Giorgio Morandi cuando el silencio y lo pequeño es grande

Giorgio Morandi
Giorgio Morandi

Cuando hoy el arte y el artista se ha convertido en un divo, Morandi nos enseña que lo pequeño puede seer grande, y la discreción excelsa.

Giorgio Morandi cuando el silencio y lo pequeño es grande

Lo poco es grande, lo grande es poco. Cada pincelada una metapincelada, cada color un metacolor, cada gesto-cuadro un planteamiento-enunciado metafísico.

La falta de color, grises y unas cuantas formas-figuras, que denominan bodegones, es lo real irreal o lo irreal imaginario real.

Las cosas son más que cosas, las cosas son metacosas o los entes son metaentes, la representación de las cosas y de las metacosas, sean con palabras o sonidos o imágenes, es una intersección entre la mente individual y colectiva-cultura, la realidad exterior, y la cosa-representación-enunciada.

Buscar el alma-esencia de lo que nos rodea, la fórmula que cuantifique el espíritu humano y la realidad de lo representado.

¿Qué es un ente? ¡Qué es un ente! Qué es un ente o cosa o algo, sea creado por el ser humano, sea natural o de la naturaleza, o sea esa combinación de natural-creado, creado-natural.

Cada cosa y todo, todas las cosas, los humanos le aportan emociones-sentimientos-afectos. Queremos descubrirnos en todo, como un espejo lo de fuera, para que nos diga algo de lo de dentro. Lo de dentro nos diga algo de lo de fuera. En todo ese caminar, muchos seres humanos se pierden fuera de sí, se pierden dentro de sí, se pierden dentro-fuera o fuera-dentro. Lo que llamamos imágenes artísticas y estéticas, solo tienen como finalidad esencial, que se produzca el encuentro correcto entre los paisajes de fuera y los paisajes de dentro, entre las cosas de dentro y las cosas de fuera.

Siempre pintando las mismas cosas, objetos inanimados, porque ellos, en combinación, se crean múltiples combinaciones-permutaciones-recombinaciones, múltiples formas de entender-ser-conocer la realidad. En lo mismo puede estar la infinita e ilimitada variedad de la realidad exterior, de la realidad interior.

No hay que viajar ilimitadas galaxias para conocerse por dentro, no hay que negar viajar ilimitados mundos para conocer mejor los mundos interiores y exteriores. Lo que somos, la plasticidad del cerebro que se atrapa en un árbol con hojas de entidades y cosas y realidades, sean mentales, sean imaginarias, sean reales, sean cosas con átomos de energía, sean átomos de ideas.

Cuando el alma-mente-corazón-carne está atravesada por varias lanzas-flechas-espadas, sin saber cuales y cómo y cuánto, en ese momento lo pequeño de la imagen, puede darte un poco de aire-frescor para continuar en la brecha. En ese momento puede abrirte la imagen-arte-artes sean sonidos-colores-formas, legales y morales, abrirte a la posibilidad de la Metafísica, del Otro-Misterio-Dios. No solo somos carne, o deseamos, no solo ser carne-cerebro-mente, sino creemos poder atisbar que existe el Alma o Principio de Inmortalidad y que existe El Otro-Misterio-Dios.

No pinta la mano, no pintan los colores, no es pintado el papel o lienzo, no pinta la mente-cerebro, pinta el alma. El hondón del alma, nos diría Teresa de Jesús. Ahí está la profunda y esencial pintura, ahí está Chauvet y la Capilla Sixtina, ahí está el gran arte, y ahí está el gran maestro Morandi. Lo demás, puede ser muy realista o figurativo o abstracto o cubista o el estilo o tendencia que desee, pero solo son formas e imágenes sin alma. Da lo mismo el estilo o la tendencia, el gran arte es metaarte, porque es metafísica con formas o colores.

Se tarda una vida, quizás cinco vidas, en entender esto. Pero cuándo lo has entendido y comprendido y asimilado y realizado o intentado construir obras con esos principios, los interlocutores, sean especialistas o expertos o marchantes o galeristas o críticos o coleccionistas, todavía no han entendido-comprendido de que va el arte-artes, sea la que sea. Todavía tienen en su cabeza estructuras de comprensión demasiado anquilosadas, en las academías antiguas o nuevas. No han entendido-comprendido aunque llevan décadas en estos oficios-profesiones-vocaciones lo esencial y lo accidental. Solo tienen la pose de artistas-autores-críticos-marchantes, ahora en la negrura de los vestidos, lamentablemente, en muchos casos, también la negrura de sus corazones.

Sé que pinto-pienso-escribo para el silencio. Que todo se irá destruyendo, pero en ese tiempo-momento, meses-años-lustros-décadas, ha emergido algo, algo en colores o con palabras o con ideas, que iba un poco más allá de lo de acá, más acá de lo de allá. En ese momento se produce ese pequeño milagro del corazón-carne-mente-alma humana. Ese milagro de que en una pequeña pincelada, da lo mismo el estilo y lo mismo el arte, en una pequeña palabra, se produce el encuentro de lo ilimitado con lo limitado.

En ese momento, entiendo-comprendo a Morandi, y quizás, de vivir-existir Morandi, quizás también comprendería-entendería mis papeles pintados. Mi homenaje a Morandi y a los Morandi, pocos que pululan por el mundo de las artes. Quizás, la mayoría en el silencio del metasilencio y del residencio de todos y para todos. La pintura, el arte o artes, si es algo es metafísica, y si no es metafísica, solo son imágenes en colores o en formas o en palabras superficiales, tengan muchos laureles las manos que las hayan hecho o muchas cifras en las subastas. @mundiario

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