUNDIARIO

Guillermo Fadanelli: "La literatura es un impulso vital para la imaginación"

Guillermo Fadanelli es un escritor mexicano, ensayista, cronista, Premio Grijalbo y Colima, Fundador de revista y editorial Moho, autor de ‘Hotel DF’ y más. 

Guillermo Fadanelli: "La literatura es un impulso vital para la imaginación"
Guillermo Fadanelli, escritor mexicano. / Yolanda Guadarrama.
Guillermo Fadanelli, escritor mexicano. / Yolanda Guadarrama.

Guillermo Fadanelli es un escritor mexicano, ensayista, cronista, Premio Grijalbo y Colima, autor de ‘Hotel DF’ y más. Es el fundador de la revista y editorial Moho y un colaborador e impulsor de varios proyectos de literatura, que recientemente ha publicado "Fandelli" y gustoso ha aceptado ser entrevistado.

¿Qué importancia tiene o debería tener la literatura en nuestra sociedad para su cambio o mejora?

R.-Los lectores tienen más mundo, más reflejos, no los engañas tan fácilmente. La literatura es un impulso vital para la imaginación:nos abre las puertas del calabozo. Leer ficciones o ensayos, crónicas o cualquier buen relato te torna más ágil, además allí aprendes —como creía E.L. Doctorow— las leyes reales de tu comunidad: la literatura distribuye el sufrimiento: “A través de sus historias el individuo siente que su sufrimiento puede ser compartido por los demás”, afirmaba Doctorow quien era alguien preocupado por su sociedad, pero también existen otros escritores, por ejemplo, que escribieron para acostumbrarse a su soledad (Kafka, Thomas Bernhard o Albert Camus, entre muchos otros). De cualquier manera, el lenguaje escrito crea mundos alternativos, no te permite ser un bulto que solo recibe y se alimenta de imágenes y que es incapaz de pensar o hablar siquiera en su propio nombre. Una comunidad de lectores no tendría los problemas sociales que tenemos en la actualidad: sería más rebelde, inteligente y diversa.

¿Por qué los chicos ya no leen? ¿Cómo fomentarles el hábito?

R.-No sé, tal vez por holgazanes, o porque sus padres ya no leen y no hay libros en su casa, o porque es más sencillo hacerse adictos a la pantalla o a la tableta electrónica. Es sencillo reconocer a un joven cuando ha leído algunos libros, ya que sus opiniones son más meditadas y, sobre todo, menos arbitrarias, fascistas o agresivas. Yo conozco a muchos jóvenes que leen buenas novelas y se interesan por la historia, la ciencia y el ensayo, no porque alguien se los ordene o porque leer sea un acto bueno por naturaleza, sino porque poseen curiosidad y desean extender su conocimiento acerca del mundo que los rodea y contiene. Esa curiosidad es determinante; si no la tienes vivirás como cualquier mamífero, pero si, en cambio, la posees, entonces te convertirás en un ser humano sensible, crítico, contradictorio, singular e incluso más divertido. O no. Cada persona es una isla y yo soy algo reacio a prohibir o a sugerir. No tuve hijos porque quisiera llegar a ser un niño de ochenta años. Pero si tuviera hijos les mostraría —sin imponérselos— las ventajas de la literatura. Seguramente fracasaría, pero lo intentaría. Me pregunto: ¿cómo puede uno perderse a Fante, Roth, Pessoa, Fonseca, Bukowski, Bernhard, Kafka y tantos otros? ¿Es posible? Pues parece que sí, cuando la curiosidad es un cadáver, entonces el ser humano es un muerto en vida, un zombi. Pero yo no soy profesor; y los jóvenes que más me aprecian y aprecio tienen alma de viejos.   

¿Cómo ser un rockstar de las letras en nuestros tiempos (usted tiene muchos followers en Twitter)?

R.-Tengo amigos rockstar reales; pero sus fanáticos y seguidores son un poco predecibles, al menos para mí. Yo creo tener lectores, y algunos curiosos que están atentos a mis escritos. Es verdad que me comporto de una forma inesperada y parezco más bien un artista de rock de la vieja guardia; pero esa es mi vida: la vagancia, las artes, la pobreza, cierta misantropía, el placer, e ir en contra de cualquier dogma. La muerte siempre está sentada en mi mesa. Yo envío algunos mensajes, aforismos, o ganchos al hígado vía twitter, pero no cuento a mis followers. El número no me dice nada. Quien me siga irá directo a un barranco donde todos somos iguales: somos nada. Hasta el recién nacido tiene edad suficiente para visitar la tumba, escribía Voltaire, según recuerdo. Uso las redes a mi manera; a mi ritmo (a veces paso un mes sin ver noticias ni entrar a las redes), porque de lo contrario quedaría atrapado allí como un atún y siguiendo reglas que yo no hice ni imaginé. Yo quiero poner mis propias reglas para medio administrar la escasa vida que me queda, aunque sea para fracasar rotundamente y al final darme cuenta de que la corriente humana termina por arrastrarte y convertirte en un soldado de la rutina. Lo nuevo es aburrido y complaciente porque es lo mismo siempre. Aunque a veces hay sorpresas, y el arte aparece.  


¿Cómo conciliar lo que se dice, en un tweet, por ejemplo, con la realidad sin que forzosamente suene como algo político?

R.- “La realidad está en otra parte”, dijeron primero Bretón, después Milan Kundera en el siglo XX, pero lo único que podemos hacer para creer que existe la realidad es que nuestras acciones le hablen a los demás de nosotros mismos, y que tales acciones no los dañen alevosamente. Es muy difícil ser coherente o un soldado ético. Yo escribí un libro de aforismos que se tituló. “Dios siempre se equivoca” (esa es su única virtud). No es religioso, claro, es más bien impertinente. Fue hace 25 años. Y lo volvería a escribir, aunque fuera en las paredes. Con el tiempo hasta mi cuerpo se ha convertido en un signo de interrogación. Si escribo sobre política es porque tengo ideas al respecto, y porque creo que los políticos en su mayoría y en general son detestables, ni siquiera conocen a su sociedad, sólo lucran con su tragedia. No le hablo a ellos, más bien me dirijo a personas que no conozco, aunque estoy seguro de que se tomarían un trago conmigo y podríamos conversar sin insultarnos, ni pelear por tonterías. Ojalá todos vivieran felizmente y me dejaran en paz: por eso escribo, a veces, sobre política.  

 

Guillermo Fadanelli, escritor mexicano. / Yolanda Guadarrama.

Guillermo Fadanelli, escritor mexicano. / Yolanda Guadarrama.​

 

¿Qué hoyos encuentra en nuestro sistema educativo en relación con el mundo?

R.- Las personas no sólo se educan en la escuela, sino en su casa, en los libros, en las fiestas, conversando con sus amigos, viajando, husmeando en las redes, poniendo en duda todo lo que ven. La educación pública y privada institucional no tendrían por qué enfocarse sólo en la tecnología, sino también en la filosofía, en las humanidades y en fomentar la curiosidad. No enlatar a los estudiantes para venderlos en anaqueles. Tenemos una vida y nos pertenece; cuando uno va a la escuela aprende algunas cosas, o se encuentra ante nuevos conocimientos, pero también ante un orden militar y dirigido. Creo que la educación básica (e incluyo secundaria y preparatoria) falla debido a la pobreza económica e intelectual de los profesores —sobre todo en la educación pública— y a que la televisión, el entretenimiento abusivo y la ausencia de libros y reflexión nos ha atrofiado los sentidos. Un joven de secundaria o preparatoria aprende mucho de la malicia humana leyendo a Mark Twain, Carlos Velázquez, Montaigne, o a John Fante, que sólo yendo a la escuela a que lo conviertan en una paleta. Pero el equilibrio es importante: la escuela y la educación, lo son, pero sólo si el “alumno” (odio esa palabra) se educa a sí mismo también por otros medios. ¿Qué científico titulado ha leído a Paul Feyerabend, Hilary Putnam Thomas Nagel, o Karl Popper? ¿A Philip K. Dick, William Gibson o Satinsalaw Lem?, por citar de memoria a algunos escritores y filósofos que ven la ciencia y la tecnología desde diversas perspectivas. Y esto se extiende a todas las artes. ¿Se han acercado, por ejemplo, a la video danza? ¿Al arte sonoro?

¿Cuál es su definición de Trump y sus posturas en general?

R.-Trump es una anomalía producto de nuestro tiempo y de la miseria intelectual que azota a los Estados Unidos y a la globalización meramente económica. Un fascista que en vez de tender puentes con sus vecinos o crear conversación civil con los demás, insiste en crear muros y obstáculos. Trump es alguien que desea gobernar a la aldea global desde su visión simplista de hombre de negocios “exitoso” y anti humanista. Una lacra. Obtiene sus consignas éticas a partir de una economía salvaje y selectiva. Es un obstáculo para la buena convivencia y el progreso global. El peligro y gran decepción es que la mitad de los votantes en USA lo eligieron. Ellos me dan más temor que él. Ni modo, ¿qué hacemos? Vivimos en el mismo planeta, pero ellos se quedaron en la Guerra Fría, en el fascismo sesentero del sur en Alabama o en Mississippi (es una verdadera lástima que Bernie Sanders haya abandonado el barco de las próximas elecciones). Los votantes en Estados Unidos están gobernados por la industria militar y tecnológica, los emporios de la comunicación y por su analfabetismo. Y dicen ser libres. Estados Unidos fue un país admirable, una utopía, un lugar habitable en sus principios coloniales y en la noción libertaria y hospitalaria que los fundó, desde Roger Williams hasta Abraham Lincoln, Luther King y Kennedy inclusive. Ahora, con ese monigote rosado, esa caricatura abominable, desconfío de la prudencia civil de media población. USA es una especie de manicomio que ha convertido la historia en un Disneylandia y gran parte de sus habitantes han sido lanzados hacia un “futuro” sin pasado (con sus notables excepciones ya sea en California, Nueva York y en algunos estados más). Jean Baudrillard, el filósofo francés, decía que Disneylandia existía para hacernos creer que el resto de USA era real. Tenía razón.  


¿Qué libros recomienda en los tiempos aciagos? (Se vale alguno suyo).

R.—Pregúntale al polvo, de John fante: El lamento de Portnoy, de Philip Roth; La leyenda del santo bebedor, de Joseph Roth. Reloj sin manecillas, de la sureña Carson Mc Cullers; (mexicanas jóvenes, bueno, Desquicios, de Perla Muñoz y Caballo fantasma de Karina Sosa). Todas las anteriores son novelas que puede leer cualquier persona incluso aunque no sea una lectora habitual.  Un libro de filosofía (más difícil): “Filosofía y futuro”, de Richard Rorty. Un ensayo: Convertir la paja en oro, de Morris Berman. Los Ensayos de Michel de Montaigne. Un libro de economía: El horror económico de Vivian Forrester. ¿Algunos míos? Por desgracia he escrito de más. Fandelli; o Lodo (que es la más conocida). O tal vez Educar a los topos; en fin. Ya no necesito ser leído. No malgasten su dinero, o me van a volver más arrogante. No bromeo.   

¿Un consejo para los escritores noveles?

R.-Que lean, lean y lean buenos libros... y cuando se den cuenta de que sus propias obras no son necesarias y aun así quieren continuar escribiendo, pues adelante. Bienvenidos a un mundo sin lectores. Lo bueno es que su vocación será entonces realmente legítima y ampliará su libertad. O se hundirán más; yo no sé. No acostumbro a dar consejos de esta clase. Y si quieren que sea totalmente sincero: paren de escribir, no quiero competencia, ya somos muchos fantasmas. 


¿Una frase de 'Hotel DF' que encierre su cosmogonía?

R.- “Yo soy atómico, Sofía, es todo, soy atómico”.